U-Boat Argentina

Este es un Blog que tiene como objetivo describir hechos históricos. Bajo ningún concepto se tratan temas políticos. Algunos contenidos son generados por su autor, otros, debidamente referenciados, son opiniones de terceras personas. La aparición de cualquier imagen o fotografía relacionada a dictaduras o temas sensibles es puramente figurativa y relacionada a temas históricos tocados en el sitio.

En el ojo del huracán. Próximamente

Estimados amigos y lectores. Durante las próximas semanas estará saliendo a la venta "En el ojo del huracán"; misión en Berlín del embajador argentino Eduardo Labougle Carranza (1932-1939). Un nuevo libro que tendré el placer de publicar a través de Olmo Ediciones. Comparto con ustedes la sinopsis de la obra.

Sinopsis: El Dr. Eduardo Labougle fue ministro plenipotenciario y embajador argentino ante Alemania entre 1932 y 1939, un breve período de tiempo en que la historia del mundo cambió para siempre, especialmente por los hechos que comenzaron a desencadenarse en el Reich casi desde su arribo. Se trató de la segunda vez que el diplomático de dilatada carrera era destinado a Berlín. Sin embargo, y aunque contaba con una gran experiencia en asuntos germanos y una enorme cantidad de contactos de alta sociedad, nada lo preparó para lo que iba a vivir durante aquellos siete agitados años: los entretelones del ascenso de los nazis al poder, la noche de los cuchillos largos, el boicot a los judíos, el rearme de la Alemania nazi, la muerte de Hindenburg, la anexión del Sarre, el Anschluss, la crisis de los Sudetes, las deportaciones y todos aquellos recordados eventos que llevaron al mundo a la conflagración más grande y sangrienta de la historia.

No obstante, Labougle no fue apenas un testigo silencioso que veía pasar la tormenta desde el cobijo de su embajada. Las páginas de esta extensa investigación revelarán el importante rol muchas veces jugado por este encumbrado diplomático en aquellos eventos; hombre de consulta de ambos bandos en pugna y de una importancia sobresaliente en los salones más suntuosos de la capital del Reich.

Boceto de tapa
del manuscrito original
Los extensos informes enviados por Labougle desde Berlín, que hoy descansan en el Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, cuentan historias fantásticas y narran detalles inimaginados. De una clarividencia propia de la de un estadista, nos dan también una idea cabal de la real trascendencia que el representante argentino tuvo durante esos atormentados años. Su posición fue lo suficientemente importante como para ser recibido en privado por Hitler y Göring en persona.

A pesar de la distancia, una de las principales preocupaciones de Labougle fue el avance de los nazis en la Argentina. Denunció la penetración en las escuelas y el envío de maestros destinados a propagar los ideales de Hitler. Siempre bien informado, se dedicó especialmente a combatir el derecho que los nazis creyeron tener de educar a sus hijos nacidos en la Argentina bajo las normas y costumbres nacional-socialistas; reclamos que, muchas veces, llevó en persona hasta los más ponderados personajes del Tercer Reich.


Librería Goethe en 1941

Hoy les traigo una fotografía de la librería "Goethe", ubicada en la calle Corrientes del centro porteño. Un lugar de encuentro para todo aquel nacionalsocialista que se jactara de ser un buen lector.
Destacan en la imagen los retratos de Hitler y Mussolini. Sin embargo, lo que me parece más interesante es el cartel anunciado que en ese lugar, supuestamente una simple librería, los germanos tomaban "donaciones" a sus compatriotas destinadas a la ayuda social alemana. La gran parte de aquellos fondos no era destinada a actividades de beneficencia sino a cuentas reservados a nombre del embajador. Se sabe que gran parte de ese dinero se utilizó en: espionaje, sobornos, festividades nazis, fuga de marinos del Graf Spee, etc.

Casualmente, el Goethe Institut, fundado a comienzos de los sesenta en Argentina, tiene su sede en la avenida Corrientes 319, casi llegando al bajo. Es la institución cultural de la República Federal de Alemania en el mundo. Promueve el conocimiento del idioma alemán en el extranjero y fomenta la cooperación cultural internacional. 
El reconocido colegio Goethe funciona en el país desde 1897 y durante las décadas del treinta y cuarenta también supo ser investigado por su sistema de enseñanza nacionalsocialista y sus vinculaciones con el partido y le embajada. Más precisamente en 1941 se designó una comisión investigadora destinada a realizar un informe sobre dicho establecimiento, dirigido por Wilhelm Wirth (según los investigadores jefe de bloque de la organización nazi en Argentina).
El informe tiene más de cuatrocientas páginas.


La Embajada de Argentina en Berlín

Nota: Un pequeño adelanto sobre mi próximo libro. El texto, la información y las fotografías que hoy publico no van a ser parte del trabajo. Digamos que quedaron afuera. Es información adicional. Pero no por eso deja de ser interesantes:

Cosa esquiva averiguar los diferentes sitios donde funcionó la embajada del país sudamericano en Berlín, a comienzos del Siglo XX. Muchos conocen la historia del Palacio Staudt. En 1936, el magnate de la industria Richard Staudt, quien apoyó a los nazis en un comienzo, obsequió al Estado argentino un enorme palacio de 1600 metros cuadrados. El germano-argentino y sus hermanas, tal como reza el decreto de ese año, cedieron la residencia familiar en la capital del Reich con la condición de que fuera utilizada como sede oficial de la representación. Y así lo decretó el ministro Carlos Saavedra Lamas, el 13 de agosto de 1936. 
Es interesante mencionar la estrecha amistad que unió el ex embajador Eduardo Labougle y al mencionado Staudt. Una extensa carta escrita por el alemán, y dirigida al mencionado diplomático, sobrevive en los extensos archivos del MRE. En la misiva pedía por algunos nazis que habían caído en desgracia en el país sudamericano, a finales de los treinta, como si el embajador en Berlín algo pudiera haber hecho al respecto. La carta está dirigida a Tiergartenstraße N° 9, el Palacio Staudt. El trasfondo detrás de esa carta es, en realidad, mucho más largo.
Pero dónde estuvo, entonces, antes de ese año, la embajada argentina; mejor dicho la legación, ya que adquirió el rango máximo apenas en 1936.




De acuerdo a las Guías Diplomáticas, que gentilmente el personal del Archivo del MRE compartió conmigo, en épocas de la Primera Guerra Mundial la legación se hallaba en Blumeshof 16. En la guía del año 1915 podemos observar el nombre del Luis B. Molina como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, seguido por el de Eduardo Labougle, futuro embajador, secretario de primera clase. El AGN posee una extraordinaria fotografía de Labougle cenando en ese viejo edificio, totalmente ajeno, seguramente, a lo que podría acontecer un par de décadas más tarde en esa misma ciudad. No publico ahora esa fotografía ya que será parte del libro.

La calle Blumeshof ya ni siquiera existe en la Berlín moderna. Según pude averiguar, se trataba de una vía no muy importante ubicada entre la Lützowstraße y Landwehrkanal. Digamos unos setecientos metros hacia el sur del Palacio Staudt a vuelo de pájaro. Una zona no muy lejana de la cancillería, de todos modos, pero menos glamorosa que la calle del zoológico.

