U-Boat Argentina

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Embajada del Reich y residencia del embajador


Julio B. Mutti 
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Hace algunos días tuve la suerte de ser invitado a dar una charla en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. El motivo fue la reciente publicación de mi libro sobre el embajador Eduardo Labougle y su misión en la Alemania de Hitler: "En el ojo del huracán".

Uno de los temas que se tocaron, durante la charla de tres horas, fue la localización exacta que tenía la Embajada de Alemania en Buenos Aires durante los años del nazismo. Debo mencionar que existe alguna confusión sobre este tema.

Edificio del Bco. Germánico, entrada por 25
de Mayo. Centro porteño en la actualidad
En mis libros me gusta mencionar que la sede de la embajada era 25 de Mayo 145 sexto piso, edificio del Banco Germánico. Esto es así, indudablemente, aunque si nos basamos en las guías diplomáticas del Ministerio de Relaciones Exteriores, la entrada oficial era la de Leandro N. Alem 168; el mismo edificio, pero referenciando la entrada que da a la mencionada avenida porteña. La referencia a la entrada por la calle 25 de mayo surge de los cientos de testimonios de los mismos alemanes de aquella época que existen en varios archivos. Por ejemplo, recuerdo en este momento que en las más de dos mil fojas judiciales de la causa contra los espías, todos hicieron referencia “25 de Mayo 145” como el “local” de la embajada. Esto pudo estar sujeto a que un par de piso por debajo de la representación funcionaban varias organizaciones nazis, entre ellas el mismo partido, y es sabido que NSDAP era omnipresente en cada organismo o aspecto de la organización de la comunidad alemana. De todas formas sigue siendo el mismo edificio del Banco Germánico.

La mayor confusión está dada por la enorme casa de la calle Quintana 161, en el hermoso barrio de recoleta, el “Palacio Balcarce”. Muchos libros mencionan como la sede de la embajada este último edificio. En realidad se trata de un error, ya que en realidad la casona fue destinada como residencia del embajador.

Dirección y teléfono de la Embajada de Alemania acreditados en la Cancillería. Guía Diplomática de 1942

En el Archivo del MRE existe una carpeta con varias fojas que ponen bastante claro esta afirmación (*). Se trata del expediente 18/1936, siendo la nota que inicia el expediente un telegrama de Eduardo Labougle de julio de ese año (telegrama cifrado 979 del 15 de julio de 1936). El diplomático argentino informaba a su gobierno que los alemanes solicitaban eximición de impuestos para la futura adquisición de una residencia para su embajador.Thermann había sido "ascendido" durante ese mismo tiempo de ministro a embajador y probablemente quería premiárselo con una nueva y muy espaciosa casa.


Palacio Balcarce en la actualidad
Alemania adquirió el Palacio Balcarce en enero de 1937 por la suma de $300.000 pesos. El 13 de enero, el embajador von Thermann pedía formalmente por nota 4/37 que el Estado argentino eximiera al alemán del pago de los impuestos relacionadas a la transferencia del inmueble y demás impuestos nacionales. El gobierno de Hitler pedía un tratamiento recíproco al recibido, meses antes, por Argentina cuando el Palacio Staudt, donado por el empresario homónimo, pasó a ser sede de la representación argentina en Berlín. Dicha exención fue otorgada por el Ministerio de Hacienda, aunque según consta en el expediente 818/H/1937 de la Administración General de Contribución Territorial de la Nación, el dueño anterior, señor José González Balcarce, fue notificado para cancelar dos cuotas de impuestos adeudadas.
Según el mismo expediente mencionado, la valuación fiscal al momento de la venta era de $520.000 (circunscripción 20, partida 1784).

En todas las fojas del mencionado expediente se aclara que la propiedad se adquiere para uso de residencia del embajador.

Ambos edificios, tanto el del Banco Germánico, sede real de la embajada, como la residencia del embajador en Quintana 161, siguen en pie y en excelentes condiciones de preservación.

En 25 de mayo 145 (o Alem 168) funciona una dependencia del Ministerio del Interior. En Quintana 161 funciona un restaurant y la sede del Centro de Oficiales de las Fuerzas Armadas.

El COFA, en su sitio de internet, nos ilustra un poco sobre la historia del Palacio Balcarce: “La casa fue propiedad del Sr. José González Balcarce y de Dña. Rosa Aguirre Anchorena de Balcarce, quienes iniciaron su construcción en 1913 finalizándola en 1916 bajo proyecto del Arquitecto británico Walter Basset Smith. Su diseño se inscribe en la Arquitectura Ecléctica, en boga en nuestro país entre los años 1880 y 1940 en los que este adquirió su conformación europeizada. Los González Balcarce constituían una familia de nobleza patricia, estando relacionada con el Gral. San Martín, quien fuera padrino de bautismo de Don José Patricio González Balcarce, padre del primer propietario de este solar. Esta casa, aproximadamente 20 años después, fue adquirida a sus primeros propietarios por la República de Alemania para residencia de su Embajador. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la Argentina se incautó del edificio. Esta construcción, de estilo Eduardiano se conserva dentro de sus características originales, siendo un reducto de refinado gusto estético, complementado con los adelantos del confort moderno.”


Y hablando de oficiales argentinos de las FFAA, nos cuenta Uki Goñi en su libro “Perón y los Alemanes”: “El 31 de mayo de 1945 (…) funcionarios británicos y estadounidenses fueron invitados a la apertura de la residencia del embajador alemán en la calle Quintana 161 (…) Nosotros ya estuvimos adentro anoche, susurró sorpresivamente uno de los diplomáticos argentinos en el oído de un colega cuando iban entrando en la residencia… Había un fichero que guardaban los alemanes con tarjetas individuales anotando las concurrencias de los visitantes argentinos de la embajada. Noté que habían sido removidas varias tarjetas, obviamente la de los militares argentinos que alguna vez habían sido huéspedes de la embajada”.

Muchos de esos huéspedes gobernaban la Argentina en ese momento, y hubiera sido bastante molesto que se hallaran sus nombres en el fichero mencionado.
Thermann debió retornar a Alemania en febrero de 1942 luego de verse envuelto en un escándalo de espionaje y actividades impropias de un diplomático; algo que narro estensamente en mi libro "Nazis en las sombras". El Tercer Reich ya no tuvo un embajador. Otto Meynen, encargado de negocios y segundo de Thermann, se hizo cargo de la representación. Meynen y su mujer Margret vivían sobre la calle R. de Elizalde.

