U-Boat Argentina

Este blog tiene como objetivo describir hechos históricos. Bajo ningún concepto se tratan temas políticos. La aparición de cualquier imagen o fotografía relacionada a regímenes totalitarios es puramente ilustrativa y relacionada a temas históricos tocados en el sitio.

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Los parientes del Pulqui II

Hace poco leí uno de los libros de memorias de Hans Ulrich Rudel. No se trata del famoso “Piloto de Stukas”, sino de “Entre Alemania y Argentina”. Como todos saben, el as de la Luftwaffe vivió unos años en el país sudamericano.


El I.Ae. Pulqui II fue un proyecto clave de la aviación a reacción argentina. Fue diseñado por Kurt Tank, ingeniero aeronáutico alemán (ex director técnico de Focke-Wulf), junto a su equipo en la Fábrica Militar de Aviones (FMA), en Córdoba. 
El primer vuelo tuvo lugar el 16 de junio de 1950, pilotado por el capitán Edmundo “Pincho” Weiss.
Se construyeron 5 prototipos del Pulqui II. Ninguno llegó a producción en serie, debido a problemas técnicos, accidentes durante las pruebas y, finalmente, al cambio de contexto político tras 1955.Al momento de recordar al famoso caza Pulqui II de desarrollo argentino, Rudel escribió:


Imagen ilustrativa hecha con IA

Luego de ver al Pulqui II, Rudel sintió que le era familiar. En su libro escribió:

“…Entretanto llamó la atención en los círculos especializados de que los cazas soviéticos MiG-15 y MiG-19, que en la guerra de Corea empezaron a hacerse notar cada vez más, mostraban una cierta semejanza con el Pulqui II. Precisamente las características típicas —superficie alar, flecha, envergadura y disposición del timón— coincidían de tal modo que ambas máquinas parecían tener un progenitor común. Y este no permaneció oculto por mucho tiempo. El propio Kurt Tank resolvió el enigma designando al TA-183 como ese progenitor común. Este tipo se remontaba a una idea de Tank, que él ha desarrollado ulteriormente en el Pulqui, y fue diseñado en detalle en su encargo, en los años 1944 a 1945, en Focke-Wulf, por el aerodinamicista e ingeniero jefe Hans Multhopp, que actualmente trabaja en los Estados Unidos. No llegó a entrar en producción, pero la documentación y los planos completos de este TA-183 se encontraban al final de la guerra en el Instituto Alemán de Investigaciones Aeronáuticas en Berlín-Adlershof y muy probablemente cayeron allí en manos de los soviéticos. Multhopp se ha adherido ya a esta opinión. Según él, la única diferencia entre el TA-183 y el nuevo caza MiG reside en el fuselaje algo mayor del avión soviético, condicionado por el empleo de una turbina más grande, con el doble de empuje. Escribe al respecto: «Y los rusos obtuvieron —además de los planos y los protocolos de desarrollo— a un hombre que sabía todo sobre nuestro avión, cuando capturaron al profesor Günther Bock, el jefe de nuestra comisión que adjudicaba los contratos de desarrollo aeronáutico. (Bock ha dado entretanto señales de vida desde la Unión Soviética). En cuanto dispusieron de estos documentos, se saltaron de cinco a diez años de trabajo de investigación y comenzaron allí donde nosotros nos encontrábamos.
Esta relación de parentesco entre el MiG-19 y el Pulqui II fue y es, naturalmente, de gran importancia para la valoración de este último. En este contexto, el profesor Tank constató en alguna ocasión de manera general que las construcciones aeronáuticas militares desarrolladas en Alemania hasta 1945 fueron retomadas y desarrolladas ulteriormente por todas partes después de la guerra. Los planos de construcción formaron una parte esencial de las reparaciones intelectuales que no se acreditaron a Alemania."



La crisis de los torpedos en primera persona

Hace poco tiempo aparecieron en Amazon las memorias en español del gran almirante Erich Raeder, tituladas "Mi vida". No dudé en comprar los dos tomos, ya que hasta el momento solo las había visto en alemán, su idioma de publicación original.

Cada página de la autobiografía es un verdadero documento histórico; desde la Batalla de Jutlandia, donde Raeder fue jefe de Estado de Mayor del legendario escuadrón de cruceros de batalla de Hipper, hasta sus amargas pelear con Hitler ya como líder de la Kriegsmarine, Raeder cuenta con lujo de detalle sus días de protagonismo en las guerras mundiales.  

Me pareció particularmente interesante la descripción que Raeder hizo sobre la crisis de los torpedos. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes sufrieron un desperfecto imperdonable en los detonadores de estos proyectiles, lo que impidió a los submarinos obtener todavía más éxitos en su lucha contra la Marina Mercante británica.

Mi vida de Erich Raeder

La crisis de los torpedos por Erich Raeder, extracto de "Mi Vida":

CAPÍTULO XV LA CRISIS POR FALLO DE LOS TORFEDOS Y SU SOLUCIÓN

Los detalles de la acción de Noruega habían dado ocasión para acreditar excelentes condiciones, tales como espíritu de iniciativa en los mandos, incluso en los más jóvenes, autonomía hasta de las unidades pequeñas y una gran flexibilidad para adaptarse a las necesidades de situaciones inesperadas. Pero por eso mismo se hizo doblemente sensible el hecho de que en aguas noruegas quedó demostrado el fallo de la mayoría de los torpedos disparados por los submarinos que hasta entonces solamente se sospechaba. Frente a las costas noruegas vimos que una porción de magníficas ocasiones se habían escapado de las manos de los comandantes de submarino mejor formados y acreditados por un inexplicable fallo de los torpedos disparados. Perdieron así los sumergibles gran número de blancos de antemano considerados como indefectibles, y en el curso ulterior de la estrategia naval hubo de influir decisivamente el hecho de que tantas y tan importantes unidades enemigas hubieran salido indemnes de nuestros ataques. Porque en ese momento no había duda de que nuestras listas de hundimientos hubieran registrado los de bastantes navíos de línea, acorazados, cruceros y destructores, además de transportes, si los torpedos del arma submarina hubieran estallado.

La evidencia del fallo de los torpedos en los submarinos produjo consternación y alarma, dando lugar a una crisis de confianza y a que inmediatamente se adoptaran enérgicas medidas para subsanar las deficiencias técnicas y dejar los torpedos en condiciones de impecable funcionamiento. Como requisito indispensable para que la actuación de los submarinos no quedase en mero ademán ineficaz, exigía el comandante en jefe del arma el suministro de torpedos en las debidas condiciones, apremiando con toda franqueza y energía para que se hiciese una indagación rigurosa y se dejase de una vez en claro lo que tan brumoso parecía.

En su consecuencia, el 20 de abril de 1940 me resolví a nombrar una comisión especial de torpedos, integrada por personas de reconocida autoridad en las ciencias y en la industria, que se entregaron con el mayor empeño al estudio y esclarecimiento de las anomalías observadas y que se acreditaron de perspicaces. Me vi, además, en el doloroso deber de disponer la formación de un consejo de guerra, que en ciertos casos llegó luego a la imposición de penas. En términos generales habían concurrido a originar el fallo una multiplicidad de imperfecciones y descuidos que se remontaban muy atrás en el tiempo. Defectos que, por ejemplo, quedaron de manifiesto en las pruebas efectuadas en tiempo de paz, no habían sido luego subsanados con el escrupuloso esmero necesario. Y si al principio, cuando el Tratado de Versalles pesaba sobre la defensa alemana con sus limitaciones, hasta cierto punto podían justificarse las improvisaciones por la escasez de recursos y de personal, no podía decirse lo mismo de los años posteriores.