Fuente AMRE
Para 1919, la representación argentina, siempre de acuerdo a las Guías Diplomáticas aportadas por el mencionado archivo, se mudó a un sector más exclusivo. Tiergartenstraße 24, sitio referido por los documentos del archivo como la sede de la legación hacia 1919, está ubicado unos quinientos metros al oeste del sitio donde se hallaba el Palacio Staudt, la sede desde 1936. La calle de la intersección lleva allí hoy el nombre de Hiroshimastraße (hasta 1990 Graf Spee Straße), y justamente en ese mismo lugar funciona hoy la embajada japonesa.
Fuente AMRE
Para finalizar, las calles que cortaban la Tiergartenstraße en las inmediaciones del Palacio Staudt, destruido en 1944 por una bomba aliada, eran la Standartenstraße (actual Herbert-von-Karajan-Straße, donde se hallaban los cuarteles de las tropas de asalto nazis) y la Bendlerstraße (actual Stauffengerbstraße; para estos últimos dos nombres sobran las explicaciones).

Fuente AGN

El Titanic en medio de las sierras

Llegué a La Falda casi sin querer. Un tema familiar me liga a esa pequeña ciudad desde hace poco tiempo, y creo que voy a frecuentar bastante seguido el hermoso valle de Punilla.

Recortado contra el fondo de las sierras de los comechingones se levanta desde hace más de cien años el famoso Hotel Edén. Cuando fue construido en 1897, por un par de alemanes entusiastas del clima y el paisaje, aquel lugar era un páramo salvaje y desolado. Hoy La Falda es una ciudad turística pujante, con avenidas y decenas de hoteles rebosantes de viajeros.

Pero el viejo Hotel Edén sigue allí en el fondo del pueblo, contra las montañas escarpadas y las nubes bajas de diciembre. Parece un antiguo barco de lujo encallado en el fondo del océano. Los portones que llegaban hasta las vías de ferrocarril hoy se retrajeron a un par de cientos de metros de las hermosas escaleras de mármol y de la vigilante mirada de los dos leones de piedra.

La historia de este viejo edificio es muy conocida en Argentina, inquebrantablemente unida a la de los Eichhorn, quienes fueron sus dueños en su época de mayor esplendor. 


Breve Historia

Brevemente podemos reseñar que Roberto Bahlcke compró las 900 hectáreas que componían la estancia La Falda en 1897. Ese mismo año comenzó la construcción, y el tren que desde hacía poco tiempo llegaba hasta Cruz del Eje se detuvo por vez primera en las cercanías de Huerta Grande. Para el mes de diciembre la señora María H. de Kraeutner, recién llegada de Alemania, se sumó a la naciente sociedad. Producto de los créditos contraídos para llevar adelante la costosa construcción, el famoso Ernesto Tornquist ingresó también en el negocio.

Dos plantas a todo lujo. Arquitectura itlalo francesa, salones amplios y engalanados con los materiales más suntuosos y cien cómodas habitaciones. 


Las puertas se abrieron al público en diciembre de 1898. Para 1905 las perdidas eran insoportables y la sociedad queda disuelta. María H. de Kraeutner, que había regresado a Alemania en 1902 acordó con Tornquist hacerse cargo del negocio. Roberto Bahlcke, el principal impulsor del proyecto, se retiró para siempre. Kraeutner logró levantar las hipotecas y hacer rentable el negocio. 

La historia del Eden siempre estuvo ligada a los alemanes. La Falda es un pueblo de origen alemán, producto del loteo de sus tierras. Pero la sombra del nazismo comenzó a vislumbrarse recién en 1912, aunque en ese año Hitler apenas vagara por las calles en busca de que comer.

En 1912 los hermanos Walter y Bruno Eichhorn adquirieron el hotel. María H. de Kraeutner, probablemente cansada y deseosa de retornar a Alemania, otorgó interesantes facilidades para la adquisición. Fue entonces, al año siguiente, cuando comenzó el loteo de las 900 hectáreas que formaban parte de la propiedad. Los Eichhorn, notando que las ganancias serían exiguas para afrontar las deudas, recurrieron inteligentemente a la venta de pequeñas fracciones de tierras. Los alemanes se destacaban entre los primeros compradores, y una parte de los ingresos fueron destinados a saldar las deudas contraídas con Kraeutner. Según datos de Juan Pablo de Toni, el primer boleto de compra venta fue firmado por Emilio Werner.


El estallido de la Primera Guerra Mundial trajo el alivio a los Eichhorn. La alta sociedad porteña ya no pudo viajar a Europa con motivo de dilatadas y costosas vacaciones. Los lujos, las comodidades y la agilidad del ferrocarril pusieron a La Falda en el centro de las preferencias. Las ganancias se dispararon. Los incómodos y primitivos automóviles, desbordantes de turistas que se apeaban en los precarios andenes, recorrían el sinuoso camino hasta el hotel y llegaban jadeantes hasta los portones de hierro forjado. La época dorada había comenzado.

Con la llegada del automóvil, en 1916 los Eichhorn abrieron los primeros kilómetros del camino del cuadrado, que aún existe sobre las sierras, y a través del cual se puede llegar hasta Río Ceballos sin dirigirse a Córdoba. 


Luego de la guerra llega el prestigio internacional. Políticos, miembros de la realeza y hasta el mismo Albert Einstein, en 1925, visitaron el palacio de los Eichhorn en La Falda. Excursiones en las sierras, cancha de golf, piscina, cacería de zorro y todo tipo de actividades eran las grandes atracciones del Hotel. Famosos artistas traídos desde Buenos Aires, como por ejemplo Berta Singerman, se presentaban bajo un enorme eucalipto, ya desaparecido, en el patio principal, donde en un coqueto teatrino daba un marco inigualable. 

Los Eichhorn fueron nazis desde los albores del movimiento. Sus viajes a Alemania les permitieron estar en contacto con Hitler desde las horas tempranas. Y fue Ida Eichhorn, la esposa de Walter, quien tomó la iniciativa de unirse al partido antes que su esposo y su cuñado. La inscripción de Ida (N° 105408) data del 1 de diciembre de 1928. Más de cuatro años antes de la llegada de Hitler a la Cancillería. Walter fue el siguiente (N° 112823) y Bruno finalmente se adhirió al NSDAP el 1 de febrero de 1932 (miembro N° 905215). Ida y Walter estaban casi entre los primeros cien mil miembros de un partido que multiplicaba exponencialmente sus afiliados cada año. Indudablemente se encontraban entre los primeros afiliados radicados en Argentina, ya que el Landesgruppe local no se formó hasta el año 1932.


Pero la relación de los Eichhorn con Hitler fue más cercana todavía de lo que sus números de afiliados al partido puden sugerir. El Führer jamás olvidó la ayuda financiera que los prósperos empresarios hoteleras enviaron a Alemania en la época de las duras luchas electorales.
Los Eichhorn poseían el ejemplar número 110 de la edición de lujo del Mein Kamps de 1925, de tan sólo 500 en total. Llevaba, de puño y letra, la dedicatoria personal del autor. También existe correspondencia entre Hitler y los Eichhorn, en la cual el dictador da muestras sobradas de agradecimiento por la ayuda enviada desde la lejana La Falda.
En 1937, cuan Ida y Walter cumplieron sus bodas de plata, Hitler envío personalmente sus saludos desde Alemania.