Con respecto al hermoso edificio del Banco Germánico podemos decir que está ubicado en plena city porteña, justo donde la vieja y angosta calle 25 de mayo se reúne con Bartolomé Mitre, apenas a unos 150 metros de la Casa Rosada. Una edificación prolijamente revestida en granito y piedras calcáreas. El estilo de marcada influencia alemana y un aire art déco son inconfundibles, aunque para los distraídos transeúntes no sea muy diferente a los interminables edificios centenarios del centro de Buenos Aires. El talentoso arquitecto alemán Ernesto Sackmann fue el encargado del proyecto del Banco Germánico, inaugurado finalmente en 1928. El mismo hombre que realizó algunas otras obras características del centro porteño también relacionadas a la comunidad teutona, como el edificio Lahusen o el Banco Transatlántico. Sackmann aprovechó astutamente la barranca donde se hallaba antiguamente el Río de la Plata, dando origen así a un edificio de ocho pisos sobre la calle Alem y uno de cuatro sobre 25 de mayo.

El Banco Germánico apenas ocupó el subsuelo, la planta baja, el primero y el octavo piso. El resto del enorme edificio, rebosante de bronce y provisto de elegantes escaleras con barandas de hierro forjado, sería destinado a oficinas de alquiler. Pero no cualquiera iba a poder rentar una oficina en aquel formidable lugar de más de 1900 metros cuadrados que los alemanes habían levantado en pleno corazón de Buenos Aires. El sexto piso fue prontamente ocupado por la entonces Legación de Alemania. Para el año 1933, el simpatizante nazi y miembro honorífico de las SS, Edmund von Thermann, se hizo cargo de dicha representación. Para ese momento, la legación no había alcanzado el rango de embajada. Desde su amplio despacho, Thermann comenzó cobijar en el edificio a todo tipo de organizaciones alemanas, siempre y cuando respondieran a los preceptos del hitlerismo, por supuesto. Aquella vieja estratagema que abogaba por la unión del partido y el Estado no tardó en manifestarse también en Buenos Aires; el NSDAP, el partido nazi local, pronto se instaló apenas unos metros por debajo del Thermann. El listado de organizaciones alemanas (totalmene dominadas los por los nazis) que funcionaba en 25 de mayo 145 es realmente muy amplio.
 
(*) Agradezco a Marcia Ras, docente UBA, por el trabajo en archivo del MRE.
  




Revista Legado (Archivo General de la Nación). Edición especial sobre el nazismo

La revista Legado, que es editada por el Archivo General de la Nación, acaba de lanzar una edición especial sobre el nazismo en Argentina. En la misma hay dos artículos de mi autoría. También escriben: Daniel Schávelzon, Omar López Mato, Raanan Rein, María Teresa Fuster, entre otros.

La revista puede descargarse en formato PDF haciendo click aquí

Nazis en Argentina
(Por María Teresa Fuster)

Conversos y fanáticos
(Por Omar López Mato)

El joven judío y el cura antisemita: La polémica
entre Carlos Corach y el padre Julio Meinvielle
(Por Raanan Rein)

Los conflictos obreros en la prensa nacionalista:
Itinerarios de un acercamiento ambiguo al mundo
del trabajo
(Por Mariela Rubinzal)

El hombre que lo hizo posible: Rudolf Hepe
Una historia oculta sobre el Graf Spee
(Por Julio B. Mutti)

Papeles en la piedra: Imágenes del Tercer Reich en
el registro material de un sitio arqueológico de la
provincia de Misiones

(Por Daniel Schávelzon y Ana Igareta)

El equilibrista: Eduardo Labougle, embajador
argentino en la Alemania nazi
Nazis en Argentina
(Por Julio B. Mutti)

Fotografía de tapa:
Fascismo en Alemania.
Archivo General de la Nación (Argentina). Departamento
Documentos Fotográficos. Inventario 1631.


Berko

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Hace muy poco tiempo pude conocer el rostro de uno de los principales espías alemanes que operaron en Argentina durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. El bisnieto de Hans Napp, quien leyó de las andanzas de su pariente en mi libro “Nazis en las sombras”, tuvo la amabilidad de contactarse y, entro otras cosas, aportar su fotografía. Fue realmente importante poner un rostro a la historia de “Berko”, ya que su imagen me resultó esquiva tanto en los registros argentinos como estadounidenses.
Hans "Berko" Napp, varios
años luego de la guerra

Hans Napp, llegado a la Argentina en 1921, fue uno de los primeros espías reclutados por el Abwehr a comienzo de la Segunda Guerra Mundial en ese país. Para 1941, dada la exposición mediática que tenía el jefe del grupo de espionaje, Ottomar Müller, Napp fue designado para crear un nuevo equipo completamente independiente. Una de las especialidades de sus hombres fue el espionaje portuario.

Así, el nuevo grupo de Napp se alojó en unas oficinas de la calle Reconquista 331, en pleno centro porteño, al amparo de una dudosa firma comercial por él creada. DIN (Deustche International Norm).

Los agentes del Abwehr eran dirigidos desde la cercana Embajada de Alemania, más precisamente por el agregado nava capitán Dietrich Niebuhr, el hombre más importante de la organización de espionaje alemana en el Hemisferio Occidental.

Para noviembre de 1942, la caída de las redes de espionaje alemana en Brasil puso en evidencia a los hombres de Napp, quienes terminaron tras las rejas. Incluso Niebuhr, el responsable tras bambalinas, terminó expulsado luego de ser incriminado por los documentos secuestrados en Reconquista 331. La primera etapa del espionaje del Tercer Reich en Argentina había terminado.    

Reconquista 331

Historias de nazis en Villa Ballester; parte II

Julio B. Mutti 
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Hace un par de años, aproximadamente, subí a este blog un interesante artículo sobre los nazis en la localidad bonaerense de Villa Ballester. Con el correr de los meses, dicho artículo se convirtió en uno de los más leídos del sitio. La cantidad de lectores fue tal que esta segunda entrega, más extensa y reveladora que la anterior, ha sido largamente nutrida, al menos en parte, por testimonios e informaciones que los mismos vecinos de Ballester me han hecho llegar con el correr del tiempo. De todas maneras, todo lo que aquí se dirá tiene el debido respaldo documental.

El presente artículo resulta demasiado largo para un blog, ya lo sé. Pero el material es tanto que podría incluso escribir una tercer parte. Dos conclusiones iniciales: 1. Hay mucho más por contar 2. Vale la pena llegar hasta el final de este largo post. Hay muy buenas fotografías e información sobre un tema que parece estar bajo siete llaves.