En Eckernförde contaba la Armada con un centro de ensayo de torpedos, en donde trabajaban oficiales y técnicos experimentados. Allí se había conseguido, en una paciente labor acumulada en los largos años de paz, superar las dificultades de la estrechez económica y de la falta de personal e introducir toda una serie de innovaciones de verdadera trascendencia, sobre todo para los submarinos. El más importante de los inventos había sido el torpedo eléctrico sin burbujas, cuyo curso resultaba imperceptible para el enemigo; aparte de que tampoco la partida del proyectil desde el submarino levantaba como antes sospechosas ondulaciones en el agua, delatoras del disparo. Asimismo despertaba grandes esperanzas el dispositivo de encendido del torpedo por efecto magnético, conocido por la denominación de espoleta de encendido a distancia. Con ello se podía disparar el torpedo a mayor profundidad y con mayor seguridad, además de que estallaba con efectos tremendos bajo la quilla de la unidad enemiga.

Poco después del comienzo de la guerra empezaron a nacer dudas sobre la eficacia del dispositivo magnético, por las noticias que del frente llegaban acerca de la inseguridad del autoencendido. Lo que dio lugar a que se retirase del frente hasta nueva orden y volviésemos al procedimiento menos eficaz de disparar los torpedos con espoleta de percusión. En esto sobrevino nuestra acción en Noruega, en la que tuvimos la amarga sorpresa de comprobar el fracaso de la intervención submarina y ver que no sólo fallaba la espoleta, sino que otras funciones del torpedo eran igualmente deficientes y que su curso o deslizamiento profundo no estaba garantizado. Sobraban motivos para la suposición de que la mayoría de los torpedos lanzados con espoleta de percusión no habían hecho blanco por trasponerlo a excesiva profundidad y sin detonar.

La situación era demasiado comprometida para que no recurriésemos a todos los medios de investigación hasta dar con los motivos. Todos los centros y servicios relacionados con el estudio, el diseño, la producción y las pruebas del torpedo, dentro y fuera de la Armada, se pusieron a despejar la incógnita con verdadero ardor. Comprendía cada cual que en la crítica situación en que nos veíamos no cabía recurrir a medidas tímidas, a las medias tintas, sino que había que buscar una salida cuanto antes y sin reparar en medios. A lo que contribuyó muy principalmente la gran energía del comandante en jefe del arma submarina.

El resultado inequívoco de los minuciosos y metódicos reconocimientos y pruebas fue la evidencia de que el torpedo suministrado a los submarinos distaba mucho de reunir las condiciones de seguridad de encendido y trayectoria en profundidad que un arma cualquiera había de tener para ser usada como principal en el frente de guerra. De todo ello se desprendía la necesidad urgente de buscar solución a tres problemas fundamentales: eliminar las causas del fallo, introducir nuevos perfeccionamientos basados en las experiencias de la guerra y asegurar la producción en masa del torpedo perfeccionado. En los tres aspectos había que dar preferencia a las exigencias de la guerra submarina, aun contando con que la sola eliminación de las causas del fallo reclamaba muchos y muy pacientes ensayos.

Una vez conseguida en las industrias de armamentos la declaración de urgencia requerida, se procedió a una sustancial ampliación de medios y de personal. Instituciones universitarias, laboratorios de empresas privadas e instalaciones de la Armada se vieron de pronto reanimadas por la incorporación de nuevo personal técnico, especialmente calificado por su juventud y competencia, que en parte había sido traído de los frentes y que ahora pugnaba en noble rivalidad por alcanzar la solución del problema planteado.

Su esfuerzo no quedó sin recompensa, pues en el año 1942 llegó a disiparse al fin la crisis, al cabo de una larga campaña en la que habían contraído méritos singulares el jefe de inspección de torpedos, vicealmirante Kummetz, y sus principales colaboradores técnicos y militares. En ese momento los torpedos fueron un arma de confianza y no hubo dificultades para fabricarlos en cantidad suficiente. Al mismo tiempo se consiguió introducir modificaciones y perfeccionamientos de ventajosa aplicación, sobre todo contra convoyes. Entre éstos estaban en primer lugar el torpedo de curso en zigzag, que atravesaba varias veces la ruta del convoy hasta dar en el blanco, y el rastreador, que, disparado contra un destructor lanzado al ataque, iba a dar en el blanco guiado por el ruido de la hélice de la unidad enemiga.

El fallo inicial de los torpedos del arma submarina representó un duro golpe para la guerra naval por sus directas consecuencias de frustración y por el efecto psicológico con que repercutía en las tripulaciones de los sumergibles. Con igual franqueza tengo que reconocer, sin embargo, que todos los sectores interesados, como eran el frente, los centros de ensayo, el servicio de armamento, la industria y la ciencia, colaboraron estrechamente en la labor de hacer del torpedo un arma segura y de efectos bastante superiores a los tradicionales, por haberse percatado plenamente de la trascendencia del problema.

¿Por qué las fuerzas aliadas dejaron Berlín a los soviéticos en el final de la Segunda Guerra Mundial?

Hasta nuestros días se ha especulado acerca del motivo que llevó al comandante en jefe aliado, general Eisenhower, a detener el avance de sus tropas en dirección al este, y de esa manera dejar la captura de la capital del Reich a los soviéticos. Montgomery insistió en algunas ocasiones en que podría llegar antes que los rusos, obteniendo siempre la negativa de su jefe. Por otro lado, las teorías conspirativas han hecho su parte, como es habitual, para desviar la verdadera historia del conocimiento popular.

Pero dejemos que el mismo Eisenhower nos cuente, tal como lo hizo en su monumental libro de memorias “Cruzada en Europa”, los valederos motivos que lo llevaros a tomar esta decisión, que por otra parte es consistente con su manera de actuar durante toda la guerra:

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“Un objetivo natural más allá del Ruhr era Berlín. Era política y psicológicamente importante como símbolo del poder alemán restante. Decidí, sin embargo, que no era el objetivo lógico ni el más deseable para las fuerzas de los Aliados Occidentales."

"Cuando nos paramos en el Rin en la última semana de marzo, estábamos a 300 millas de Berlín, con el obstáculo del Elba todavía a millas de distancia de nuestro frente."

"Las fuerzas rusas estaban firmemente establecidas en el Oder con una cabeza de puente en su orilla occidental a sólo treinta millas de Berlín. Nuestra fuerza logística, que incluía la capacidad de entregar a los elementos avanzados unas 2.000 toneladas de suministros por transporte aéreo todos los días, mantendría nuestras puntas de lanza avanzando por toda Alemania. Pero si teníamos que planear un cruce forzado del Elba, con el único propósito de intentar sitiar Berlín, ocurrirían dos cosas. La primera de ellas era que, con toda probabilidad, las fuerzas rusas estarían alrededor de la ciudad mucho antes de que pudiéramos aparecer allí. La segunda era que mantener una fuerza fuerte a tal distancia de nuestras principales bases a lo largo del Rin habría significado la inmovilización práctica de las unidades a lo largo del resto del frente. Esto me pareció más que imprudente; era estúpido. Había varios otros propósitos importantes, más allá del cerco del Ruhr, que debían cumplirse rápidamente."

"Era deseable empujar nuestras puntas de lanza rápidamente a través de Alemania hasta un encuentro con las fuerzas rojas, para así dividir el país y prevenir efectivamente cualquier posibilidad de que las fuerzas alemanas actuaran como una unidad. También era importante apoderarse de la ciudad de Lübeck, en el extremo norte, lo antes posible. Al hacerlo, aislaríamos a todas las tropas alemanas que quedaban en la península danesa, así como a las que todavía estaban en Noruega. Tal avance también nos ganaría los puertos del norte de Alemania a través de la captura de Bremen o Hamburgo, o ambos. Esto volvería a acortar nuestra línea de comunicaciones.”