Para los años treinta, el pueblo de La Falda, podría decirse, era una obra completa de los Eichhorn. Entre sus numerosos habitantes de origen alemán, el pensamiento nacionalsocialista, impulsado inquebrantablemente por los dueños del hotel, era una realidad palpable en cada recodo de esa pintoresca villa, que para 1934 poseía ya municipio propio.




Publicidad del hotel en la revista de la UAG (Unión Alemana de Gremios), "El alemán en Argentina"

Dijimos que fue Ida Eichhorn la primera en afiliarse al partido. Aquellas adhesiones fueron realizadas en Alemania. En 1932, un puñado de entusiastas partidarios de Hitler formó la filial argentina del NSDAP. Documentos de la División de Investigaciones de la Policía Federal denotan que el encargado de las relaciones con el partido nazi local, con escritorios en Buenos Aires, era Bruno Eichhorn. Ida y Walter parecen haberse reservado siempre para las ligas mayores. Mientras estos últimos tomaban el té con Hitler en Berlín, en mayo de 1935, Bruno se mezclaba con los altos dirigentes del Landesgruppe Argentinien. De acuerdo a los documentos mencionados, Bruno pertenecía a la sección “Asuntos Exteriores”, siendo designado dentro de esa división como “jefe superior de territorios argentinos”. Si los nazis argentinos buscaban alguien bien conectado para los asuntos extranjeros, sin dudas uno de los Eichhorn era el indicado. Incluso, los investigadores argentinos creían que Bruno participaba también de un desordenado intento de formar un estado mayor del partido destinado a dirigir algunas secciones de asalto al mejor estilo de las milicias S.A.


Los discursos de Hitler eran captados, según se dice, por una antena de onda corta montada en la amplia terraza y reproducidos en varios puntos del hotel.

Los nazis locales pronto se dieron cuenta, especialmente en la segunda mitad de los años treinta, de que engrosar las filas del partido local era algo que les traería muchos problemas. La idea impartida desde Alemania era la de conquistar el pensamiento de la comunidad germana, incluidos los hijos nacidos en Argentina, y enrolar naturales argentinos en el partido sería algo embarazoso. El movimiento se mantuvo siempre entre los 1500 y 2000 miembros. Pero las organizaciones alternativas florecieron por doquier, siempre con nazis prominentes a la cabeza.
Tal era el caso de Albert L. Meincke, quien vivía en La Cumbre, a pocos kilómetros del hotel, y era en el encargado de organizar, según parece, una pequeña célula al estilo de las S.A. 

Algunos nazis importantes estaban radicados en Córdoba, como Martin Rost, Karl Roth o Wilhelm Georg Minuth, entre otros, pero ninguno tenía la notoriedad de los dueños del Hotel Edén. 

Durante la Segunda Guerra Mundial los Eichhorn no sufrieron grandes sobresaltos. Pero luego del desagradable desenlace, y el rumbo elegido por Argentina, el hotel les fue expropiado como propiedad enemiga. Cuando fue restituido por Perón en 1947, quien supo visitar postreramente el hotel, el matrimonio germano había perdido ya su impulso empresario. En 1948 vendieron el complejo a una misteriosa firma denominada “Tres K”, que según el escritor Jorge Camarasa era una fachada de Juan Duarte, hermano de Eva. 

El hotel fue rematado en 1953 por deudas acumuladas. Cerró definitivamente sus puertas en 1965. La época oscura había comenzado. En 1970 se intentó convertir parte del edificio en un casino. Las dañinas marcas que dejó ese proyecto trunco pueden hoy verse en la estructura del edificio. Son cicatrices imperfectas de una época nefasta. Los saqueos y destrozos de los años de abandono no perdonaron siquiera a los viejos equipos electrógenos, que aun pesando toneladas pudieron ser robados gracias al empleo de camiones que ingresaban al hotel sin que nadie osara detenerlos.








Cien años no son nada

En 1998 el municipio adquirió el predio en otro remate. Un empresario local, que explota comercialmente el lugar, lleva hoy adelante algo que no se parece mucho a una restauración, pero que al menos permitirá conservar en el tiempo lo que queda de la antigua gloria de aquellas épocas. Una tarea pesada y respetable, si repasamos la suerte corrida por el Hotel Ventana, por ejemplo. 



Las partes restauradas, como por ejemplo el salón principal, nada tienen que ver, especialmente en los materiales utilizados, con el aspecto que tenía el edificio antes de sufrir los robos y saqueos. El mobiliario exhibido rara vez coincide con el que supo equipar en su momento al Edén. Extraños objetos de la década del cincuenta y sesenta desconciertan a quienes recorren los pasillos de pisos de madera, gastados de tanto tránsito. Del águila imperial de la azotea ha quedado apenas el aura invisible de su presencia. Al eucalipto del anfiteatro se lo llevó una tormenta espantosa de las que no había en aquella época, y una extraña bodega mezclada con una tienda de suvenires termina de completar la escena. Lo mejor que puede comprarse allí, sin dudas, es un pequeño librito de tapa verde que reza en su portada “Edén Hotel. El nacimiento de un pueblo”. No lleva firma, pero en sus entrañas uno puede descubrir el nombre de Juan Pablo de Toni, uno de los recopiladores de la valiosa información que lleva impresa en sus páginas; parte de ella ha sido utilizada en este texto. Destaca entre las fuentes del cuadernillo un libro extraño, posiblemente inédito, llamado “La Falda. Una cultura alemana de 1935.” Tal vez la pluma de los Eichhorn pueda adivinarse en las citas que exudan nazismo y orgullo por el pueblo de La Falda. No pierdo la esperanza de encontrar algún ejemplar de ese raro texto durante alguna de mis próximas visitas al valle de Punilla.



En 2015 un equipo de History Channel visitó el hotel. En uno de esos documentales, que hacen más daño a la verdadera historia que lo que enseñan, se dijo haber encontrado túneles secretos y otras yerbas. Sin embargo, como pasa siempre con estas cosas, en la nada misma ha quedado todo. Pero no voy a referirme a todos esos mitos. Mitos que tienen una importancia pequeña para quienes estudian seriamente la historia, pero una muy grande para muchos de los cientos de personas que visitan el lugar a diario y que nutren sus conocimientos con esos dudosos documentales. 