No debemos olvidar, claro está, que esta hermosa localidad del norte bonaerense fue una de las preferidas entre los alemanes que deseaban echar raíces largas y duraderas en Argentina. Pero eso fue mucho antes de que el germen hitlerista se esparciera entre las comunidades germanas establecidas a lo largo y ancho del globo. 

Nota importante: La aclaración surge del comentario de un joven vecino de Ballester que aportó datos importantes. “¿Fue mi vecino responsable del exterminio de judíos?” dijo el joven, algo confundido. 
Ser un ciudadano alemán radicado en Argentina durante la década de los treinta era equivalente, en la gran mayoría de los casos, a pertenecer a cualquiera de las múltiples y heterogéneas organizaciones nazis, o penetradas por los nazis, que existían en el país. Es más, era casi una cuestión de ser o no ser. Y me viene ahora a la memoria el episodio de un pobre sastre alemán radicado en Lanús, quien osó desafiar al partido nazi local. El feroz boicot al que fue sometido, y que casi lo dejó sin clientela, lo obligó a enlistarse a toda velocidad en la pequeña célula del partido de la vecina localidad de Gerli. De inmediato comenzó a lloverle trabajo nuevamente. 

Con esto quiero demostrar que si un alemán era nazi o pronazi en los años treinta y cuarenta en Villa Ballester, no era algo que salía mucho de lo común. Estoy seguro de que muchos hasta fingían ser nazis para no ser discriminados dentro de la comunidad. Y esto nada tenía que ver con ser un criminal o algo parecido. ¿Puede endilgarse a esa gente comulgar con discursos antisemitas, discriminar judíos empleados en empresas locales, intentar educar a los niños según la doctrina nacionalsocialista y defender un régimen totalitario? Por supuesto que sí, pero nada más que eso. ¿Algún otro fue espía o escondió a un marino fugado del Graf Spee? También. Pero no mucho más. Así que no alimentemos las fantasías colectivas.
Los nazis que vinieron después de la guerra son de otra historia. Aquí vamos a hablar de nazis radicados en Ballester desde antes de la Segunda Guerra Mundial

Pasemos ahora a lo bueno:

El callejón de los nazis

Esta pequeña historia nació con la sorprendente revelación de Jerónimo, vecino de la calle Lafayette, a quien agradezco el haber compartido su pequeño secreto conmigo. El muchacho conoció hace tiempo a un viejo vecino, quien a su vez había comprado con anterioridad una casa ubicada en un enorme lote sobre Lafayette, casi llegando a la esquina de Aristóbulo del Valle.
El vecino de Jerónimo tenía una buena historia para contar. Al parecer, el hombre había comprado la casa a un precio irresistiblemente bajo; el dueño original tenía interés en vender con premura la propiedad y radicarse en Córdoba. El comprador de la casa siempre supo que el dueño original era un nazi, así estaba sindicado en el viejo Ballester, como tantos otros. Perdida la guerra y caídos algunos camaradas en desgracia, el hombre tenía apuro por largarse. La sorpresa llegó un par de años después. Hurgando en el viejo sótano, el nuevo dueño halló una inesperada sorpresa: descubrió una red de pasadizos y escondites, también una pared falsa con una habitación detrás; desde allí nacía un pasadizo que conducía a un túnel, que a su vez llevaba hasta donde ahora es la casa de Jerónimo...

Lafayette 371 (vieja numeración) era la casa de Paul Wellmann, miembro del partido nazi (número 3.758.529) desde el 1 de noviembre de 1936, nacido en Stadtoldendorff el 15 de junio de 1879. Y si algo he aprendido durante estos años de investigación, es que no es extraño que los nazis en Argentina enterraran algunas cosas. Más allá de que el mito popular decía ya en esos años que ocultaban armas, en realidad escondían material de propagandas, panfletos y las listas de los camaradas del partido. 
No debe haber sido muy difícil para Wellmann el diseñar su extraño búnker subterráneo, ya que, según los registros del Frente Alemán del Trabajo, se trataba de un experimentado técnico en construcciones; en otras palabras, un albañil. 

Pero la calle Lafayette da para mucho más en materia de viejos nazis. Lamento ahora decepcionar a los vecinos de la localidad que creían que las fotos de los actos nazis de los años treinta (ver la primera fotografía pequeña que acompaña este artículo), publicados en mi post anterior, fueron tomadas en el actual local de la Coral Alemana de Villa Ballester, ubicado hoy frente a la plaza Mitre. Si efectivamente se trató del local de la Coral, cosa que es bastante posible, estoy en condiciones de afirmar que, para los años en cuestión, dicha organización se hallaba en la esquina de Lafayette y Rivadavia (actual Agüer). Entiendo que ese edificio, a cargo de un tal Federico Pudlich, según los registros centrales del partido nazi, ya no existe. Pudlich vivía en Libertad 55, San Andrés, y era Volkdeutsche, nacido en argentina. De todas maneras, el hombre pertenecía al Frente Alemán del Trabajo, luego Unión Alemana de Gremios. La primera asamblea general del Coro Masculino Alemán se realizó allí el 14 de enero de 1926. Según pude averiguar, de ella participaron catorce coreutas que eligieron a su primera comisión directiva bajo la presidencia del mismo Pudlich. Entre los años 37 y el 38 lo reemplazó Franz Höll, alemán y también miembro de Frente, calle Mitre 740; luego volvió al ruedo Pudlich. Herbert Wagner era otro hombre que figuró como dirigente del coro de hombres.

Pero la esquina de Lafayette y Rivadavia tiene más para contar, mucho más.

Acción Argentina fue una organización creada en 1940 con el objetivo de promover el ingreso de Argentina a la Segunda Guerra Mundial del lado de los Aliados. Fue disuelta por el gobierno militar de Ramírez en 1943. Un par de años antes, se dedicó a promover denuncias en contra de elementos nazis que operaban en diferentes localidades. Por ejemplo, en 1941 denunciaron, ante la Comisión Investigadora de las Actividades Antiargentinas de la Cámara de Diputados, al bar que estaba ubicado en la misma esquina de Lafayette y Rivadavia. El viejo edificio, con estrada por ambas calles, todavía existe. La denuncia decía textualmente: “Bar: situado en la calle Lafayette y Rivadavia. También posee cancha de bolos y continuamente amplían su local. Posiblemente, en este negocio, la concurrencia sea más netamente nazi, asistiendo muy pocos argentinos. Decían que en este bar trabajó un marinero (seguramente prófugo) del Graf Spee.” La historia del bar, de dueños alemanes, que ya de por sí parecía bastante verosímil, fue corroborada por un vecino que creció a treinta metros de esa esquina, y quien también recordó a la almacén de los Trapp, que se ubicaba juste enfrente. “Zum Deutschen Eck” (a la esquina del alemán), se leía en grandes letras justo encima de la ochava del bar. Emil Veit era su dueño, mejor conocido por don Emilio. Y vaya si esa esquina era totalmente alemana en todas las direcciones posibles...