Teorías conspirativas: Recientemente, un descabellado pero famoso programa de TV ha mencionado que esta decisión de Eisenhower tuvo que ver con que el comandante en jefe tenía la información de que Hitler, en realidad, estaba escondido en su reducto del sur de Alemania y no en su bunker de la capital, y que por eso Ike desvió importantes fuerzas hacia allí y no a Berlín. A propósito de esta delirante teoría, el comandante en jefe continúa recordando en su libro el motivo de tal movimiento:

“Igualmente importante era la conveniencia de penetrar y destruir el llamado ‘Reducto Nacional’. Durante muchas semanas habíamos estado recibiendo informes de que la intención nazi era retirar a la flor y nata de las SS, la Gestapo y otras organizaciones fanáticamente devotas a Hitler, hacia las montañas del sur de Baviera, el oeste de Austria y el norte de Italia. Allí esperaban bloquear los tortuosos pasos de montaña y resistir indefinidamente a los Aliados. Tal fortaleza siempre podría reducirse, por hambre o de otra manera. Pero si a los alemanes se les permitía establecer el reducto, posiblemente nos obligaría a participar en una guerra de guerrillas de larga duración, o en un asedio costoso. Así podía mantener viva su desesperada esperanza de que, a través del desacuerdo entre los Aliados, pudiera obtener términos más favorables que los de la rendición incondicional. La evidencia era clara de que los nazis tenían la intención de hacer el intento y decidí no darle oportunidad de llevarlo a cabo.”

Memorias del almirante William “Bull” Halsey

Las batallas navales más importantes de la Segunda Guerra Mundial se produjeron en el frente del Pacífico. Y entre ellas, sin dudas, las libradas entre los grandes portaaviones de flota de la US Navy y la Armada Imperial japonesa fueron las más espectaculares.

USS Enterprise


Durante la Primera Guerra Mundial, Halsey se destacó como comandante de destructores con base en el Reino Unido.

Bill Halsey fue, desde la aparición de los prineros portaaviones, un oficial adelantado a su tiempo; una vez terminada la gran guerra, vio en estas grandes naves el futuro de las batallas navales decisivas en épocas tan tempranas como la década del 20. Muchos oficiales estaban de acuerdo, pero fue Halsey, tal como narra en sus memorias, quien realizó el curso de piloto de combate de la Marina, pasando los exigentes cursos de bombardeo y caza a pesar de su edad y de su vista deficiente.

SBD dauntless

Hoy sabemos que el 7 de diciembre de 1941, cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor, los portaaviones estadounidenses de la Flota del Pacífico, el objetivo primordial de Nagumo, no estaban en la base. La formación, al mando de Halsey estaba haciendo maniobras y se salvó de su destrucción.

Halsey comandó desde el puente de su buque insignia, el portaaviones USS Enterprise, las primeras acciones ofensivas de EEUU en la guerra. Bombardeó las islas Gilbert y Marshall, y, en abril de 1942, lideró el legendario raid Doolittle sobre Tokio. Fue el “toro” Halsey quien dio la orden de despegar a los B-25 de la cubierta del USS Hornet cuando la flota de ataque fue descubierta por un pequeño barco japonés.

“Bull” Halsey se había ganado su apodo en la prensa por su gran agresividad ante el enemigo y su forma directa y ruda de decir lo que pensaba.

Luego de no poder llegar con su fuerza de tareas a la Batalla del Mar de Coral, Halsey sufrió una de las mayores frustraciones de su carrera: Debido a una grave afección en la piel, producto de 6 meses ininterrumpidos de pie en el puente del Enterprise, debió ser hospitalizado justo cuando se gestaba la batalla aeronaval más importante de la historia, Midway. Spruance y Fletcher lo reemplazaron al frente de los protaaviones y siguieron la agresiva doctrina de Halsey para alcanzar la espectacular victoria.

De regreso al combate, en octubre de 1942, Halsey fue nombrado comandante de Pacífico Sur, y cargó sobre sus espaldas el peso de la gran victoria en Guadalcanal. Atacó con sus portaaviones Bouganvilee y las Islas Salomón, entre otras acciones.

El libro de memorias de Halsey trae a la superficie un odio visceral hacia todo lo que representaba Japón; un desprecio que va más allá del odio hacia un enemigo ocasional. En varios pasajes del libro se extralimita en sus calificaciones, y deja entrever que no tenía reparos a la hora de ametrallar japoneses en el agua que se resistían a ser rescatadas, justificándolo con el riesgo que representaban para los americanos que intentaban salvarlos, o en vistas de que podían reforzar guarniciones remotas si llegaban a tierra.

En mayo de 1944, Bill Halsey se hizo cargo de la famosa Tercera Flota, que hacia el final de la guerra llegó a ser, según sus propias palabras, la formación naval más grande y poderosa de toda la guerra. Fue la enorme Tercera Flota la que participó de las últimas grandes batallas, como la del Golfo de Leyte, donde Halsey y sus pilotos hundieron al acorazado Musashi, y la que entró en la Bahía de Tokio en agosto de 1945.

Este es un libro imprescindible para cualquier fanático de la grandes batallas navales y para quien desee estudiar la guerra en el Pacífico.

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52 millas a vela en las narices de los ingleses

El Kapitänleutnant Ernst Hashagen, comandante de los sumergibles UB-21 y U-62, escribió uno de los clásicos libros de memorias de un comandante de submarinos alemanes en la Gran Guerra. Por su estilo descriptivo y su precisión técnica lo considero uno de los mejores de esa época. En sus memorias abundan las grandes anécdotas que a todos nos gustan, las de grandes hundimientos y épicos combates con destructores ingleses.
Sin embargo, la hazaña más peculiar del libro Hashagen no fue protagonizada por él mismo, sino por el UC-6 (Oblt. Otto Ehrentraut). Estoy hablando de la hazaña de haber regresado de una patrulla en aguas inglesas navegando a vela, casi ante las narices de decenas de cazasubmarinos y buques hostiles.

"Hacia el oeste" (Westwards)
se puede descargas de Amazon
Hashagen relata en su libro, "Hacia el oeste", el episodio de la siguiente manera:
"En una oportunidad, un submarino alemán tuvo que transformarse en una balandra escapar de sus enemigos. El 23 de julio de 1916, el "UC 6" sufrió una avería de la máquina a sólo 17 millas náuticas de la costa este de Inglaterra, no lejos del estuario del Támesis. Era temprano en la mañana y hacía una hora el submarino había pasado junto a un destructor inglés en la oscuridad. En cualquier momento, el enemigo podría reaparecer en algún lugar del horizonte. Así que el comandante dio la orden de “volar” su barco en caso de que hubiera peligro de que cayera en manos del enemigo. ¿Cuál era el plan? En realidad ninguno. El barco estaba muerto, y casi no se podía mover. La ayuda no estaba cerca. Era una situación muy desesperada de la que parecía no haber escapatoria. Entonces, el viento fresco del noroeste golpeó a nuestro submarino y lo hizo alejarse de la costa; así fue que se les ocurrió construir una vela para navegar. Dado que un juego de velas generalmente no formaba parte del equipo de un submarino, la implementación de esta idea inicialmente encontró dificultades, pero la necesidad hizo que la gente tuviera imaginación. Con la ayuda de lonas y todo tipo de lienzos cosidos apresuradamente, se creó una vela que se colocó en el periscopio extendido. Así tal vez podrían moverse algo con un viento fuerte y, por cierto, "farolear" un poco a tus amigos ingleses. Entonces partieron, los hombres del "UC 6", con una sonrisa lúgubre en el rostro bajo ese "mimetismo" y con la voluntad de hierro de no dejarse caer.

El viaje comenzó a dos o tres millas náuticas por hora. De vez en cuando aparecían en el horizonte patrulleros ingleses, afortunadamente no tan cerca como para sentirse obligados a examinar a ese pequeño "velero en mal estado". Luego, el buque faro de Nordhinder pronto apareció a la vista e inmediatamente después un submarino, al que primero se tomó por alemán. Pero cuando se acercó a 1000 metros, el incómodo primo de repente se escondió. Debió haber notado algo y quiso echar un vistazo más de cerca al "velero" bajo el agua. El "UC 6" tenía que desaparecer rápidamente de la escena. La recuperación de la vela de emergencia ya se había practicado con diligencia, por lo que la maniobra de inmersión solo tomó un minuto. Luego, el “UC 6” flotó bajo el agua con la corriente hacia el canal.