Llegamos al final de la visita. Estoy retrasado del grupo porque me he quedado anonadado con un patio cubierto en la planta alta. Un cerramiento de gruesas vigas de hierro aún conserva todos sus paneles de vidrio y hasta el complicado mecanismo de poleas con el cual se podía abrir la cúpula. 
La guía de turismo del hotel, que por cierto es muy amable, simpática y profesional, tiene un conocimiento fantástico sobre la historia del todo el lugar. Nos ha hecho pasar un rato muy agradable y nos ha enseñado de todo un poco. Muestra orgullosa a los turistas una fotocopia de los famosos Archivos del FBI, que mencionan al hotel como posible lugar de paso de algún jerarca nazi escapado desde Europa. Lo que no saben los distraídos turistas es que esos archivos son informes de avistamientos. Avistamientos de Hitler reportados por ciudadanos comunes en cientos de países, ciudades y pueblos de todo el globo. El FBI los acumuló de mala gana en una carpeta que fue de a poco engrosando su lomo, como las de pie grande, enanitos verdes y quien sabe que otras cosas. De todas maneras, qué puede achacársele a la guía; al igual que muchos de los cientos de turistas que pasan por el hotel, repite una historia que leyó en un libro o vio en televisión.
   
Fuentes:
  • Visita al Hotel Edén.
  • “Edén Hotel. El nacimiento de un pueblo”. La Falda, 2007. ISBN: en trámite.
  • Archivos de División Investigaciones PFA
  • Nazy Party Membership Records. SUBMITTED BY THE WAR DEPARTMENT TO THE SUBCOMMITTEE ON WAR MOBILIZATION OF THE COMMITTEE ON MILITARY AFFAIRS. UNITED STATES SENATE. MARCH 1946
Otras fotografías:


























Frente Alemán del Trabajo – DAF (UAG) en Argentina

Al contrario de los que muchos creen, el partido nacionalsocialista en Argentina no fue la organización nazi de mayor tamaño en el país. El Frente Alemán del Trabajo (DAF, luego Unión Alemana de Gremios). Contaba en 1941 con más de 10.000 afiliados, más de cinco veces más que el NSDAP. 

Son numerosas las historias que narran como los nazis colocaban un “recaudador” en cada empresa de capitales alemanes. El hombre en cuestión era el encargado de cobrar la cuota mensual, cuando no era directamente retenida del salario del trabajador (aproximadamente 1%). Los afiliados eran en su mayoría alemanes o sus hijos, pero es sabido de empresas germanas que retuvieron a trabajadores argentinos pequeños porcentajes que terminaron en las arcas de la UAG.
Fuente Archivo HCDN
El cambio de nombre tuvo que ver con la prohibición del NSDAP y de otras organizaciones nazis decretadas a finales de los treinta. De todas maneras, como en esa época en Argentina cada comunidad extranjera hacía lo que le parecía mejor para sus intereses, los nazis siguieron operando mediante un mero cambio de nombre. Ni siquiera se molestaron en nombrar un nuevo presidente. La organización era dirigida por Erwin Schriefer, miembro fundador del partido en el país sudamericano.
Revista de la organización
Esto es apenas una pequeña referencia al DAF – UAG, que en Alemania era dirigido por el famoso Dr. Ley. Sus actividades eran muy variadas. Desde la publicación de una revista llamada “El alemán en Argentina”, pura doctrina hitlerista, lo que era al fin y al cabo el gran objetivo de cada organización nazi en el país, el adoctrinamiento de la comunidad, hasta la recaudación de fondos para dudosos fines o viajes evangelizadores de súbditos germanos a la Alemania nazi.
Emblema del DAF presente en cada acto de los nazis en Argentina
Una noche de julio de 1941 la policía irrumpió en el viejo edificio de Alsina 1248-1250. Llevaban una orden de allanamiento. El cuidador se resistió al principio, pero poco pudo hacer para que los agentes del orden trasladaran al Palacio de Justicia todos los archivos, mobiliario incluido. 

Comenzaba la dilatada persecución de los dirigentes nacionalsocialistas en Argentina. Los tiempos felices de la UAG, esos en que hacían y deshacían sin preocuparse de las Leyes nacionales, habían terminado. 

Y el viejo edificio de la calle Alsina se resiste a morir, como si fuera el último reducto de los nazis en Argentina. Qué no habrán visto sus vetustas paredes.(Ver última foto)

Continuará... (En algún libro)

Adolfo Alsina N° 1248-1250 / 1941 (allanamiento en acción) - 2017



Graf Spee: El hombre que lo hizo posible

Julio B. Mutti 
© Todos los derechos reservados

Prohibida la reproducción de texto o fotografías sin autorización expresa del autor


Se han publicado decenas de libros sobre el Graf Spee. Cientos, tal vez, en todo el mundo. Sin dudas debe tratarse de una de las historias de la Segunda Guerra Mundial que más inspira a historiadores e inquieta al público en general. Especialmente en los países del Ríos de la Plata, lugar donde la gran parte de los tripulantes internados en 1939 terminó sus días. Yo mismo, por esos caprichos que tiene el destino, conocí un día a un afable y simpático vecino, de ojos claros y bondadosos, quien terminó siendo nada menos que el hijo de Gerhard Wilde, marinero del ya mítico acorazado.
Parecería imposible que algún detalle, por más pequeño que fuera, hubiera escapado al aguzado ojo de algunas grandes especialistas luego de décadas de estudio. Especialmente pienso en “Tras la Estela del Graf Spee” de E. Dick, una obra sobresaliente. Y aunque seguramente varios lo han intentado, leer todos los libros y las publicaciones sobre el Spee que han aparecido a lo largo de los años es algo que podría resultar inacabable.
Fue entonces cuando reparé en el rol que jugó el capitán alemán de la marina mercante Rudolf Hepe aquel agitado día de diciembre de 1939. Mientras investigaba para mi libro sobre los espías alemanes en Argentina di con un par de viejos archivos: los interrogatorios realizados a Hepe por las fuerzas de seguridad del país sudamericano. El primero de ellos llevado a cabo en 1939, apenas llegados los hombres del acorazado a Buenos Aires, y el segundo en 1945, cuando fue detenido por actividades de espionaje en favor de Alemania en el marco de una causa Federal.
Dick no menciona a Hepe en su fantástico libro, al menos en la edición que poseo, aparecida en 2002, por lo que inicialmente uno puedo pensar que su actuación podría haber pasado un tanto inadvertida. Sin embargo, otros autores, ya sea de libros o de antiguos artículos periodísticos, han citado en ciertas ocasiones al capitán mercante. Es posible afirmar, entonces, que aunque su nombre no sea uno de los más frecuentemente señalados, es algo conocida su participación en  la maniobra que depositó finalmente a los muchachos del acorazado en el puerto de Buenos Aires. Pero algunos importantes detalles han quedado algo enterrados en el olvido. Por ejemplo: ¿Quién era Hepe? ¿Qué sucedió la noche anterior a la partida de los remolcadores que trajeron a los tripulantes del Spee y cuáles eran las funciones que desempeñaba realmente el capitán mercante al servicio de la Embajada de Alemania?
Trataremos a continuación, entonces, de echar algo de luz sobre este enigmático personaje, a veces mencionado, otras tantas ignorado.
Rudolf Hepe, el hombre que lo hizo posible, desde mi punto de vista. Sin su coraje, los marineros del Spee difícilmente hubieran tocado tierra Argentina. Y me pregunto, a la sazón, cuan distinta hubiera sido aquella historia. Seguramente el hijo de Wilde no hubiera sido mi vecino de no ser por el arrojo y la valentía que ese viejo capitán de la marina mercante mostró aquella madrugada de diciembre de 1939. 