Para agregar algo más sobre los marinos del Spee, el 26 de noviembre de 1942, la Policía Bonaerense realizó un allanamiento en la calle San Luis 356, Villa Ballester. Allí, justo al lado de la casa de Otto Franke, a quien al final del trabajo nos referiremos, al parecer se escondían dos prófugos de la tripulación del acorazado: Otto Rackebrand (Musikmaat de la III- Unteroffiziere, es decir miembro de la orquesta del barco) y Georg Schwalbe (Matrosenobergefreiter de la I División). Tal vez alguno de ellos era el que trabajaba para don Emilio Veit.

El viejo bar “Zum Deutschen Eck” hoy, Lafayette y Rivadavia 
A pocos metros de allí también seguía la lista. En Lafayette 164 vivía el ingeniero Georg Gniesmer, miembro del partido número 3.591.842, nacido en Hannover en 1894. Su vecino era Antonio Kirchlechner, un carpintero afiliado al Frente Alemán del Trabajo. La casa de Lafayette 173 (o 163, no está muy claro), justo frente al ingeniero, era de Gerhard Skawran, miembro del partido número 3.773.756, nacido en Görlitz en 1909. Cruzando Rivadavia vivían Martin Hachmann, Lafayette 51 (actual altura 2900), de profesión calderero, y justo al lado, en el número 63, Teodoro Hennig. Ambos eran miembros del Frente Alemán del Trabajo, organización liderada por el acérrimo nazi Erwin Schriefer.

El aeródromo perdido

¿Hubo alguna vez un aeródromo en Villa Ballester? No está claro si fue un aeródromo o un trozo de tierra con un par de galpones. Pocos lo recuerdan y su ubicación puede ser un verdadero misterio; sin embargo, de alguna manera los alemanes montaron un club de planeadores a fines de los años treinta en Ballester. Le pusieron “Cóndor”, justo como al famoso otro club de planeadores que las organizaciones nazis montaron en Astra, cerca de Comodoro Rivadavia. Así lo demuestra de manera incontrastable un parte policial de 1942. ¡Al parecer, algún investigador exagerado pensó que los nazis pensaban adiestrar pilotos de combate en plena Ballester! Denuncia de por medio, la Policía Bonaerense, acompañada de los diputados Solari y Caggiano, allanó el lugar el 1 de noviembre de 1942. Aquí el texto del acta: “VILLA BALLESTER (San Martín Seco. 2da.)... en el día de la fecha se constituyeron en el aeródromo del "CONDOR CLUB DE PLANEADORES" donde según una denuncia se adiestrarían pilotos alemanes que posteriormente serían enviados a su país a de origen para incorporarse a las fuerzas combatientes. Efectuada una ligera inspección en presencia del secretario del club D. Otto Bechler, constatose que en el campo utilizado para maniobras de planeadores hay solamente un galpón de regulares dimensiones donde se guardan los tres aparatos con que cuenta la institución para la práctica del vuelo sin motor, y una pequeña casilla destinada a vestuario de los socios. En ésta se observa la existencia de un libro de control del trabajo de los socios escrito en idioma alemán, revistas de propaganda alemana y varios planos para la construcción de un determinado modelo de planeador. Estos planos fueron recibidos de Berlín, según propias manifestaciones de Bechler, teniendo sus referencias escritas en idioma alemán, con la particularidad de que en cada uno de ellos se observa la inscripción N.S.F.K. (Iniciales del "NAZIONAL SOZIALISTISCHES FLIEGER KORPS" - traducido: "Cuerpos de Aviadores Nacional-Socialistas"), es decir que los aparatos que construyen los socios del "Cóndor Club" son similares a los que utiliza actualmente en los respectivos cuerpos especializados el Ejército Alemán. Todas las personas que se hallaban presentes, en número de quince más o menos son alemanes o descendientes de alemanes y vestían un uniforme consistente en over-all blanco con une insignia del club, y dos de ellos con el distintivo de pilotos aviadores alemanes además…” “…identificaron al secretario Bechler como a un activo militante "nazi", procesado no hace mucho tiempo por el Juez de Instrucción de la Capital Federal Dr. Vásquez y por cuanto en la denuncia que poseían, origen de esta diligencia, se dice que el club de referencia es en realidad una organización militarizada integrada por miembros del disuelto Partido Nacional Socialista Alemán de la Argentina.” 

Bechler, efectivamente procesado antes del golpe de 1943 junto a otros prominentes miembros del NSDAP argentino, vivía en el barrio de Belgrano, calle 3 de febrero 2264.

Sólo hallé un vecino lo suficientemente memorioso como para recordar el campo de planeadores, y fue por la referencia de un poblador aún más antiguo: Según Oscar Farías, el campo de planeadores estaba en las inmediaciones de la avenida Márquez, cerca del antiguo club alemán. Así se lo hizo saber hace treinta años un viejo poblador de Ballester. Luego se habría trasladado a Zárate.

Acta del procedimiento en el "aeródromo"

La casa en la calle Rivadavia, entre Balcarce y General Roca

Es indudable que muchas de las denuncias que llegaban a las autoridades argentinas eran al menos exageradas. Los partidarios de Hitler de Villa Ballester practicaban el proselitismo político y boicoteaban ferozmente a sus paisanos que no comulgaban con el nazismo, es cierto. Pero si no se mezclaban en el espionaje o se comprometían demasiado con el partido o el Frente Alemán del Trabajo, lejos estaban de verse envueltos en algún asunto demasiado comprometedor. 

Una pequeña casa de Rivadavia 381/3, “refaccionada y con garaje”, entre otras del barrio, fue una de las denunciadas como un centro de reunión de los nazis en Villa Ballester. Según el denunciante anónimo, los nazis que allí se reunían todos los miércoles a las 20 hs. estaban haciendo acopio de armas de fuego, y hasta se podían oír los disparos de práctica. “Vivo en Villa Ballester (decía el vecino), centro reconocido nazista. Aquí prosperan estos espías al ampro de las autoridades…” Aunque no los nombraba, en esa casa vivían Willy y Federico Blocher. Los Blocher eran comerciantes, y Federico figuraba en las listas negras de firmas y empresarios bloqueados por el Departamento de Estado norteamericano en el año 1945, por ser sospechados de comerciar con las potencias del Eje.