Después del anochecer emergieron. El viento se había levantado más y el "UC 6" navegó hacia el sur con "vela completa" durante la noche. Mientras tanto, la niebla se había levantado y así continuó a la mañana siguiente. Bajo su protección, el barco se acercó al faro de Schouwenbank, cuyas señales de niebla sonaron repentinamente. En el mismo momento se avistó otro submarino. Esta vez era un amigo, el "U 19", que estaba a punto de salir volver a su base. Rápidamente se entregó un cable de remolque, y el “UC 6”, remolcado por “U 19”, emprendió la última parte de su viaje hasta la costa de Flandes. Esa misma noche, el barco llegó felizmente a Zeebrugge. La distancia recorrida a vela fue de 52 millas náuticas."





El acorazado japonés Kongo hundido por el submarino USS Sealion

Las hazañas de los sumergibles de la US Navy en el Pacífico, aunque no tienen la prensa de los lobos grises alemanes, fueron notables. En algunos cuestiones técnicas incluso suparaban a los alemanes, como por ejemplo en el uso y perfeccionamiento del radar. En arrojo y valentía sus comandantes estaban al tope de la lista...
A continuación, el relato del hundimiento del enorme acorazado japonés IJN Kongo, de 31.000 toneladas, por el USS Sealion II.

(Extracto de "Sink 'em all) el maravilloso libro del vicealmirante Charles A. Lockwood, comandante de la Fuerza Submarina del Pacífico:

El 2 de noviembre fue un día de letras rojas, porque ese día un submarino americano hundió el acorazado japonés de 31.000 toneladas Kongo, el primer acorazado de la historia hundido por uno de nuestros submarinos. El responsable de esta hazaña fue Sealion II, del comandante Eli T. Reich, de la ciudad de Nueva York.
La noticia nos electrificó. Habíamos recibido informes de hundimientos de acorazados antes, lo que resultó en sobreestimacoines, pero la evidencia en este caso era tan concluyente que no permitía muchas dudas sobre que Eli realmente lo había hecho. El Skate había logrado dos golpes en el Yamato, y el Tunny, dos en el Musashi, pero habían visto a sus objetivos marcharse. Esta vez el Sealion había visto a su víctima hundirse.
Eli Reich había sido oficial en el primer Sealion, bombardeado y hundido en Cavite el 10 de diciembre de 1941. El Sealion había perdido a cuatro hombres muertos y tres heridos, y el Seadragon, tendido al costado, había perdido a un oficial muerto por fragmentos de las bombas que golpearon a su compañero de equipo. El deseo de venganza había vivido por mucho tiempo en el corazón de Eli e hizo varias patrullas exitosas en otros submarinos.
Finalmente, justo cuando alcanzó el rango de comando, el nuevo Sealion II estuvo a punto para el combate. Vino a verme y me preguntó si podría tener el mando de ese barco en particular y me alegré de organizar la asignación. Eli era el tipo de hombre que a todos les gusta ayudar. Llegó a su nuevo barco en un momento en que el comercio enemigo estaba abarrotado en la costa de China y se apresuró a entrar en la lucha.
Durante las tres patrullas en las que tuvo el mando, hundió nueve naves enemigas, para un total de 59.839 toneladas, culminadas por su batalla épica con el grupo de cruceros y acorazados enemigos, en la mañana del 21 de noviembre.

USS Sealion 

El Sealion patrullaba al Este Mar de China, al noroeste de Formosa, cuando su operador de radar tuvo un contacto inusualmente largo, a 44.000 yardas. Esto indicaba un objetivo muy grande, o la existencia de una especie de espejismo en el radar. Tales fenómenos se daban con frecuencia en esas áreas, especialmente en el Mar Amarillo, donde contcactos con un objetivo no mayor a un trozo de basura de buen tamaño fueron reportados a distancias anormales de 60.000 yardas. En esta ocasión particular, sin embargo, el radar del submarino tuvo un rendimiento maravillosamente consistente.
La noche era casi perfecta para hacer un ataque de superficie: cielo nublado, sin luna, el mar en calma y visibilidad de aproximadamente 1.500 yardas; por lo tanto, Eli decidió permanecer en la superficie el mayor tiempo posible. Contra naves equipadas con radar, este plan podría no funcionar. Sin embargo, decidió hacer el intento para conserva la ventaja de su velocidad de superficie y maniobrabilidad.
Para entonces, la fuerza japonesa había sido identificada como de cuatro barcos en columnas: crucero, acorazado, acorazado, crucero, con un destructor en cada proa y uno en la viga de estribor. El Sealion estaba a babor sobre la proa de la formación, la mejor posición posible.
El enemigo se dirigía hacia el noreste a 16 nudos y no zigzagueaba: una omisión fatal ante un submarino equipado con radar. Cuando la distancia se acortó, Reich mantuvo su proa apuntando directamente al destructor más cercano, para presentar el objetivo más pequeño posible, pero, descubriendo que se estaba acercando más de lo que deseaba hizo un círculo completo.
Escogió el primer acorazado como objetivo y configuró a sus torpedos eléctricos a ocho pies de profundidad, por si un destructor se interponía en la linea de fuego. Los japoneses no dieron muestras de preocupación, solo siguieron avanzando hacia el desastre que los esperaba. Reich apenas podía creer su asombrosa buena suerte. Había soñado con tal situación desde ese día desafortunado en diciembre de 1941.
A las 02:56 comenzó a disparar sus seis tubos de proa. Era costumbre en los barcos escribir un nombre en la cabeza de cada torpedo cuando se cargaban en el tubo. Usualmente llevaban los nombres de las esposas de los tripulantes de la sala de torpedos o de las mejores chicas. Algunos, hecho en las fábricas de Sharon, llevaban los nombres del empleado que había vendido la mayoría de los bonos de guerra durante un período determinado. Esa noche, sin embargo, cuatro de los peces de Eli, mientras salían corriendo de los tubos, fueron estampados con los nombres de Foster, O'Connell, Paul y Ogilvie, los hombres que habían muerto en el bombardeo del Sealion I. La rápida venganza estaba en camino.
Reich no perdió tiempo en reminiscencias, sin embargo, pero puso su timón duro a la derecha y giró para disparar los tubos de popa hacia el segundo acorazado. A las 02:59 paró sus motores, para que los remolinos de las hélices no desviaran a sus torpedos y disparó tres tiros desde popa.
Eli dijo que los cuatro minutos necesarios para su primera salva hasta el objetivo pareció interminable. Todo tipo de dudas lo asaltaron ¿Había sido correcta su configuración? ¿Había subestimado al enemigo? ¿La velocidad del blanco era la correcta? De repente, las nubes bajas fueron encendidas por las brillantes llamas de tres explosiones a lo largo del casco del acorazado líder. Un minuto después una violenta explosión y un repentino aumento de las llamas encendieron a su segundo objetivo.
En este momento, el Sealion estaba corriendo a toda mayor velocidad hacia la oscuridad del oeste. Los japoneses no la habían descubierto, y un escolta fue observado en el radar lanzándose hacia el este, donde dejó caer una serie de cargas de profundidad. No fue un contraataque muy elegante.
Mientras tanto, Reich se colocó en paralelo a la formación a 8.000 yardas, y volvió a cargar sus tubos. Encontró para su consternación de que el convoy enemigo había acelerado hasta los 18 nudos a pesar de los golpes que había absorbido. Evidentemente, su configuración de torpedos de ocho no era la mejor, y las explosiones simplemente habían abollado los costados blindados. La próxima vez seguiría las instrucciones del manual.
El aumento de la velocidad introdujo dificultades porque el mar había comenzado a ponerse violento y el viento venía justo de la proa. Incluso con con sus motores funcionando a una sobrecarga del 25 por ciento, podía hacer solo unos 17 nudos. El mar estallaba sobre la proa y se salpicaba sobre el puente. La torre de mando estaba inundada, el agua caía por la escotilla y la sala de máquinas bombeaba vigorosamente para sacar el agua de las sentinas. Desde lo más alto de la euforia, ahora los espíritus habían caído por debajo de cero.
Luego, a las 04:50, llegó una ayuda. La formación enemiga se dividió en dos. El radar mostró tres barcos pesados sosteniendo su rumbo y velocidad mientras un barco pesado —el primer objetivo del Sealion— disminuyó a 11 nudos y cayó a popa con dos destructores como acompañantes. El tercer destructor no se veía por ninguna parte. Esto no era notable porque, como sabemos ahora, estaba en el fondo del Mar de China Oriental, hundido por el torpedo que Reich pensó que había golpeado al segundo acorazado.
Eli inmediatamente decidió atacar a este grupo más lento. A las 05:12, había alcanzado la posición de disparo por delante de su objetivo, redujo la velocidad y giró para un segundo ataque. Unos minutos más tarde su tripulación de rastreo le informó que el objetivo se había detenido, luego, a las 05:24, hubo un trerrible explosión. El cielo quedó brillantemente iluminado. "Fue como una puesta de sol a medianoche", me dijo Reich más tarde.
Lentamente, la pepita del objetivo desapareció para siempre del radar. Este fue el final de Kongo. Los muertos del Sealion habían sido vengados.