Rudolf Hepe (derecha y con bigotes) y Theodor Dreyer. Fuente: Caras y Caretas,
febrero de 1930. Gentileza Diario Acción
Los inicios en Argentina
Rudolf Hepe nació en Hamburgo, casi seguramente en el año 1881. En 1907 llegó a la Argentina procedente de su ciudad natal, donde se había iniciado en la profesión de oficial mercante. Hasta el año 1909 tripuló varias naves de la Hamburg Südamerikanische Dampfschiffahrt. Durante los lejanos albores del Siglo XX, tal como recuerda Aurelio González Climent en su libro sobre la vida de Antonio Delfino, el presidente Roca notó que los servicios navieros a los puertos patagónicos, atendidos básicamente por tres transportes de la Armada, eran precarios, y sobre todo erráticos en sus escalas. Ante esta situación, el mandatario argentino recordó que pocos años antes Delfino le había dado una gran mano para adquirir rápidamente cuatro acorazados a los astilleros Ansaldo de Genova. El hábil armador convenció rápidamente a la Hamburg Südamerika para que pusiera los buques y toda su estructura en favor de los intereses del presidente argentino. Apenas solicitaban a cambio, los alemanes, que no se subsidiara a cualquier otra naviera que en el futuro intentara realizar la ruta patagónica. Así nació la Línea Nacional del Sud, que no era una naviera sino una flamante ruta marítima. Dice Cimet que “esos barcos fueron inscriptos en la matricula argentina con bandera argentina, por decisión espontánea de la naviera alemana, seguramente "inducida" por don Antonio. En aquel tiempo no había ley de cabotaje, y así como la Hamburg Sud metía barcos propios bajo bandera argentina, con la misma libertad los retiraba y los retornaba a la bandera alemana, según las necesidades que se iban planteando sobre la marcha.” El servicio fue inaugurado en 1901. Para el año 1909, el flamante capitán de la marina mercante Rudolf Hepe tomó el mando del vapor “Camarones”, de 2.787 toneladas, construido en el año 1896 en astilleros británicos para la mencionada compañía alemana. Como capitán de dicha embarcación, Hepe surcó los mares patagónicos y el Río de la Plata hasta el año 1922.
A comienzos de 1923, el capitán germano fue nombrado inspector de la Hamburg Südamerika, un cargo que desempeñó por largos años. De hecho, en 1945, cuando fue detenido en Argentina, aún mantenía ese puesto. Hepe tenía ahora cierta autoridad sobre los comandantes de las embarcaciones mercantes que operaba Delfino, un detalle que debemos tener en cuenta. Su trabajo consistía, de acuerdo a sus propias palabras, en el control de las estivas marítimas, del estado de conservación de las embarcaciones, necesidades de la tripulación, control del personal enfermo y el asesoramiento de los capitanes, contramaestres, prácticos y demás encargados de los diferentes buques de la compañía Delfino. Especialmente los asesoraba sobre las rutas y el estado de la navegación en lo referente al puerto de Buenos Aires y al estuario del Plata. Otro aspecto de las funciones del marino, que no debemos olvidar, es que había sido encargado por su empleador de todo lo concerniente a salvataje y asistencia marítima. Si tenemos en cuenta que Hepe operaba en las rutas mencionadas desde 1907, entonces, en 1939, poseía treinta y dos años de experiencia… ¿Quién podría desaprovechar semejantes cualidades en una situación límite?
Sin embargo, toda aquella gran experiencia no fueron suficientes para evitar el famoso hundimiento del “Monte Cervantes” en 1930, nave que llevaba como práctico al Capitán Rodolfo Hepe, quien fue llevado por el capitán Dreyer por su basto conocimiento de los canales fueguinos. (1)

Imagen del hundimiento del "Monte Cervantes". El original de este fotografía se halla
en el Archivo de la HCDN, CEIAA, y fue incautada en poder de un súbdito alemán durante
uno de los procedimientos llevados a cabo en 1941.


Comienza la acción
Apenas estalló la guerra en Europa, las embarcaciones aliados comenzaron a ejercer un estricto control de todas las rutas marítimas del planeta. Buscaban impedir el paso de las naves enemigas. Como era de esperarse, los capitanes mercantes de las embarcaciones germanas surtas en el Puerto de Buenos Aires recibieron la orden de retornar a puertos alemanes de la manera que les fuera posible. Claro que aquello era algo más fácil de ordenar que de ejecutar. Con las rutas habituales atestadas de buques armados británicos, los alemanes debían idear otro plan de fuga que despistara al enemigo. Como los comandantes de los mercantes del Reich carecían de las cartas náuticas necesarias para navegar fuera de la vista de los ingleses, sus oficiales decidieron recurrir al agregado naval de la Embajada de Alemania, el capitán de navío Dietrich Niebuhr, quien tendría la última palabra sobre el camino a tomar. Más allá de su fachada como miembro de la representación oficial, este oficial de Kriegsmarine era en realidad el hombre fuerte de Canaris, jefe del Abwehr, en Sudamérica. Desde 1936 se desempeñaba como administrador residente de contrainteligencia militar conjunta para la región.
Así se puso en marcha una de las primeras operaciones del servicio de inteligencia alemán en Buenos Aires en tiempo de guerra.
Niebuhr tampoco poseía las cartas de navegación necesarias, por lo que decidió recurrir al experimentado capitán de marina mercante Rudolf Hepe. En este punto del relato queda evidenciado que Hepe había sido ya reclutado por el Abwehr aun antes del famoso episodio del Graf Spee. No era el único recluta entre las filas de la naviera Delfino, por supuesto, pero si uno de los agentes más valiosos dada su dilatada experiencia.
Cuando Hepe llegó a la calle 25 de mayo 145, sede de la embajada, encontró a varios de los capitanes de barcos mercantes de bandera alemana fondeados en Buenos Aires y Rosario; también se hallaban Niebuhr y el teniente Martin Müller, el ayudante del capitán de navío, y el conocido colaborador Thilo Martens. Hepe también era un hombre valioso como asesor técnico, pero el problema grave ese día eran las cartas necesarias para navegar rutas alternativas. Finalmente, a pesar de la resistencia de algunos de los comandantes allí reunidos, se tomó la decisión de hacer el intento. Hepe debería encargarse del complicado asunto de los documentos necesarios.
Sobre cartas que obraban exclusivamente en poder de Niebuhr se trazó el itinerario alternativo. Los alemanes intentarían tomar la llamada “ruta Islandia”, que terminaba en Mursmansk o en los puertos de Noruega, teniendo en cuenta la época del año y las condiciones climáticas que pudieran favorecer a los mercantes. Uniendo varias cartas de regiones diferentes, y con ciertas modificaciones aconsejadas durante la reunión de los capitanes, se labró una carta definitiva. Aquí llegaba el turno de Hepe de actuar.
El documento secreto debía ser copiado para que cada nave que intentara romper el bloqueo pudiera llevar un ejemplar a bordo. Niebuhr encargó a Hepe que, con el cuidado de no revelar el contenido y utilizando a algún compatriota de extrema confianza, realizara la cantidad de copias necesarias. El hombre indicado era Guillermo Maubach, alemán, óptico, fotógrafo y ferviente nazi, con comercio en Sarmiento 328 y domicilio en la calle Esmeralda. La lealtad del hombre era inexpugnable y su colaboración con los espías del Abwehr y el SD lo llevaría a ser detenido cinco años más tarde. Maubach, que era oriundo de Saarbrüken, entró al partido nazi local el 1 de diciembre de 1934 con el número 3592431.
Maubach hizo las copias y Hepe se encargó personalmente de entregarlas a los capitanes de la flota mercante. Incluso envió la carta a otros puertos sudamericanos como Río de Janeiro, Valparaíso, Santos, Talcahuano y Pernambuco, valiéndose del correo aéreo. Me pregunto si la valija diplomática de la embajada no habrá sido utilizada a tal efecto, especialmente teniendo en cuenta que dos años más tardes se desencadenaría un escándalo en Argentina producido por el hallazgo de material de propaganda y un radiotransmisor en una encomienda diplomática enviada a Perú por los diplomáticos alemanes de Buenos Aires.