La denuncia anónima contra los Blocher iba acompañada de un singular croquis

El colegio Bismarck

Ese fue el primer nombre del Instituto Ballester. En aquellos años, no se encontraba dónde está hoy, sobre Rivadavia - Aguer; su primera sede quedaba en la calle Lacroze 133 (actual Comercial Ballester). Uno de sus fundadores, Martin Lange, director desde 1930, no aparece en las viejas listas del partido nazi. De todas maneras, era miembro de Frente Alemán del Trabajo y fue retratado varias veces posando con el “Orstgruppe Villa Ballester”, es decir junto a los miembros de la célula local del partido nazi (ver fotografía siguiente, Lange en la extrema izquierda, de traje gris). En la cámara de diputados sobreviven fotografías de la vieja sede del colegio halladas en casa del vecino Otto Franke; se realizaba el saluda nazi en los actos y se contaba a menudo con la presencia de personajes del partido o la embajada. El colegio era subsidiado desde la misma Embajada del Tercer Reich. 







En 1940 se produjo un procedimiento policial en el colegio; era promovido por la Dirección General de Escuelas de la PBA. La realidad y los documentos demuestran que la institución no se había amoldado a los decretos del año 1938, que obligaban a los colegios alemanes (más de doscientos dependían de la embajada en todo el país) a seguir una serie de pautas relacionadas al idioma, los símbolos y la enseñanza nacional. En realidad, podríamos agregar mucho más sobre el bochornoso asunto de los colegios, sin embargo, no es el espíritu de este artículo. Además, creo que la institución mencionada aún presta un gran servicio a la comunidad de Ballester y nada ganaríamos escarbando demasiado en un pasado que pertenece a gente que ya no está. Quien quiera ahondar más sobre el asunto de los colegios puede leer mi libro “En el ojo del huracán”; el embajador argentino en Berlín solía enviar innumerables denuncias secretas a la Cancillería relacionadas el proceder de estos colegios sobre la educación de chicos nacidos en argentina. Molestaba especialmente al embajador Labougle cuando un maestro era enviado desde Alemania a la Argentina sin siquiera hablar el español.

El Memorándum de la Policía Bonaerense decía textualmente: “El 30 de octubre de 1940, a consecuencia de un intimación hecha por la Dirección General de Escuelas de esta Provincia, al colegio incorporado germano-argentino con sede en la calle Lacroze 133 de Villa Ballester (San Martin), con motivo de tener en su hall un busto del ex-canciller del Imperio Alemán, Bismarck, como así también cuadros de héroes alemanes, se dispuso practicar una averiguación al respecto, comprobándose que tanto el busto, como los cuadros motivos de la intimación de que fuera objeto, habían sido sacados, y que el nombre del colegio se hallaba escrito en castellano.” 

Las relaciones entre las instituciones educativas de la zona y el partido quedaron de manifiesto gracias a la publicación de la revista, órgano del partido nazi, Der Trommler. En su número 87 del año 1936, en la página 60, relata la fiesta de “inauguración” de la agrupación escolar de Villa Ballester, que contó con la presencia del director de los grupos del país del NSDAP, Pg. (sigla que se usaba para referirse a camarada o miembro del partido) Küster, y el representante de la Embajada del Tercer Reich Keipert.

A continuación el revelador artículo del diario El Día de La Plata sobre el Colegio.


Fotografía del colegio hallada en poder de Otto Franke, miembro del partido nazi detenido en Ballester por breve tiempo en 1942. La esvástica era la bandera oficial de Alemania, pero además, en los actos, se hacía el saludo nazi con el brazo derecho extendido. 



Fotografías del colegio Bismarck. La primera fue publicada en mi libro "En el ojo del huracán"
junto a una del edificio original de la calle Lacroze 133

La misteriosa casona ¿parda? de la calle Independencia

Las denuncias de Acción Argentina y de algunos vecinos alarmistas siguieron llegando a las autoridades argentinas. Indiscutiblemente, y de acuerdo a los mismos archivos de los alemanes, la sede del partido y el Frente Alemán del Trabajo de Villa Ballester estaban en la calle Independencia 678, actual 5662. Hoy en día funciona allí, en un edificio de construcción más moderna, un gimnasio de nombre Winkel. El registro catastral de la Municipalidad de San Martín confirma esta afirmación. 

De acuerdo a lo que cuentan algunos viejos vecinos, se erguí allí una vieja casona donde los nazis se reunían cada semana; sin embargo, fue infructuosa hasta ahora la búsqueda de fotografías, al menos de su fachada exterior. Pienso que las fotografías del anterior artículo publicado en este blog sobre Villa Ballester, que para muchos era de la Coral alemana, podrían ser del interior de ese viejo edificio. O tal vez del viejo edificio de la Coral. Vale la pena mencionar que a partir de 1938 el partido nazi fue prohibido en Argentina, y que lo alemanes cambiaron el nombre de la organización por el de “Círculo Alemán de Beneficencia y Cultura.” 


Revista "El alemán en Argentina" informa dirección del Frente Alemán del Trabajo en Independencia 678. Incluye los horarios de atención.



Lo que es seguro es que allí funcionaba el principal centro de reunión de los nazis en Ballester. Para 1940/41, Hans Jürgen Wolff-Wösten (miembro del partido número 3.454.066, nacido en Koblenz) era el líder del Orstgruppe V. Ballester, vivía en la calle San Lorenzo 164 y antes había vivido en Belgrano 138, pero con toda seguridad tenía su despacho en Independencia 678. 

En la misma cuadra vivía, aparentemente, otro nazi muy conocido. El médico Ernesto Carl había sido también denunciado por Acción Argentina. Se dice que desempeñaba la función de comisionado escolar del distrito de San Martín. De todas formas, no hay muchas informaciones sobre él. Acción Argentina denunció: “Es argentino pero no puede negar su origen. Vive en la calle Independencia 623. Durante la gobernación de Fresco (un nazi a la criolla) ocupó el cargo de comisionado escolar, designación que fue criticada por la opinión general. Instaló dos comedores escolares, empleando a todo elemento extranjero y trayendo la comida del colegio alemán de la calle Lacroze (ya mencionado), entre Alvear y Lavalle. Tuvo que renunciar antes de terminar su cometido por las censuras del vecindario.”