Acorazado Kongo


El gran buque alemán de todas las guerras

Por Julio B. Mutti. Prohibida su reproducción sin autorización.

Estamos acostumbrados a escuchas hablar de los grandes y temibles acorazados de Hitler, el Bismarck y el Tirpitz; también de las historias de corsarios solitarios como el Emden o el acorazado de bolsillo Graf Spee, o incluso del Scharnshorst y de otros famosos buques de guerra alemanes del Siglo XX… La realidad es que la mayoría de ellos tienen una mediocre historia bélica en sus haberes; los acorazados apenas pasaron la mayoría de sus días de guerra protegidos en puertos, temerosos de ser hundidos por la abrumadora superioridad naval enemiga. Y los corsarios utilizados contra la guerra mercante raras veces se enfrentaron a unidades de guerra, y cuando lo hicieron poco fue lo que lograron. Apenas hubo algunas acciones esporádicas, como la del Bismarck aniquilando al viejo crucero de batalla HMS Hood en mayo de 1941, que fueron la excepción a la regla…
Resulta llamativo que poco y nada se hable de la historia de los cruceros de batalla alemanes durante la Batalla de Jutlandia, especialmente de la heroica gesta del SMS Derflinger. Recordemos que los cruceros de batalla eran buques de dimensiones y cañones similares a los grandes acorazados, pero menos blindados y más rápidos que los monstruos gigantes de los mares. Este diseño les permitía ir a la cabeza de los escuadrones de la Flota de Alta Mar. Por supuesto que en 1916, los ingleses tenían también a sus escuadrones de cruceros de batalla al mando del almirante Beatty.

SMS Derfflinger
El SMS Derfflinger era un crucero de batalla botado justo al inicio de la Primera Guerra Mundial, de 31.200 toneladas, 29 metros de manga, 210 de eslora, armado con 4 torretas dobles de cañones de 305 mm. y mucho armamento secundario. Alcanzaba en los papeles 27 nudos como los cruceros de batalla de Beatty, pero en realidad hacían 26 y no lo podía sostener por demasiado tiempo, lo que era tal vez la mayor desventaja comparativa.

El Derfflinger estaba tripulado de forma excepcional; su capitán era el Kapitän zur See John Hartog, y su sobresaliente primero oficial de artillería, quien comandaría las cuatro torretas dobles durante la famosa tarde de fines de mayo de 1916, era el Fregattenkapitän Georg von Hase. Más tarde volveremos sobre estos dos oficiales de enorme talla, que antes de las acciones que vamos a mencionar participaron junto a su barco de los famosos bombardeos de las costas británicas y de la Batalla de Dogger Bank.
Todos sabemos que la tarde del 31 de mayo de 1916 se produjo la batalla naval más importante de todos los tiempos, el choque de titanes que el mundo estaba esperando en ese momento; toneladas de acero se encontraron, casi por casualidad, frente a frente, por primera y única vez en la historia, en el Skagerrak, cerca de las costas de Dinamarca: La Battalla de Jutlandia. Se enfrentaban la Gran Flota británica, al mando del almirante Jellicoe, con los cruceros de batalla en vanguardia al mando de Beatty, y por otro lado la Flota de Alta Mar del Káiser, al mando del almirante Scheer, con la escuadra de cruceros de batalla bajo el comando del almirante Hipper. Por primera y única vez en su historia, luego de 20 años de desarrollo y construcciones de grandes naves, los alemanes estaban en condiciones de preocupar seriamente a los ingleses por su potencia naval.

SMS Derfflinger
La escuadra Alemana estaba conformada por 5 grandes cruceros de batalla. La línea era liderada por el Lützow, buque insignia del almirante Hipper, seguido por el Derfflinger, el Moltke, el Von der Tann y el Seydlitz. Los ingleses, por su parte, eran liderados por el Lion donde ondeaba la bandera del almirante Beatty; se trataba del Primero y Segundo escuadrones de cruceros de batalla, un total de 6 modernas y temibles naves (el Quinto escuadrón se había desviado en otra dirección.

Von Hase escribió: “El horizonte frente a nosotros se despejó de humo, y ahora pudimos distinguir algunos cruceros ligeros ingleses que también habían girado. De repente, mi periscopio reveló algunos barcos grandes. Monstruos negros; seis gigantes altos y de vigas anchas que humeaban en dos columnas. Todavía estaban lejos, pero aparecieron claramente en el horizonte, e incluso a esa gran distancia parecían poderosos, masivos.” (…) “…podía reconocerlos como los seis cruceros de batalla enemigos más modernos. Seis cruceros de batalla se oponían a nuestros cinco; entrábamos en la batalla con fuerzas casi iguales. Fue un espectáculo estimulante y majestuoso cuando los gigantes de color gris oscuro se acercaron como el destino mismo.”

El libro de von Hase
sobre Jutandia. Descargar
Lo que siguió fue el Crepúsculo de los Dioses, toneladas de acero y explosivos volando en ambas direcciones, con una masividad y una concentración nunca vista. Y fueron los alemanes, los de menor tradición marinera, inferiores en números, tecnología de control de fuego, velocidad y calibre, los que golpearon de muerte a sus oponente primero. Lo lograron gracias a su sobresaliente marinería y oficialidad y a las mejores medidas de seguridad en sus torretas y depósitos de cordita. “Al Derfflinger le tocó el segundo barco de la línea, que identifiqué como de la clase Queen Mary. Era el Princess Royal, el barco hermano del Queen Mary.”
Ambos bandos recibieron impactos, pero el Von der Tann hizo estallar por el aire al HMS Indefatigable. “El Indefatigable se enfrentó a nuestro barco de retaguardia, el Von der Tann, y fue hundido por una excelente puntería. El director exitoso del tiroteo en el Von der Tann fue el primer oficial de artillería de ese barco, el comandante Mahrholz.” Recordó von Hase en su libro.

Primera víctima
A las 6:17 p.m. el Derfflinger, luego de recibir algunos impactos, volvió a disparar sobre el segundo crucero de batalla de la izquierda; pero esta vez no era el Princess Royal. Era el Queen Mary, el tercer barco de la línea enemiga. Esto se debió al hecho de que el buque insignia del almirante Beatty, el Lion, bajo el fuego del Lützow, se había vista obligado a salir de la línea porque la torre de mando había quedado fuera de servicio. Beatty debió transferir su bandera al Princess Royal. Y así, el Queen Mary y el Derfflinger lucharon en un duelo de artillería regular en medio de una acción entre destructores que se libraba en medio de ellos. Pero el pobre Queen Mary lo estaba pasando mal. Además del Derfflinger, el Seydlitz lo estaba atacando: “Desde las 6.24 p.m. cada una de nuestras salvas se había colocado a horcajadas sobre el enemigo. Cuando la salva que se disparó a las 6h. 26m. cayó, fuertes explosiones ya habían comenzado en el Queen Mary. En primer lugar, una llama roja intensa se disparó desde su parte delantera. Luego vino una explosión hacia proa que fue seguida por una explosión mucho más fuerte en el medio del barco, los escombros negros del barco volaron por el aire e inmediatamente después todo el barco estalló con una terrible explosión.” Así el SMS Derfflinger liquidó en pocos minutos al formidable HMS Queen Mary, un moderno crucero de batalla de casi 32.000 toneladas y armado con cañones más poderosos que los suyos, de 343 mm.