Aquí funcionaba la óptica de Maumbach. Fuente: "Nazis en las sombras"
La armadora de Antonio Delfino, que corrió con todos los gastos, recibió una rotunda negativa de Niebuhr cuando pretendió cobrar a la Embajada de Alemania los diez mil pesos que invirtieron en la operación. Reclamen a la Hamburg Südamerika en Alemania, fue la respuesta del agregado naval.
Algunos buques lograron partir. El “Erlanger”, que lo hizo desde Mar del Plata en 1941, fue interceptado por el crucero británico “HMS Newcastle” al sudeste del Río de la Plata. La tripulación prendió fuego a la nave antes de abandonarla. Otros barcos alemanes que quedaron varados en Buenos Aires terminaron siendo adquiridos por el país sudamericano. (2)

El Graf Spee
Madrugada del 17 de diciembre de 1939. El teléfono sonó insistentemente en la planta baja del amplio chalet de la calle Estomba 2445. María Wallace pasó el aparato a su esposo, que aún somnoliento comprendió que el tono marcial al otro lado de la línea indicaba que el asunto era serio. Allí estaba Martin Müller, el ayudante de Niebuhr, y le hablaba desde la Embajada del Tercer Reich. Hepe debía presentarse de inmediato en el edificio de la calle 25 de mayo 145. Eran las tres en punto cuando Müller llamó. A las cuatro de la madrugada, el inspector portuario estaba ya subiendo por el suntuoso ascensor bañado en bronce del edificio del Banco Germánico.
Müller dijo a Hepe que el capitán Langsdorff se disponía a hundir su nave, el acorazado “Admiral Graf Spee”, frente a de Montevideo. Su importantísima misión, la encomendada al veterano capitán mercante, consistiría en tomar “tres o cuatro” remolcadores de la empresa “La Porteña”, perteneciente a Delfino, y ordenar a sus comandantes dirigirse a toda marcha hasta la rada de la capital uruguaya. Allí transbordaría, justo al caer la tarde y alrededor de las diecinueve y treinta, a cerca de mil marinos que deberían ser conducidos de inmediato a Buenos Aires. Si los tripulantes eran internados en Montevideo, dijo Müller, eso equivaldría a entregarlos al enemigo. De inmediato quedó en evidencia la importancia de la misión que le era encomendada el curtido navegante. Si fallaba en su intento de salir de Buenos Aires evadiendo los controles de rutina, más de mil compatriotas serían abandonados a su suerte.

Estomba 2445, fotografía GCBA.
De acuerdo a sus propias palabras, Hepe sabía de antemano que no podría contar con cuatro remolcadores, pero estaba seguro de alistar dos y una lancha. Antes de las seis de la mañana, mientras clareaba el famoso 17 de diciembre, Hepe ordenó a Wilhelm Winter (fs. 10/12), patrón del “Gigante” (matrícula 342), que partiera rumbo a la rada de Montevideo y que en el trayecto remolcara a la chata “Chiriguana” (matricula 303), que aguardaba fondeada esperando ser despachada hasta Puerto Platero, también en Uruguay. El patrón de la lancha era José Vento (fs. 13/15).
A las seis el “Gigante” cargó combustible y se perdió en el horizonte a toda marcha. Por su parte, Hepe iba a bordo de otro remolcador, el “Coloso” (matrícula 343), que eran comandado por Armando Brand (fs. 7/9). Aunque el segundo remolcador no zarpó de Dock Sud hasta las ocho y treinta, se las ingenió para llegar a la cita alrededor de las diecinueve y veinte de la tarde.

El relato de la explosión que puso fin al acorazado y el posterior traslado de los marinos hasta Buenos Aires han sido relatados una y otra vez. Hepe recordó pocos días más tarde que se acercaron mucho a la popa del buque de guerra, pues desconocían que la tripulación casi completa se hallaba e bordo del buque auxiliar “Tacoma”, unos dos kilómetros al este del Spee. Mientras los marinos subían a bordo del “Coloso”, a las diecinueve y cuarenta minutos, Hepe dijo haber escuchado la terrible detonación y visto el enorme fogonazo de las llamas, mientras la lancha que traía a capitán Langsdorff se acercaba entre la espuma blanca y las aguas marrones.
A las veintiuna subió a bordo el último muchacho del Spee. Pocos minutos más tarde, según palabras del propio Hepe, el remolcador uruguayo Antonio Lucich (sic) y otra nave, que no recordó su nombre, a bordo de los cuales viajaban oficiales de la Marina y Prefectura del Uruguay, se colocaron junto al “Coloso”. Ante el pedido de Hepe de poner proa a Buenos Aires, los orientales ordenaron a los remolcadores argentinos que los siguieran con rumbo oeste, hasta las inmediaciones del Faro Panela, instrucciones que los alemanes inicialmente cumplieron durante seis o siete kilómetros. Pero en la oscuridad perdieron de vista al “Lussich”, por lo que decidieron rápidamente poner proa a Buenos Aires para tratar de cumplir la misión. Sin embargo, mientras intentaba escabullirse, el “Coloso” fue nuevamente interceptado por una nave uruguaya, el remolcador “Enriqueta”, que ordenó de inmediato a Hepe llevar su nave a Montevideo. Mientras tanto el “Gigante”, que llevaba a remolque a la chata “Chiriguana”, se había adelantado, impidiendo a los orientales interceptarlo; no podían verlo entre la penumbra de la noche. Las pitadas del “Coloso”, dos largas y una corta, que le indicaban a Winter detener su nave fueron desobedecidas. Según el maquinista del “Gigante”, el oriundo de Mirow Gerardo Lüdicke, las pitadas fueron oídas pero deliberadamente ignoradas. El “Gigante” y la “Chiriguana apagaron sus luces y se perdieron en la infinita oscuridad del Río de la Plata. (3)


Remolcador "Antonio Lussich". Fuente: foto Emilio Cazalá, "Remolcadores Uruguayos"

Hepe y Brand no tuvieron otra opción que obedecer a los uruguayos. Las tripulantes del Spee, presintiendo el rumbo que tomaba el “Coloso”, comenzaron a impacientarse. Fue entonces cuando entró en escena el legendario capitán Langsdorff. Poniendo su lancha directamente junto al remolcador argentino, el marino saltó a bordo del barco y ordenó a Hepe poner proa a Buenos Aires. Luego de algunos momentos de confusión, en los que aparentemente Brand dudaba sobre si debía efectivamente seguir hacia Buenos Aires, a las veintidós y cuarenta minutos el comandante del Graf Spee obtuvo el permiso definitivo para que el “Coloso” pudiera seguir la estela del “Gigante”. Langsdorff, acompañado de alguno de sus oficiales, entre ellos Paul Ascher, quien moriría tiempo después a bordo del mítico “Bismarck”, había parlamentado por un buen rato con el comandante de la corveta “Zapicán”, fondeada en las cercanías, capitán de fragata Alberto Sghirla, quien finalmente dio su autorización para proseguir a Buenos Aires.
Hepe lo había logrado. Pero ahora debería dar cuenta de sus actos en Buenos Aires. Había literalmente tomado dos remolcadores sin realizar los trámites necesarios ni obtener las autorizaciones de las autoridades portuarias para navegar a Montevideo. Además, había desviado a la “Chiriguana”, lancha que estaba ya con itinerario a Puerto Platero. Todo ello sin tener en cuenta la gigantesca operación de salvataje que involucraba a una nave de guerra.


El "Graf Spee" en llamas. El original de este fotografía se halla en el Archivo de la HCDN,
CEIAA, y fue incautada en poder de un súbdito alemán durante uno de los procedimientos llevados a cabo en 1941.

Mientras Hepe tomaba la pesada carga de correr con todos los riesgos, los hermanos Delfino decidieron desembarazarse de todo el asunto. Eduardo B. Delfino, vicepresidente de la compañía y hermano de Antonio Delfino, se presentó ante la Prefectura Naval mientras Hepe navegaba hacia Montevideo. Denunció ante el subprefecto Meritorio Belisario Quiroga que había tomada conocimiento de los hechos esa misma mañana. Dijo estar al tanto de que los remolcadores habían partido sin autorización de la autoridad marítima, poniendo de esa manera al corriente de los hechos al subprefecto del Río de la Plata, capitán de fragata D. Matías López. Delfino dejó asentado que debía excusarse de toda responsabilidad a su empresa; es decir que endilgaba toda la carga al pobre Hepe. (4)
El 22 de diciembre, Hepe tuvo que comparecer ante las autoridades. El destacamento de la dársena norte fue el escenario donde debió prestar declaración. No omitió detalles. De ella hemos extraído gran parte de lo citado en este relato.
Finalmente, la prefectura elevó el sumario a subprefecto zonal para que resolviera y aplicara las sanciones a Hepe, que, sin embargo, lejos estuvieron de amedrentar su decidida valentía a la hora de actuar a favor de su patria.
Cuan diferente hubiera sido toda aquella famosa historia si el inspector portuario hubiera dudado siquiera un instante o temido a las sanciones que pudieran traer aparejados sus actos. (5)

Archivos de la Prefectura Naval Argentina sobre Hepe

Un amigo peligroso
En los albores de la Segunda Guerra Mundial, los servicios secretos alemanes elaboraron la “Operación Polo Sur”. Se trataba de una unidad de sabotaje muy secreta del Abwehr que debía operar el Sudamérica. Sin embargo, la sagacidad de Niebuhr hizo ver a sus superiores en Berlín que ese ridículo plan iba a traer más dificultades que beneficios. Los daños que pudieran causarse a los bienes enemigos serían ínfimos en comparación de las represalias que tomarías las naciones neutrales.
Qué o quién instigó el ataque perpetrado con explosivos al mercante “Gascony”, en el Puerto de Buenos Aires de junio de 1940, es un secreto que parece resistir el paso del tiempo. Sin dudas se trató de un acto aislado, realizado por un solitario agente que indudablemente dependía del agregado naval. El hombre era Wilhelm Lange. Este personaje, víctima de una tremenda reprimenda por parte de Niebuhr, era un viejo amigo de Rudolf Hepe; incluso es muy probable que haya sido el inspector portuario quien lo introdujo al mundo del espionaje.
Lo cierto es que Hepe y Lange se conocías de las viejas épocas en que el hamburgués capitaneaba el vapor “Camarones”. Lange fue su segundo de a bordo durante aquellos aventureros primeros viajes a través de las inexploradas rutas australes del litoral argentino; algo que parece haber forjado un laso de amistad entre ambos marinos. Con rango de capitán de la marina mercante, Lange sintió el llamado de la Marina de Guerra Imperial durante la gran guerra. Pero una vez retornado a Argentina, las cosas ya no fueron como antes. Al parecer, por razones desconocidas, había sido detenido en 1917 en la Isla Martín García. Al fugarse de allí, algo que parece ser la especialidad de los alemanes desde tiempos remotos, perdió para siempre su matrícula de capitán mercante.
Durante la década de los treinta, Hepe consiguió a su viejo camarada un puesto en Delfino como ayudante de inspector. Sin embargo, apenas un mes después las autoridades de la empresa decidieron que no necesitaban sus servicios. Hepe no se rindió. Logró ubicar a Lange en la misma empresa como “mirador”, sobre la azotea de un edificio en Bouchard y Tucumán. Con la ayuda de un catalejo, el antiguo capitán de ultramar se dedicaba a identificar los buques que ingresaban a puerto y a dar aviso telefónico a la compañía cuando un mercante necesitaba de los servicios portuarios. Claro está que parte de esa información, especialmente la referida a los navíos enemigos, era enviada sin dilación a Niebuhr.
Como el mismo Hepe declaró en 1945, Niebuhr solía preocuparse personalmente por el bienestar del díscolo Lange. Hasta llegó a interceder sin éxito ante las autoridades de Delfino para que mejoraran su salario.
Lange y un cómplice perpetraron el atentado al mercante británico “Gascony” el día 12 de junio de 1940, en el Dock 4 del puerto de Buenos Aires. Este hecho, increíblemente, permanece extremadamente indocumentado. La policía apenas demoró a un par de personas, entre las cuales no sabemos si estaba el amigo de Hepe. Al parecer, el cómplice de Lange murió por el efecto de artefacto explosivo, que además abrió un considerable hueco en el caso del buque. El triste final del ex capitán mercante puede haber contribuido a solapar todavía más los hechos. Lange se suicidó en la cárcel en 1944, cuando fue detenido junto con Hepe en las redadas policiales que comenzaron a poner fin al espionaje alemán en Argentina.
La brumosa muerte dejó su esquiva huella en los extensos sumarios judiciales de las causas por espionaje. La declaración de Lange simplemente desapareció. Sin embargo, el largo testimonio de Hepe del 18 de mayo de 1945 da cuenta de que la policía estaba en la pista del asunto del “Gascony”, todavía cinco años después. El inspector portuario no sólo fue interrogado acerca de su viejo amigo Lange, sino que también se le pidieron referencias de un tal von Appen. Este último era un oscuro agente del Abwehr que al estallar la guerra habría viajado desde Chile a Alemania para entrenarse en actividades de sabotaje. Appen ha sido reiteradamente vinculado a Lange y a las explosiones del Dock 4. (6)
 


Un espía avezado
En mi libro publicado en 2015, “Nazis en las sombras”, una larga investigación sobre los diferentes grupos de espionaje alemán que operaron en Argentina, escribí sobre Hepe: “Quién mejor que Hepe, conocedor del Puerto de Buenos Aires como la palma de su mano, para informar acerca de los movimientos de los mercantes aliados. Niebuhr sabía que si el “Grupo I” (Napp) caía en desgracia, podría mantener el flujo de información portuaria a través de Hepe. Además de observar los movimientos de buques, este último agente recolectó e informó a sus superiores durante varios meses, entre 1941 y 1942, las estadísticas de exportaciones argentinas con destino a Gran Bretaña, las cuales remitía a Brasil por correo postal. Desde allí eran retransmitidas a Alemania, donde eran particularmente apreciadas. Hepe obtenía la valiosa información de una gráfica que se encargaba de imprimir dichas estadísticas para un semanario del “Buenos Aires Herald”…
Por cuestiones de espacio no pude incluir en el libro más detalles sobre las actividades de Hepe y sus preciados informes portuarios. Pero podemos afirmar que el capitán mercante no sólo trabajó para Niebuhr y el Abwehr. Además, como él mismo lo reconoció en 1945, también operó como espía del  Auswärtiges Amt, es decir del Ministerio de Negocios Extranjeros de Hitler, donde alguien “muy influyente” apreciaba especialmente las estadísticas de exportaciones destinadas a Gran Bretaña. Desde 1941, y con la autorización de Niebuhr, Hepe envió sus informes a Río de Janeiro, que aterrizaban en una casilla de correo gracias al servicio aéreo postal. El destinatario era un tal Carlos Müller (Caixa N° 100), con toda seguridad un nombre falso. Tal como mencioné, las estadísticas de las exportaciones argentinas destinadas a puertos británicos eran obtenidas de la imprenta que trabajaba para el Buenos Aires Herald, pero también procedía de los manifiestos de exportaciones que eran compilados por un tal Cramer, quien los difundía en una publicación denominada “Avisador Marítimo”. Los alemanes, según Hepe, estaban muy interesados en las cifras del wolframio, tungsteno y otros metales que se utilizan en la fabricación de aceros. También, como era de esperarse, querían saber de la entrada y salida de barcos ingleses del puerto de Buenos Aires, especialmente los frigoríficos.
Rolf Edmund Stickforth, yerno de Hepe, al parecer estaba también involucrado en el envío de informes. Se vio particularmente comprometido en 1942 luego de las redadas contra espías en Brasil. Al parecer, un agente de nombre Christensen lo delató en los interrogatorios a los que fue sometido allí.
"Andalucía Star". Fraser Darrah Collection
Hepe declaró que recordaba perfectamente haber enviado a sus superiores información sobre el movimiento en el Puerto de Buenos Aires de naves de la Blue Star Line. Hoy sabemos que mercantes de esa compañía que dejaban Buenos Aires, y que eran especialmente valiosos para los británicos debido a su carga, como por ejemplo el “Andalucía Star”, pudieron haber sido rastreados y hundidos por U-boots en parte gracias a la información enviada por agentes como Hepe. (6)

El nieto de Rudolf Hepe es hoy el presidente de la Federación de Asociaciones Argentino-Germanas. Gracias a la intermediación del Club de Remo Teutonia (esa es otra historia que ya voy a contar) pude llegar hasta él. Sin embargo, consultado para la ocasión, declinó responder preguntas o aportar cualquier información que hubiera sido de un enorme valor histórico.

  

(1) Según datos del CEMLA, Hepe viajó a Alemania al menos en 1931 (Monte Sarmiento) y en 1938 (Cap Arcona). 
Sobre el famoso hundimiento del "Monte Cervantes", producido en enero de 1930, el jueves 30 de enero, el diario La Prensa publicaba algunas declaraciones de Hepe: "Atribuye el accidente a la circunstancia de que las piedras situadas entre las islas Willie y Lespach tienen mayor extensión que la indicada en las cartas marinas. La marcación de a bordo, agregó el capitán Hepe, orientó claramente al Monte Cervantes casi por le centro del paso, con una desviación mínima hacia el Oeste, encontrándose allí la piedra y los cayiyuyos donde chocó el barco a las 12.45 del día 22 (de enero), para deslizarse tres minutos después.” (...) “Interrogué al capitán Hepe quién dirigía la nave en el momento en que se produjo la encalladura, pero no quiso contestarme a esto, expresando que se reservaba el dato para cuando tuviera que declarar ante las autoridades que harían el sumario en Buenos Aires. Finalmente, el capitán Hepe me manifestó que había realizado dieciséis viajes por los canales fueguinos...”
Dos días más tarde. Crítica hablaba de imprudencia: "La imprudencia tiene prelación sobre la eficacia de la carta que si algo establece es el peligro de la zona por la cual pasó el Monte Cervantes, probablemente a consecuencia del celo profesional de dos marinos que se creían igualmente expertos. El capitán Dreyer dominaba los fjords noruegos; el asesor capitán Hepe, los canales fueguinos. Ese estado de espíritu explicaría el hecho de contrariar rutas que no tenían la tentación de peligro.” 
Crítica, Buenos Aires, Domingo 2 de febrero de 1930
Fuente: Diario Acción, la historia del hundimiento del "Monte Cervantes".

(2) Sobre Niebuhr y su dilatada carrera como jefe de espionaje sudamericano ver: Mutti, Julio B. “Nazis en las sombras”. Nowtilus. Madrid, 2015.

(3) Sobre Lüdicke ver: Dick, Enrique. “Tras la Estela del Graf Spee”. Edivern. Buenos Aires, 2002. Quinta edición. Páginas 172 y 173.

(4) Prefectura General Marítima. Sumario 971/939. Declaración de E. Delfino tomada el 17 de diciembre de 1939 a las 17:30 hs. por el oficial de guardia del destacamento de la dársena norte del puerto de Buenos Aires.

(5) Prefectura General Marítima. Sumario 971/939. Declaración de Hepe tomada el 22 de diciembre de 1939 por el subprefecto jefe de tercera Antonio Muñiz. El relato de Hepe es coincidente con el del diario de Rasenack.

(6) Segundo Sumario de espionaje alemán. AFPJN. Declaración de Rodolfo Hepe, 18 de mayo de 1945. Cuerpo 7. Foja1307. Sobre Lange consultar también: Rout y Bretzel. “The Shadow War”, Frederick, Meriland 1986 p. 449 a 451. Newton, Ronald. “El cuerto lado del triángulo”. Sudamericana, Buenos Aires, 1995, p 300.

(7) La información enviada a Alemania por los diferentes agentes era compartida a mando de sumergibles de la Kriegsmarine. Sobre el caso del Andalucía Star y los documentos hallados en la bitácora del U-125, U-129 y U-163 ver: Mutti, Julio B. “Nazis en las sombras”. Nowtilus. Madrid. 2015