Pero, según dicen algunos, y así lo creo también, el nazi más importante de la calle estaba una cuadra antes, en Independencia 574/6. Se trataba del hombre denunciado en el recorte periodístico del diario El Día que se puede leer en mi anterior artículo sobre Ballester: Leder Ludevoin, que, en realidad, no era otro que Jan Ludewig. Vaya uno a saber cómo llegaron a deformar tanto su nombre en la prensa de aquella época. Ludewig era uno de los primeros miembros del Landesgruppe argentino, formado por un puñado de fanáticos en 1932. El vecino de Ballester había entrado al partido el 1 de mayo de 1933 y le fue asignado el número 1.756.813. Había nacido en Münster, el 11 de septiembre de 1895. Su esposa Úrsula era de origen polaco. 
Sobre los otros nazis mencionados en el recorte de El Día, que pertenece al 1 de octubre de 1940, llamados Oppel y Adolfo Napp, poco se sabe. AA dijo de los Napp, que al parecer eran parientes lejanos del espía Hans Napp, según me dijo su bisnieto, lo siguiente: “La familia Napp, que vive en la calle América 110, algunos de ellos han cometido actos terroristas, en compañía con elementos jóvenes de la localidad.” Seguramente otra exageración.

Fragmento del artículo del diario El Día
que publiqué hace dos años.

El dentista Engelland, delegado de la UAG – Frente Alemán del Trabajo

En la calle Paraná 686, en casa del dentista Wilhelm Engelland, miembro del Frente Alemán del Trabajo, la policía halló, entre muchas otras, una fotografía del grupo local del partido. Los numerosos alemanes allí retratados iban vestidos con uniformes similares a los de las tropas de asalto S.A. La fotografía fue tomada del archivo de la Cámara de Diputados, CIAA. 

Otras de las fotografías halladas fueron motivo de un examen técnico por parte de la policía, ya que las autoridades sospechaban del grado de detalle que las mismas mostraban sobre un gran incendio producido en 1933, que específicamente afectó los tanques de la Compañía Nacional de Petróleo en Campana. También se hallaron fotografías del Graf Spee, envuelto en llamas, del Club de Planeadores de Astra, de Comodoro Rivadavia, y del transatlántico alemán Monte Cervantes hundiéndose en aguas patagónicas, entre otras.


Fotografías sospechosas del incendio
Engelland era un nazi comprometido, y, de acuerdo a ciertos papeles hallados en su poder, se dedicaba a entregar informaciones en la sede central de la UAG, en la calle Alsina al 1200 de la capital, sobre ciertos compatriotas trabajadores que no se mostraban lo suficientemente nacionalsocialistas. Por ejemplo, denunció en 1941 a un tal Tyran, de la “casa Fanal”, un alemán no nazi, ante la organización de los trabajadores nacionalsocialistas. Y se aseguró que esa información llegara al reconocido líder del partido Heinrich Volberg.

Engelland también tenía alguna relación con el Hogar Funke de Torquist, ya que se halló en su poder un fichero de esa institución. En algún momento volveremos sobre el caso del Hogar Funke…



También se allanaron en Ballester, en ese mismo año de 1942, los domicilios de Otto Franke, calle San Luis 328, y de Hermann Wurzel, Alvear 926. Franke, viejo miembro del partido desde 1934 (número 3.591.846) tenía enorme cantidad de fotografías del colegio Bismarck de Ballester. Algunas damos a conocer en este artículo. El berlinés Wurzel había entrado un poco más tarde, en 1938 (número 6.990.835). 

Fotografía hallada en casa de Engelland.
Las autoridades creyeron que fue tomada en Villa Ballester, lugar desconocido

Der Trommler

Hemos mencionado fugazmente a la revista Der Trommler, “el tamborilero” en castellano. Se trataba de la principal publicación del partido nazi en Argentina. Era obligatorio para los miembros del partido suscribirse, y su editor, Alfred Müller, detenido en el año 1939, llegaría a ser el jefe del partido nazi en Argentina. Para que nos demos una idea de sus contenido, las primeras 10 páginas eran siempre dedicadas a discursos e instrucciones que Adolf Hitler impartía a sus volk esparcido por el mundo. Por supuesta estaba íntegramente redactada en alemán. Dicha revista, tenía una sección de publicidad donde los varios comerciantes alemanes de Ballester colocaban sus avisos:

Revista Der Trommler. N° 208, página 79. 05/05/1941

El Frente Alemán del Trabajo también tenía su revista, que también repleta de adoctrinamiento nazi; su nombre era “El alemán en argentina”. Allí también publicitaban los comerciantes de Ballester.

Revista "Der Deutsche in argentinien", septiembre de 1942, página 378.

Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester

Fundada en 1924 por trece alemanes. De los fundadores, parece que los nazis más convencidos eran: Friedrich Fastner, Paraná 486, era uno de los miembros más antiguo del partido en argentina, ya que había ingresado en 1933 (número 1.631.154), y Karl Ratzlaff (número 4.678.846). De los otro once, solo los ya nombrados Kirchlerchner, de la calle Lafayette, y Martin Lange, el maestro, aparecen en los listados del Frente Alemán del Trabajo como afiliados.
Me gustaría saber quién fue el presidente durante los años más fuertes del nazismo, pero ni siquiera pude averiguar si en sus antiguos terrenos de Malaver funcionaba el aeródromo “perdido”. El club perteneció a la Federación Alemana de Cultura Física, que era regenteada desde la calle 25 de mayo 145, pleno centro porteño, es decir desde la sede central del partido nacionalsocialista. El encargado de esta federación era un nazi del barrio de Belgrano llamado Alfonz Vogen.





Fuentes de información:

*  Nazi Party Membership Records: SUBMITTED BY THE WAR DEPARTMENT TO THE SUBCOMMITTEE ON WAR MOBILIZATION OF THE COMMITTEE ON MILITARY AFFAIRS UNITED STATES SENATE. Marzo de 1946, Parte I.
* Archivo de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación. Comisión Investigadora de las Actividades Antiargentinas.
* Hemeroteca del Congreso de la Nación
* Vecinos de Villa Ballester
* Municipalidad de San Martín
* Revista Der Trommler
* Revista Der Deutsche in Argentinien
* Policía de la Provincia de Buenos Aires (Archivos en el AHCDN)
* AGN
* Gentileza fotografías del Orstgruppe Villa Ballester y Sociedad Alemana de Gimnasia: Juan Aversa



Entrevista en Tenemos Historia

Hace unos días estuve presentando el libro "En el ojo del huracán", que cuenta la misión en Berlín de Eduardo Labougle, en el programa de radio Tenemos Historia. El conductor es Emilio Perina, actual director del Archivo General de la Nación, y lo acompaña el Dr. Omar López Mato. 
Aquí la entrevista completa:



La prehistoria de Horst Carlos Fuldner

Julio B. Mutti 
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Prohibida la reproducción de texto o fotografías sin autorización expresa del autor


Horst C. Fuldner; el fugitivo

Horst Carlos Alberto Fuldner, SS Hauptsturmführer (capitán) nacido en Buenos Aires e hijo de alemanes radicados en Argentina, fue una pieza clave de la inmigración ilegal de criminales nazis y croatas que llegaron a ese país sudamericano durante el primer gobierno de Perón. Un hecho que no es ninguna novedad, por supuesto. 