HMS Queen Mary
A la cabeza de la escuadra de cruceros de batalla
Todo cambió cerca de las 19 horas cuando aparecieron en escena los grandes acorazados británicos al mando de Sir John Jellicoe. En ese momento los cruceros de batalla casi cesaron de combatir, ente el humo y la confusión de las escaramuzas de destructores y cruceros ligeros. Poco después también llegaron los grandes acorazados alemanes al mando del almirante Scheer.

Von Hase recordó esta fase de la batalla de la siguiente forma: “A las 20:15 horas nos encontramos bajo un intenso fuego. Destellaba por todos lados. Solo pudimos distinguir los cascos de los barcos individualmente, pero hasta donde podía ver en el horizonte, los barcos enemigos estaban a nuestro alrededor. Como no pude distinguir ni el final ni el comienzo de la línea enemiga, no pude conectar al segundo barco de la derecha, pero seleccioné el que podía ver mejor. Y comenzó una lucha terrible… El estruendo de la batalla alcanzó el clímax. Ahora sabíamos perfectamente claro que nos enfrentábamos a toda la Flota inglesa. Podía ver por su gigantesco casco que me estaba enfrentado a un gigantesco acorazado.”
Diez minutos después, el Lützow, donde iba el almirante Hipper quedó casi fuera de combate al recibir varias salvas pesadas de acorazados. Mientras el comandante de los cruceros pasaba a un destructor para dirigirse a otro buque, el gallardo Derfflinger y su capitán pasaron a liderar el escuadrón y a dirigir a los bravos cruceros de batalla del Káiser. Esa situación se mantendría durante el clímax de la batalla, hasta que finalmente Hipper pudo abordar el Moltke. Por lo tanto, varios proyectiles pesados atravesaron a la nave con una fuerza tremenda y explotaron con un tremendo rugido, que sacudió cada costura y remache. Era un tiroteo bastante pesado y desigual. Pero el Derfflinger aguantó demostrando su increíble robustez.

Segunda víctima
En ese momento la niebla se abrió frente al Derfflinger y von Hase pudo ver claramente a un gran acorazado frente a él. De inmediato dirigió sus cañones pesados hacia el objetivo y abrió fuego. Estaba a apenas 9.000 metros. A las 8:31 p.m. el Derfflinger disparó su última salva contra este barco, y luego, sucedió el mismo espantoso espectáculo que ya habían presenciado en el caso del Queen Mary… el enorme barco explotó en millones de pedazos. El 13 de junio de 1916, The Times, citando una carta del hermano del difunto teniente Charles Fisher publicó: “Supimos del comandante Dannreuther, el único oficial superviviente de HMS Invencible, que un proyectil cayó en el polvorín. Hubo una gran explosión y cuando Dannreuther recobró el conocimiento se encontraba en el agua. El barco y la tripulación habían desaparecido.”
El HMS Invencible estalla por las
salvas del Derfflinger
El increíble Derfflinger se había cobrado su segunda víctima, y en este caso era otro gran crucero de batalla del Tercer escuadrón, el HMS Invencible, que no era de los más modernos pero superaba al buque alemán levemente en el calibre de los cañones. En un principio von Hase lo había confundido con un acorazado.

Carrera hacia la muerte
Para ese entonces, el almirante Scheer se había dado cuenta de que los británicos, gracias a la velocidad de sus cruceros de batalla y a la habilidad de Jellicoe, habían logrado realizar una maniobra envolvente que colocó a todo la Flota de Alta Mar alemana en una posición estratégica muy desfavorable. Para salir de esto, Scheer dio a sus cruceros de batalla, ahora liderados por el Derfflinger, una orden casi suicida. Debían cargar a toda velocidad contra la Flota Inglesa para permitir el escape de los grandes acorazados de línea germanos.
Hartog no dudó un instante en cumplir la orden de su oficial superior. Así, con el Derfllinger a la cabeza, los bravos barcos del Káiser viraron en busca de su destino. Una granizada impresionante de acero y explosivo les llovió encima, pero no claudicaron y gallardamente mantuvieron el rumbo. “Sin mover un párpado, el capitán dio la orden: “Adelante a toda velocidad. Rumbo SE” Seguidos por el Seydlitz, el Moltke y el Von der Tann, cambiamos de rumbo hacia el sur a las 9:15 pm y nos dirigimos directamente hacia la línea enemiga. El Derfflinger, como buque líder, cayó bajo un fuego particularmente letal.” 

El castigo recibido por el crucero de batalla alemán, que ya había aniquilado a dos grandes barcos ingleses, fue infernal ¡Eran salvas de 380 mm. de los grandes acorazados! Sus dos torretas de popa  de 305 mm. quedaron totalmente fuera de combate, lanzando grandes chorros de fuego de veinte metros de altura por los aires. Por momentos solo la torreta “Anton”, la de más a proa, pudo continuar funcionando, y lo hizo durante bastante tiempo de forma independiente, es decir utilizando sus propios telémetros y sin recibir información de control de tiro. Fue durante este momento que la tripulación de control de daños del Derfflinger mostró un valor y una preparación que alcanzó niveles extraordinarios, casi impensados. Incluso la torre blindada donde von Hase dirigía sus cañones fue golpeada dos veces, aunque el formidable blindaje germano, superior al británico, salvó la vida de los oficiales y al mismo barco.
Contra los propios pronósticos, los cuatro cruceros de batalla lograron sobrevivir muy maltrechos y con muchos muertos a su “carrera suicida”. Varios ataques de destructores alemanes, muy bien comandados y la inesperada aparición de los rezagados, viejos y lentos acorazados alemanes del Tercer Escuadrón, que los ingleses tomaron por barcos más modernos y poderosos entra la penumbra, terminaron de salvar a los valientes cruceros de von Hipper.
Hartog y von Hase escribieron esa tarde y esa noche tal vez la más heroica página de la historia naval alemana. Regresaron malheridos a Kiel, pero orgullosos del bravo Derfflinger, de su tripulación y de la gran victoria táctica que habían conseguido, una victoria que estratégicamente de poco serviría para el dominio de los mares que la Flota inglesa siguió ejerciendo hasta el final de la guerra.

El poderoso Derfflinger yace hoy hundido desde 1919 en la base escocesa de Scapa Flow, ehcado a pique silenciosamente por el vencedor despues de la guerra; sin embargo, su gallardía y gloria no han desaparecido de los anales de la historia.

Daños en las torretas del Derfflinger

Daño en cubierta






El día que Rommel dio un ultimátum a Hitler

"Invasión 1944", escrito por el teniente general Hans Speidel, jede de Estado Mayor del Grupo de Ejércitos B del Frente Occidental, que era comandado por el mariscal de capo Erwin Rommel, es un libro fundamental para cualquier biblioteca de la Segunda Guerra Mundial.

Es un relato de primera mano del lado alemán sobre la preparación del Muro del Atlántico, la invasión de Normandía de junio de 1944 y la activa participación de Rommel en el atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944 que le terminaría constando la vida.

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Así cómo Desmond Young logró plasmar todo el genio militar del "zorro del desierto", Speidel logró dar testimonio para la posteridad de un hombre de enorme valetía, valores, y dispuesto a arriesgarlo todo para salvar a Alemania de la locura de Hitler, aún jamás dejando de cumplir con su deber en el frente de batalla.


La valentía de Rommel, que casi no tuvieron el resto de sus mariscales o generales, puede plasmarse en el ultimátum que le envió a mismísimo Führer desde el Frente Occidental, justo antes del atentado. 