Durante mi investigación para el libro “En el ojo del huracán”, de reciente aparición, me topé con una vieja carpeta entre las cajas de División Política del Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. “Horst C. Fuldner”, en grandes letras, eran las palabras que llamaron mi atención en la portada. La información que contenían esas viejas y amarillentas páginas resultaron ser muy anteriores al conocido y lucrativo empleo de “reclutador” de criminales nazis que Fuldner consiguió en la posguerra. 

Fue asombroso encontrar dentro del expediente el pasaporte original de Fuldner emitido por el gobierno del Tercer Reich; de hecho, lo tuve en mis manos por un buen rato. En 1935, diez años antes de regresar a Europa para salvar criminales de la horca, Fuldner, según la historia que contaban las viejas notas de la carpeta, intentó escapar de la garra asesina de la Gestapo. Es decir que fue perseguido y apresado, mientras intentaba fugarse de regreso a Argentina, por quienes más tarde necesitarían de su ayuda para sobrevivir…

Pasaporte alemán de Fuldner retenido en Lisboa
Horst Fuldner nació en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1910. Su padre, Hugo Fuldner, nacido en 1870 en Adorf (distrito de Waldeck), había emigrado a la Argentina en el año 1900. En 1922 toda la familia retornó a Alemania, más precisamente en Kessel, y en 1928 obtuvieron la ciudadanía prusiana, incluidos los la tres hijos nacidos en Sudamérica, según expediente A I A R 1059 A. (1)

Al parecer, el joven Fuldner era prometedor. Con apenas 24 años de edad se había convertido en director de una oficina administrativa de las SS. Sin embargo, según denunció el régimen nazi, el capitán cometió algunos ilícitos en el ejercicio de sus funciones: Fuldner había sido acusado de “fraude, ocultamiento y deslealtad.” 

Según informó Eduardo Labougle el 11 de noviembre de 1935 (2), Fuldner había notificado en 1931 a la Legación de Argentina que se negaba a realizar el servicio militar obligatorio en virtud de considerarse ciudadano alemán. Sin embargo, cuatro años más tarde, envuelto en un brete que podía costarle la vida, el joven nacido en Buenos Aires decidió recordar súbitamente su lejana tierra de origen.

La despechada esposa de Fuldner, de nombre Hanna Krauss, confesó a la Gestapo que, quince días antes de esfumarse en el aire, el joven capitán de las SS había hecho remitir el pasaporte argentino caduco a su domicilio. Luego, en el Consulado General de la República Argentina en Hamburgo, a base del viejo pasaporte, le fue entregado una nuevo y vigente. El trámite se había realizado el 14 de octubre de 1935. El 27 de ese mismo mes, Fuldner contemplaba sonriente la costa de Brasil desde la barandilla del vapor “Antonio Delfino” (Si, se trataba del buque bautizado con el nombre del armador armador que era socio de la Hamburg Südamerika y gran amigo de los nazis), creyendo que había logrado escapar de la Gestapo. Pero se equivocaba. Esa misma noche, otro transatlántico de la Hamburg Südamerika, que acababa de dejar el puerto de Bahía, se estacionó justo al lado del “Antonio Delfino”. Era el “Cap Norte”, que se dirigía a Alemania. El capitán Basse, mientras navegaba en las inmediaciones de Pernambuco, había recibido la orden directa de su gobierno de interceptar a al vapor que se dirigía a Buenos Aires y de capturar al fugitivo Fuldner. Pero los alemanes no contaron con un detalle. A bordo del “Cap Norte” también viajaba el cónsul argentino en Génova, el Sr. Roberto Tixis Massa, y un curioso y desconocido corresponsal de la United Press. Ambos hombres abordaron de inmediato al comandante del “Cap Norte”, interrogándolo acerca del extraño transbordo efectuado al amparo de la noche. El comandante mintió. Dijo que se trataba de un comerciante de origen alemán que, habiéndose declarado en quiebra, se disponía a fugar hacia Sudamérica. Al parecer, el desconocido corresponsal de la UP se hizo con la información de que el cautivo no era de nacionalidad alemana. El capitán Blauert, del “Antonio Delfino”, también mintió a la Prefectura al llegar a Buenos Aires; incluso dijo que el trasbordo se había efectuado por pedido del mismo capitán de las SS.


La realidad es que todo el asunto estalló en la prensa pocos días después, el 5 de noviembre. A instancias del hombre de la UP, los periódicos porteños comenzaron a denunciar que un ciudadano argentino, de nombre Fuldner, era conducido detenido, incomunicado y enfermo a bordo del “Cap Norte”, vapor que se disponía a amarrar en Alemania. Alertado por estas declaraciones, el Ministerio de Relaciones Exteriores comenzó a hacer las averiguaciones del caso. 

El 8 de noviembre, el cónsul general en Lisboa, Ramón. L. de Oliverira Cezar, envió un extenso y detallado informe a Saavedra Lamas, el ministro argentino de Relaciones Exteriores. La base del documento era la viva denuncia que el mismo corresponsal de la UP había presentado el día anterior en sus oficinas. Fuldner no era tonto. Había llegado en tren a través de Francia y España utilizando su pasaporte alemán, pues era mucho más sencillo hacerlo con esa nacionalidad. Al momento de embarcar en Lisboa rumbo a Buenos Aires, la cuestión cambió de especie. En esa oportunidad, se presentó ante Oliveira para que le visara su flamante pasaporte argentino otorgado en Hamburgo. El cónsul reprendió a Fuldner por tener dos pasaportes, es decir dos nacionalidades; sin embargo, apenas retuvo el alemán, el mismo que tuve en mis manos hace algunos meses, y visó sin más trámite el argentino (N° 340 serie E.03207 – válido solamente para trasladarse a la Argentina por ser infractor al servicio militar). El joven capitán de las SS tenía un ferviente deseo de “ser argentino”, informó el cónsul de Lisboa. El 17 de octubre embarcó hacia Buenos Aires.

El día 7 de noviembre, cuando el “Cap Norte” llegó a Lisboa con el cautivo entre los pasajeros, el corresponsal de la UP desembarcó a toda prisa para denunciar la situación de Fuldner. También dijo que había pedido verle y que se lo habían negado, y que pudo constatar que su nombre no se hallaba en los manifiestos originales. Tixi Massa, que también se dirigió a las oficinas del consulado en Lisboa, pudo corroborar la historia del correponsal. 


Al tiempo de recibirse la denuncia, poco pudo hacer Oliveira más que informar a Saavedra Lamas. El “Cap Norte” había partido ya a todo vapor hacia Vigo, su próxima escala. Por lo tanto, si los funcionarios argentinos querían salvar a Fuldner, le tocaba a la oficina consular de esa ciudad española realizar una intervención. 

El cónsul en Vigo era Oscar Gomez Palmes, quien confundió más la situación al declarar a la prensa que Fuldner era un criminal alemán que huía con pasaporte falso; algo que creo hizo por desconocimiento del asunto, ya que Oliveira fue muy escueto en su nota. De todas maneras, rápidamente Gomez Palmes envió una nota al jefe de la policía local, Gonzalo Lopez Silanes. El comandante del “Cap Norte” dijo la verdad al ser interrogado por los españoles; dio toda la información al comisario del puerto, reconociendo que Fuldner viajaba con pasaporte argentino y que estaba detenido por orden expresa de su gobierno. Sin embargo, se negó a estregarlo sin una orden expresa del Gobierno español. (3)

La acción parecía trasladarse hacia cada destino al que se dirigía el “Cap Norte” y su próxima parada, la ciudad de Hamburgo, sería la última; al menos eso creían los argentinos. (4) 

El día 12 de noviembre, el cónsul general en Hamburgo, Bartolomé Daneri, un hombre que simpatizaba regularmente con el régimen de Hitler, al menos si eso era lo que más convenía a sus intereses, envió su informe a Buenos Aires. (5) La novedad era que Fuldner había sido desembarcado en Bremerhaven, por “propio pedido”, y entregado a la Gestapo. Sin lugar a dudas, la policía secreto lo había hecho desembarcar en una escala no prevista para despistar a los argentinos. En el resto de las cuestiones, el capitán Basse colaboró sin problemas con Daneri, a quien relató algunos detalles de los hechos: Dijo que a la altura de Pernambuco había recibido un telegrama de directamente de la Gestapo, ordenándole preparar un bote y acercarse en la noche al vapor “Antonio Delfino”. Fuldner, al momento de ser apresado, invocó su nacionalidad argentina, exhibiendo para ello su pasaporte; a lo que el capitán del “Cap Norte” repuso: “Para mí usted es alemán; usted forma parte de las SS.” Siempre de acuerdo a la declaración de Basse, Fuldner envió varios telegramas desesperados a altos funcionarios de las SS, entre ellos al mismo Himmler, pero sin recibir respuesta alguna. Al verse en una situación desesperada, y temiendo a las represalias que pudieran suscitarse, el preso intentó suicidarse, diciendo ser acomodado en una sala de la enfermería del barco. Quedó totalmente incomunicado y no se le permitía salir a cubierta. No tenía dinero, y el mismo capitán debió prestarle 15 marcos para enviar los telegramas.

A partir de ese momento, los funcionarios argentinos parecieron olvidar por completo a Fuldner. Se desentendieron por completo de lo que pudiera sucederle. Los argentinos parecieron aceptar sin más la acusación de la Gestapo; “fraude, ocultamiento y deslealtad.” 

El Cap Norte
De alguna manera, y luego de haber pasado una buena temporada en la cárcel, Fuldner logró salir con vida de todo el asunto. De acuerdo al legajo de las SS, que no figura en el expediente del Archivo del MRE, y el cual pudo consultar el investigador Uki Goñi, el joven fue acusado de deserción de las SS, de robar su propio legajo, de apostar, de fugarse con dinero, entro otros cargos, lo que por supuesto le valió también la expulsión de la organización. Ya durante la guerra, actuó como intérprete en la División Azul española que peleó en el frente oriental.

Al parecer, su condición de argentino nativo, su fluido español y sus contactos en España, hicieron que la organización de Himmler volviera a incorporarlo a sus filas. En 1944, cuando era evidente que la guerra no terminaría bien para el bando fascista, Fuldner fue enviado a España como agente del servicio extranjero. Según los registros de la inteligencia estadounidenses, arribó a Madrid por última vez en marzo de 1945, llevando gran cantidad de dinero en efectivo, obras de arte y la idea de preparar la huida de algunos otros personajes del SD. En sus viajes anteriores se había enrolado en el conglomerado comercial Sofindus que controlaba intereses alemanes, del que fue expulsado por malversación. 

Los aliados intentaron apresarlo al final de la guerra, pero no tuvieron éxito. Estaba bien protegido en el país de Franco. 

Con Perón en el gobierno desde 1946, Fuldner no sólo encontró cobijo en su país de nacimiento. En 1947 comenzó con su lucrativo nuevo empleo en la Secretaría de Inteligencia, reclutado por Rudi Freude, y en la Dirección de Migraciones. Los Eichmann y los Mangele habían encontrado a su hombre. No contento con facilitar la llegada de aquellos nefastos criminales nazis, Fuldner fundó la empresa Capri en Tucumán, donde logró dar trabajo y protección a esos oscuros hombres gracias al generoso contrato público que le otorgó Perón.


(1) El gobierno alemán informó al argentino de esta situación a través de un memorándum fechado en noviembre de 1935, nota 390/35 “Reservada”.

(2) Telegrama cifrado N° 1384 del 11 de noviembre de 1935, Legación de Argentina en Berlín. Firmado Eduardo Labougle.

(3) Informes de la Embajada de Argentina en Madrid firmados por García Mansilla.

(4) En el archivo del MRE hay un largo memorándum del 13 de noviembre, donde la los consejeros legales informaban a Saavedra Lamas sobre el estado del caso. En el él resumía todo lo actuado hasta el momento. En la nota se abarca la cuestión legal de la ciudadanía, y se menciona, aunque lamentándose de que se trataba de un ciudadano que invocaba su origen argentino solo por conveniencia, que la Corte Suprema se había expedido al respecto en otras oportunidades, indicando que la ciudadanía argentina “nativa” no podía ser renunciada.

(5) Consulado General de la República Argentina en Hamburgo; Sección IV, nota N° 109. “Reservada y confidencial.”
Sobre Bartolomé Daneri y sus inclinación a las simpatías nazis ver: Mutti, Julio “En el ojo del huracán”. Olmo Ediciones, 2017. Sobre las maniobras del consulado en Hamburgo en las visaciones a judíos ver: Goñi, Uki. “La auténtica Odessa”. Paidós, 2002.