El memorándum era aproximadamente:

"La situación en Normandía se vuelve más difícil día a día. Se avecina una grave crisis. Nuestras pérdidas son tan altas, debido al extraordinario peso de las armas arrojadas por el enemigo, particularmente en artillería y blindaje, y al efecto de su supremacía aérea, que la fuerza de combate de nuestras divisiones está disminuyendo rápidamente. Los reemplazos son escasos y las dificultades de transporte les impiden llegar al frente durante semanas. Solo ha habido 6.000 reemplazos en comparación con las pérdidas de 97.000 hombres, de los cuales 2.360 eran oficiales (28 generales y 354 oficiales de campo). Eso es un promedio de 2.500 a 3.000 bajas por día. Las pérdidas en equipos han sido altísimas y no se ha podido reponer más que una pequeña parte. Se han destruido 225 tanques y hasta ahora solo se han recibido 7 reemplazos. Las divisiones recién llegadas no han sido probadas en batalla y carecen de artillería, armas perforantes y caza tanques de corto alcance para resistir fuertes ataques después de horas de bombardeos de artillería y aéreos. Incluso las tropas más valientes son derrotadas poco a poco cuando el peso del material les agobia."

"La situación del suministro se ve tan complicada por el sistema ferroviario destruido y el bombardeo de carreteras hasta 100 millas detrás del frente que solo se pueden traer las provisiones más vitales. La munición de artillería y mortero tiene que usarse con el mayor cuidado".

"No hay refuerzos de importancia que se puedan llevar al frente de Normandía. Día tras día, nuevas fuerzas desembarcan en el lado enemigo y traen masas de material de guerra. Nuestras fuerzas aéreas no perturban las líneas de suministro enemigas. El enemigo está aumentando su presión."

"Por lo tanto, debe esperarse que los aliados logren en poco tiempo, de catorce días a tres semanas, romper nuestro delgado frente, particularmente el frente del 7 Ejército, y avanzar hacia el interior de Francia. Las consecuencias serán inconmensurables."

"Las tropas luchan heroicamente en todas partes, pero la lucha desigual se acerca a su fin".

El mariscal de campo terminó con una frase escrita con su propia mano:

"Debo rogarle que saque las conclusiones políticas sin demora. Creo que es mi deber, como comandante en jefe del Grupo de Ejércitos, dejar esto claro. Rommel. Mariscal de campo".



La punta de lanza de las Waffen SS

Como siempre que leo algún libro que me ha gustado más que el promedio, voy a escribir unas breves línea al respecto.

En este caso se trata de “Granaderos”, las memorias de “Panzermeyer”, el multicondecorado general de las Waffen SS Kurt Meter.

Como libro de memorias es de por sí ya muy bueno: descriptivo, entretenido, esclarecedor y muy detallado desde el punto de vista militar, y no por ello aburrido.

Lo que me más me ha gustado, y lo que más me ha enseñado respecto a las fuerzas acorazadas alemanas de la Segunda Guerra Mundial, es la variedad y el funcionamiento en el campo de los diferentes tipos de batallones y compañias que tenían las divisiones Panzer SS.

¡Vamos! No es que no supiera sobre la conformación de las diferentes unidades de una división, sino que leyendo este libro uno aprende realmente como operaba en la batalla un batallón de reconocimiento de Panzergrenadiere, la punta de lanza de las divisiones acorazadas de las Waffen SS.

Pone los pelos de punta leer como estos hombres corajudos, montados en sus motocicletas BMW, penetraban kilómetros en territorio enemigo, a punta de pistola y a pura velocidad, recibiendo fuego desde ambos lados del camino, con el objetivo de tomar puentes por sorpresa, asaltar barricadas, desintegrar columnas enemigas en retirada o simplemente acelerar el avance a toda velocidad con el motor como arma principal.

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Kurt Meyer fue un oficial brillante del Leibstandarte. Combatió en casi todos los frentes de combate: Polonia, los Balcanes, Grecia, Rusia y Francia. El libro narra todas sus campañas. Excepto en Polonia, donde mandó contra su voluntad a una compañía de Panzerjager, siempre lideró un batallón o un regimiento avanzado de reconocimiento. Sus Kradchutzen (motociclistas granaderos) eran inigualables.

Durante la invasión de Normandía, ya en la 12 División acorazada Hitlerjugend, donde mandaba un regimiento, debió hacerse cargo de la división ante la muerte del general Witt.

Su encarcelamiento y su condena a muerte luego de la guerra (luego conmutada) despertaron las más enérgicas protestas, no de los derrotados alemanes, sino de los mismos oficiales canadienses que habían combatido en su contra durante la invasión. Meyer había sido un oficial respetado no solo por sus granaderos, sino también por sus vencedores.

 

Herbert Werner y su plan de huir en submarino a la Argentina

Herbert Werner fue un destacado oficial de la fuerza de sumergibles alemana en la Segunda Guerra Mundial. Se destacó como oficial de guardia en los submarinos U-557, U-612 y U-230. A partir de 1944 comandó sus propios botes, el U-415 y el U-953. Obtuvo las Cruces de Hierro de primera y segunda clase.

Werner

Werner tomó mucha fama luego de la guerra, ya que su libro de memorias, excelentemente narrado, tuvo una gran éxito entre los amantes de los lobos grises. "Ataúdes de acero", publicado en los años setenta, es sin dudas uno de los libros fundamentales sobre la guerra submarina. 

Sobre el final del libro, Werner describe las muy bien el ambiente de desesperación que comenzó a reinar entre los jóvenes oficiales de la Ubootewaffe en los días finales de la guerra. Como Otto Wermuth y Heinz Schaffer (U-530 y U-977 rendidos en Mar del Plata), y tal vez algún otro, Werner tenía un plan de huida a la Argentina que estuvo a pocas horas de ejecutar...

No había oro o jerarcas en huida. Había chicos deseosos de escapar de la tragedia, con el instrumento adecuado para ejecutar el plan de escape amarrado en un bunker. Además, resulta evidente, gracias a este relato, que los alemanes contaban con las cartas náuticas de las costas cercanas al Río de la Plata en sus bases de Noruega.

A continuación un extracto de las memorias de Werner, que cuentan esta historia:


    …Con súbita y terrible claridad, veía ahora que la guerra estaba perdida; aceptaba lo que veía e imaginaba que todos terminaríamos en un inmenso campo de prisioneros a merced de nuestros despiadados enemigos. Seríamos ultrajados y sometidos a un trato brutal y no habría forma de escapar excepto muriéndose de hambre. 

    Empero, había una forma de escapar al horror que nos envolvería, un camino para evitar la intolerable humillación. Allí, en el muelle, estaba mi barco. Cuando estuviera completamente equipado lo llevaría a América del Sur, a Uruguay, o tal vez a la Argentina. Súbitamente, escapar con el barco me pareció el único medio para sobrevivir a la catástrofe. ¡Qué afortunado que era al haber podido conservarlo para esa última tarea!

    Instantáneamente puse ese irresistible impulso en práctica y empecé a hacer planes. Envié a Hennecke en busca de las cartas necesarias sin comunicarle mis intenciones. Días enteros permanecí en mí habitación, inclinado sobre los mapas y estudiando rutas de escape. Sopesé y calculé mis posibilidades de llegar al Río de la Plata. Planeé reducir la tripulación a un esqueleto y llevar solamente a hombres seguros, de confianza y solteros, para reducir así el peligro de ser traicionado. Sabía que podía contar con la mayoría de mis tripulantes, pero no me sentía seguro sobre la inclusión de mis oficiales. El jefe había sido trasladado y uno nuevo, no familiarizado con la tripulación, sería una pesada carga. Lo mismo valía para el primer oficial y el alférez, ambos demasiado jóvenes para comprender la situación. En mi mente, elegí los pocos hombres claves que incluiría en mi conspiración. No más de unos pocos, porque estaba jugando un juego muy peligroso. No sólo estaría desafiando a la autoridad naval, sino a un fuerte grupo de fanáticos que abogaban por convertir a Noruega en una fortaleza y empezar una guerra propia en pos de alguna oscura victoria.


U-953

    El 7 de mayo fue un día en que la histeria reinó suprema sobre todos nosotros. Los noruegos celebraban ruidosamente su liberación. Tres marineros nuestros, que fueron encontrados borrachos en compañía de noruegos, fueron encadenados por Juergensen, el oficial comandante, quien planeó sombriamente una corte marcial como advertencia. Y finalmente, pero no por ello menos importante, los británicos desembarcaron en Kristiansand, despertando especulaciones sobre una captura inminente de nuestro recinto. En medio de ese ambiente nervioso, convencí a mi buen amigo Fred Schreiber que escapara conmigo a América del Sur. 

    Con renuencia, aceptó mi plan. Huiríamos con su nuevo y pequeño submarino y sus hombres; haríamos con schnorkel todo el trayecto hasta Trondheim, donde mi U-953, más grande, seguía esperando, y en él viajaríamos a la Argentina con una tripulación seleccionada. 

    (…) 

    Esa noche, cuando estábamos por poner en práctica nuestro plan, se ordenó a todo el mundo en la base que se presentara en el taller de reparaciones para un «espectáculo» preparado por el Kapitaen Juergensen y sus ayudantes. Fred y yo retrocedimos horrorizados cuando entramos en la plazoleta débilmente iluminada donde las tripulaciones de los submarinos habían formado una herradura humana frente a la blanca pared del taller. 

    Allí, suspendidos de un patíbulo improvisado, había tres grandes lazos corredizos. Abajo había una gran mesa, con tres altos banquillos alineados encima. Frente a la horca había un tosco banco, cubierto con una enorme bandera naval de guerra. Una linterna marina, ubicada sobre el paño rojo, lanzaba una luz fantasmal sobre un sable naval y un ejemplar de Mein Kampf, el libro de Hitler. Un pelotón de infantes de marina armados se ubicó detrás del escenario. Los oficiales de la base se movían de un lado a otro. El Leutnant Lange, joven Adjudant de Juergensen, gritaba órdenes frenéticas. 

    Mientras la multitud se revolvía inquieta, Juergensen empezó a hablar: 

    —Soldados, os he llamado para demostraros como evitaremos otro 1918. Daré un ejemplo con estos tres desertores… un ejemplo que infundirá miedo en los corazones de todos los que alienten tendencias revolucionarias. Protegeremos y alimentaremos los ideales que nos fueron infundidos por nuestro martirizado Führer. ¡Guardias, traed a esos hombres ante la justicia! 

    Lo que siguió fue una perfecta pesadilla hecha realidad. Los cautivos, con las manos atadas a la espalda, fueron traídos a la plaza. Momentáneamente quedaron paralizados por la vista de las horcas, pero en seguida se liberaron y empezaron a correr. Lange disparó repetidamente contra un hombre por la espalda. (…) 

    Mucho después de medianoche, dos suboficiales me ayudaron a meter los cadáveres en un bote de remos. Les aseguramos grandes pesos en cuellos y pies y remamos hasta el centro del fiordo. Tres zambullidas, y los marineros muertos recibieron por lo menos una sepultura de marinos. 

    La ejecución modificó completamente la decisión de Fred de zarpar esa noche… o cualquier otra noche…

    Los días siguientes el recinto permaneció en las garras de una calma mortal; la mayoría de los hombres estaban atónitos y enfermos de culpa por el asesinato organizado. La tragedia acabó con mis últimas y vacilantes esperanzas: cuando alemanes mataban a alemanes sin parpadear, no podía haber futuro para mí en mi patria ni misericordia en manos de los conquistadores. Sin embargo, con sorpresa de mi parte, los británicos ignoraron nuestros submarinos en la base y nada hicieron contra otros submarinos que cumplieron con la orden de entrar en el puerto inglés más cercano enarbolando una bandera negra en el periscopio extendido. Y mis temores se disiparon aún más cuando tuve mi primer contacto con un oficial británico.

Greyhound ¡Rescatando al soldado Tom Hanks!

Como todos los amantes de los submarinos alemanes y de las buenas historias de la Segunda Guerra Mundial, esperé con gran expectativa el estreno de la película Greyhound, protagonizada por Tom Hanks. Luego de leer algunas de las primeras críticas sobre ella, sinceramente temí que realmente se tratara de una mala película.

En la imagen promocional se ve un U-boot con Snorchel, lo que no existía en 1942
El Snorchell que se ve
en la imagen es un error
para 1942

Para quien no lo sepa, Greyhaund sigue casi al pie de la letra la historia del libro en la que está basada, “El buen pastor”, del prolífico C.S. Forester (1955). Recomiendo muy especialmente leer el libro, ya que acentúa las cosas buenas de la película y hace desaparecer las no tan buenas. (CLICK aquí)

Greyhound puede ser una mala película, como muchos afirman, pero en líneas generales es una muy buena representación de la Batalla del Atlántico, especialmente de la cruel lucha en los convoyes producida en el año 1942, el primero de EE.UU. en la guerra.

Especialmente quiero destacar la muy buena representación del estado de casi desprotección en que los grandes y valiosos convoyes se lanzaban a cruzar el Atlántico en 1942. Iban apenas protegidos por insuficientes destructores y corbetas antiguas, con tripulaciones inexpertas y sin cubierta aérea en gran parte del trayecto.

Las escenas dramáticas de ataques nocturnos en superficie, por parte de los submarinos, están bien representadas, ya que esa era la modalidad preponderante en ese año a pesar de la introducción del radar.

Tanto los destructores como los submarinos hacen en la película maniobras y ataques “esperables”, lo que no es poco, ya que en películas más valoradas por el público, como U-571, los sumergibles realizan acciones imposibles para esa época.

Los ataques con cargas de profundad, con sus patrones (de 3 y 4), están muy bien representados, lo mismo que la carga simple cuando solo les quedan 6 tambores.

La búsqueda de pruebas de éxito, como el combustible en superficie, es típica de la época y necesaria para poder acreditarse un hundimiento. El radar y el sonar están muy bien logrados, con sus defectos e interferencias típicos de 1942, lo mismo que los cursos y distancias de los objetivos. Al comienzo de la película creo que exageración en los nudos del destructor, cosa que no pasa en el libro. 

El primer combate de día en superficie es muy real, y aparece el submarino accionando las armas de cubierta. Lo único que le criticaría a esta escena es que ninguno de los dos destructores, al encontrar de repente al sumergible en superficie, que sale debido a una avería luego del ataque de cargas, haya intentado embestirlo, lo que era una modalidad de ataque casi habitual en estos casos de contacto cercano.

Insignias exageradas en las imágenes por ordenador

Pero también hay cuestiones mal representadas o logradas, y no me refiero a las torretas de los submarinos exageradamente decoradas o a su pintura casi perfecta luego de semanas en el mar. En este sentido, lo que más me molestó de la película fue la ausencia de tripulantes alemanes en el puente cada vez que un submarino salía a la superficie. De hecho, en la realidad, cada vez que un lobo gris salía a superficie, apenas la torreta asomaba sobre el agua un oficial, generalmente el comandante, estaba abriendo la escotilla y saliendo afuera. El submarino quedaría totalmente ciego de otra forma, y también sordo, ya que al arrancar los diesel quedaban casi inutilizados los dispositivos de audio. En la escena de la primera media hora, donde el Greyhound persigue un U-boot en superficie a través del convoy, es increíble que el submarino dispare torpedos en superficie con el puente vacío.  Es como si el director quisiera transformar a los submarinos en aparatos deshumanizados.

El alemán hablando en el circuito del TBS es otro despropósito.

El combate del final de la película, que no existe en el libro y es un agregado total del director, casi que arruina muchas de las cosas buenas que dijimos hasta acá. En primer lugar, era muy extraño que un submarino desperdiciara siquiera un torpedo en un destructor de escolta.  El bajo calado, los escasos torpedos, y la dificultas de atacar a una nave rápida y maniobrable eran determinantes. Si no estaba estacionado o iba recto a una velocidad muy baja era un caso perdido. Además, jamás un sumergible alemán hubiera dirigido un ataque deliberado a un escolta por su propia decisión: su objetivo eran los mercantes, y escapar de las escoltas. Si se daba era por una cuestión casi de casualidad.

Imagino que los polacos no estarán muy contentos de que le hayan cambiado las nacionalidad al "Viktor". Al Greyhound solo le cambiaron el nombre (USS Keeling) con respecto al libro. Pero de todas formas este tampoco existió en la vida real.

Trailer: