U-Boat Argentina

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La prehistoria de Horst Carlos Fuldner

Julio B. Mutti 
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Horst C. Fuldner; el fugitivo

Horst Carlos Alberto Fuldner, SS Hauptsturmführer (capitán) nacido en Buenos Aires e hijo de alemanes radicados en Argentina, fue una pieza clave de la inmigración ilegal de criminales nazis y croatas que llegaron a ese país sudamericano durante el primer gobierno de Perón. Un hecho que no es ninguna novedad, por supuesto. 

Durante mi investigación para el libro “En el ojo del huracán”, de reciente aparición, me topé con una vieja carpeta entre las cajas de División Política del Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. “Horst C. Fuldner”, en grandes letras, eran las palabras que llamaron mi atención en la portada. La información que contenían esas viejas y amarillentas páginas resultaron ser muy anteriores al conocido y lucrativo empleo de “reclutador” de criminales nazis que Fuldner consiguió en la posguerra. 

Fue asombroso encontrar dentro del expediente el pasaporte original de Fuldner emitido por el gobierno del Tercer Reich; de hecho, lo tuve en mis manos por un buen rato. En 1935, diez años antes de regresar a Europa para salvar criminales de la horca, Fuldner, según la historia que contaban las viejas notas de la carpeta, intentó escapar de la garra asesina de la Gestapo. Es decir que fue perseguido y apresado, mientras intentaba fugarse de regreso a Argentina, por quienes más tarde necesitarían de su ayuda para sobrevivir…

Pasaporte alemán de Fuldner retenido en Lisboa
Horst Fuldner nació en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1910. Su padre, Hugo Fuldner, nacido en 1870 en Adorf (distrito de Waldeck), había emigrado a la Argentina en el año 1900. En 1922 toda la familia retornó a Alemania, más precisamente en Kessel, y en 1928 obtuvieron la ciudadanía prusiana, incluidos los la tres hijos nacidos en Sudamérica, según expediente A I A R 1059 A. (1)

Al parecer, el joven Fuldner era prometedor. Con apenas 24 años de edad se había convertido en director de una oficina administrativa de las SS. Sin embargo, según denunció el régimen nazi, el capitán cometió algunos ilícitos en el ejercicio de sus funciones: Fuldner había sido acusado de “fraude, ocultamiento y deslealtad.” 

Según informó Eduardo Labougle el 11 de noviembre de 1935 (2), Fuldner había notificado en 1931 a la Legación de Argentina que se negaba a realizar el servicio militar obligatorio en virtud de considerarse ciudadano alemán. Sin embargo, cuatro años más tarde, envuelto en un brete que podía costarle la vida, el joven nacido en Buenos Aires decidió recordar súbitamente su lejana tierra de origen.

La despechada esposa de Fuldner, de nombre Hanna Krauss, confesó a la Gestapo que, quince días antes de esfumarse en el aire, el joven capitán de las SS había hecho remitir el pasaporte argentino caduco a su domicilio. Luego, en el Consulado General de la República Argentina en Hamburgo, a base del viejo pasaporte, le fue entregado una nuevo y vigente. El trámite se había realizado el 14 de octubre de 1935. El 27 de ese mismo mes, Fuldner contemplaba sonriente la costa de Brasil desde la barandilla del vapor “Antonio Delfino” (Si, se trataba del buque bautizado con el nombre del armador armador que era socio de la Hamburg Südamerika y gran amigo de los nazis), creyendo que había logrado escapar de la Gestapo. Pero se equivocaba. Esa misma noche, otro transatlántico de la Hamburg Südamerika, que acababa de dejar el puerto de Bahía, se estacionó justo al lado del “Antonio Delfino”. Era el “Cap Norte”, que se dirigía a Alemania. El capitán Basse, mientras navegaba en las inmediaciones de Pernambuco, había recibido la orden directa de su gobierno de interceptar a al vapor que se dirigía a Buenos Aires y de capturar al fugitivo Fuldner. Pero los alemanes no contaron con un detalle. A bordo del “Cap Norte” también viajaba el cónsul argentino en Génova, el Sr. Roberto Tixis Massa, y un curioso y desconocido corresponsal de la United Press. Ambos hombres abordaron de inmediato al comandante del “Cap Norte”, interrogándolo acerca del extraño transbordo efectuado al amparo de la noche. El comandante mintió. Dijo que se trataba de un comerciante de origen alemán que, habiéndose declarado en quiebra, se disponía a fugar hacia Sudamérica. Al parecer, el desconocido corresponsal de la UP se hizo con la información de que el cautivo no era de nacionalidad alemana. El capitán Blauert, del “Antonio Delfino”, también mintió a la Prefectura al llegar a Buenos Aires; incluso dijo que el trasbordo se había efectuado por pedido del mismo capitán de las SS.


La realidad es que todo el asunto estalló en la prensa pocos días después, el 5 de noviembre. A instancias del hombre de la UP, los periódicos porteños comenzaron a denunciar que un ciudadano argentino, de nombre Fuldner, era conducido detenido, incomunicado y enfermo a bordo del “Cap Norte”, vapor que se disponía a amarrar en Alemania. Alertado por estas declaraciones, el Ministerio de Relaciones Exteriores comenzó a hacer las averiguaciones del caso. 

El 8 de noviembre, el cónsul general en Lisboa, Ramón. L. de Oliverira Cezar, envió un extenso y detallado informe a Saavedra Lamas, el ministro argentino de Relaciones Exteriores. La base del documento era la viva denuncia que el mismo corresponsal de la UP había presentado el día anterior en sus oficinas. Fuldner no era tonto. Había llegado en tren a través de Francia y España utilizando su pasaporte alemán, pues era mucho más sencillo hacerlo con esa nacionalidad. Al momento de embarcar en Lisboa rumbo a Buenos Aires, la cuestión cambió de especie. En esa oportunidad, se presentó ante Oliveira para que le visara su flamante pasaporte argentino otorgado en Hamburgo. El cónsul reprendió a Fuldner por tener dos pasaportes, es decir dos nacionalidades; sin embargo, apenas retuvo el alemán, el mismo que tuve en mis manos hace algunos meses, y visó sin más trámite el argentino (N° 340 serie E.03207 – válido solamente para trasladarse a la Argentina por ser infractor al servicio militar). El joven capitán de las SS tenía un ferviente deseo de “ser argentino”, informó el cónsul de Lisboa. El 17 de octubre embarcó hacia Buenos Aires.

El día 7 de noviembre, cuando el “Cap Norte” llegó a Lisboa con el cautivo entre los pasajeros, el corresponsal de la UP desembarcó a toda prisa para denunciar la situación de Fuldner. También dijo que había pedido verle y que se lo habían negado, y que pudo constatar que su nombre no se hallaba en los manifiestos originales. Tixi Massa, que también se dirigió a las oficinas del consulado en Lisboa, pudo corroborar la historia del correponsal. 


Al tiempo de recibirse la denuncia, poco pudo hacer Oliveira más que informar a Saavedra Lamas. El “Cap Norte” había partido ya a todo vapor hacia Vigo, su próxima escala. Por lo tanto, si los funcionarios argentinos querían salvar a Fuldner, le tocaba a la oficina consular de esa ciudad española realizar una intervención. 

El cónsul en Vigo era Oscar Gomez Palmes, quien confundió más la situación al declarar a la prensa que Fuldner era un criminal alemán que huía con pasaporte falso; algo que creo hizo por desconocimiento del asunto, ya que Oliveira fue muy escueto en su nota. De todas maneras, rápidamente Gomez Palmes envió una nota al jefe de la policía local, Gonzalo Lopez Silanes. El comandante del “Cap Norte” dijo la verdad al ser interrogado por los españoles; dio toda la información al comisario del puerto, reconociendo que Fuldner viajaba con pasaporte argentino y que estaba detenido por orden expresa de su gobierno. Sin embargo, se negó a estregarlo sin una orden expresa del Gobierno español. (3)

La acción parecía trasladarse hacia cada destino al que se dirigía el “Cap Norte” y su próxima parada, la ciudad de Hamburgo, sería la última; al menos eso creían los argentinos. (4) 

El día 12 de noviembre, el cónsul general en Hamburgo, Bartolomé Daneri, un hombre que simpatizaba regularmente con el régimen de Hitler, al menos si eso era lo que más convenía a sus intereses, envió su informe a Buenos Aires. (5) La novedad era que Fuldner había sido desembarcado en Bremerhaven, por “propio pedido”, y entregado a la Gestapo. Sin lugar a dudas, la policía secreto lo había hecho desembarcar en una escala no prevista para despistar a los argentinos. En el resto de las cuestiones, el capitán Basse colaboró sin problemas con Daneri, a quien relató algunos detalles de los hechos: Dijo que a la altura de Pernambuco había recibido un telegrama de directamente de la Gestapo, ordenándole preparar un bote y acercarse en la noche al vapor “Antonio Delfino”. Fuldner, al momento de ser apresado, invocó su nacionalidad argentina, exhibiendo para ello su pasaporte; a lo que el capitán del “Cap Norte” repuso: “Para mí usted es alemán; usted forma parte de las SS.” Siempre de acuerdo a la declaración de Basse, Fuldner envió varios telegramas desesperados a altos funcionarios de las SS, entre ellos al mismo Himmler, pero sin recibir respuesta alguna. Al verse en una situación desesperada, y temiendo a las represalias que pudieran suscitarse, el preso intentó suicidarse, diciendo ser acomodado en una sala de la enfermería del barco. Quedó totalmente incomunicado y no se le permitía salir a cubierta. No tenía dinero, y el mismo capitán debió prestarle 15 marcos para enviar los telegramas.

A partir de ese momento, los funcionarios argentinos parecieron olvidar por completo a Fuldner. Se desentendieron por completo de lo que pudiera sucederle. Los argentinos parecieron aceptar sin más la acusación de la Gestapo; “fraude, ocultamiento y deslealtad.” 

El Cap Norte
De alguna manera, y luego de haber pasado una buena temporada en la cárcel, Fuldner logró salir con vida de todo el asunto. De acuerdo al legajo de las SS, que no figura en el expediente del Archivo del MRE, y el cual pudo consultar el investigador Uki Goñi, el joven fue acusado de deserción de las SS, de robar su propio legajo, de apostar, de fugarse con dinero, entro otros cargos, lo que por supuesto le valió también la expulsión de la organización. Ya durante la guerra, actuó como intérprete en la División Azul española que peleó en el frente oriental.

Al parecer, su condición de argentino nativo, su fluido español y sus contactos en España, hicieron que la organización de Himmler volviera a incorporarlo a sus filas. En 1944, cuando era evidente que la guerra no terminaría bien para el bando fascista, Fuldner fue enviado a España como agente del servicio extranjero. Según los registros de la inteligencia estadounidenses, arribó a Madrid por última vez en marzo de 1945, llevando gran cantidad de dinero en efectivo, obras de arte y la idea de preparar la huida de algunos otros personajes del SD. En sus viajes anteriores se había enrolado en el conglomerado comercial Sofindus que controlaba intereses alemanes, del que fue expulsado por malversación. 

Los aliados intentaron apresarlo al final de la guerra, pero no tuvieron éxito. Estaba bien protegido en el país de Franco. 

Con Perón en el gobierno desde 1946, Fuldner no sólo encontró cobijo en su país de nacimiento. En 1947 comenzó con su lucrativo nuevo empleo en la Secretaría de Inteligencia, reclutado por Rudi Freude, y en la Dirección de Migraciones. Los Eichmann y los Mangele habían encontrado a su hombre. No contento con facilitar la llegada de aquellos nefastos criminales nazis, Fuldner fundó la empresa Capri en Tucumán, donde logró dar trabajo y protección a esos oscuros hombres gracias al generoso contrato público que le otorgó Perón.


(1) El gobierno alemán informó al argentino de esta situación a través de un memorándum fechado en noviembre de 1935, nota 390/35 “Reservada”.

(2) Telegrama cifrado N° 1384 del 11 de noviembre de 1935, Legación de Argentina en Berlín. Firmado Eduardo Labougle.

(3) Informes de la Embajada de Argentina en Madrid firmados por García Mansilla.

(4) En el archivo del MRE hay un largo memorándum del 13 de noviembre, donde la los consejeros legales informaban a Saavedra Lamas sobre el estado del caso. En el él resumía todo lo actuado hasta el momento. En la nota se abarca la cuestión legal de la ciudadanía, y se menciona, aunque lamentándose de que se trataba de un ciudadano que invocaba su origen argentino solo por conveniencia, que la Corte Suprema se había expedido al respecto en otras oportunidades, indicando que la ciudadanía argentina “nativa” no podía ser renunciada.

(5) Consulado General de la República Argentina en Hamburgo; Sección IV, nota N° 109. “Reservada y confidencial.”
Sobre Bartolomé Daneri y sus inclinación a las simpatías nazis ver: Mutti, Julio “En el ojo del huracán”. Olmo Ediciones, 2017. Sobre las maniobras del consulado en Hamburgo en las visaciones a judíos ver: Goñi, Uki. “La auténtica Odessa”. Paidós, 2002.

Nuevo libro ya disponible: En el ojo del huracán.

Estimados amigos y lectores. A partir del 15 de mayo estará disponible en las principales librerías de Buenos Aires "En el ojo del huracán"; misión en Berlín del embajador argentino Eduardo Labougle Carranza (1932-1939).
Ya pueden comprarlo a través del sitio de la editorial haciendo click en el siguiente enlace Olmo Ediciones. El precio de la edición en papel es de $230.-

Comparto con ustedes el índice y la sinopsis de la obra.





Indice:


Introducción

Capítulo I. Primero años

1. Arribo

2. 1933, llegada de los nazis al poder.

3. 1933. Incendio y elecciones. El boicot contra los judíos y el tratamiento de ciudadanos argentinos.

4. 1934. Cuchillos Largos. Conflicto con la Iglesia. Muerte del presidente von Hindenburg. El Argentinienbrucke

5. El año de rearme

Capítulo II. Insistentes denuncias de Labougle sobre el avance del nazismo en Argentina

1. La organización de los alemanes en el extranjero. La comunidad alemana en Argentina. Escuelas y viajes de intercambio.

2. Labougle se involucra de lleno contra la organización de los alemanes en el extranjero y sus actividades

Capítulo III. Últimos años

1. Noche de los cristales rotos

2. Un altercado con Colombia

3. Anexiones territoriales del Reich

4. El caso Patagonia

5. Últimas reuniones con von Ribbentrop

6. A solas con Adolf Hitler por última vez

7. En Carinhall con Hermann Göring

8. Una intervención de último momento

9. Condecoraciones, marcos de plata y regreso en el Titanic nazi

Epílogo IV


Sinopsis: El Dr. Eduardo Labougle fue ministro plenipotenciario y embajador argentino ante Alemania entre 1932 y 1939, un breve período de tiempo en que la historia del mundo cambió para siempre, especialmente por los hechos que comenzaron a desencadenarse en el Reich casi desde su arribo. Se trató de la segunda vez que el diplomático de dilatada carrera era destinado a Berlín. Sin embargo, y aunque contaba con una gran experiencia en asuntos germanos y una enorme cantidad de contactos de alta sociedad, nada lo preparó para lo que iba a vivir durante aquellos siete agitados años: los entretelones del ascenso de los nazis al poder, la noche de los cuchillos largos, el boicot a los judíos, el rearme de la Alemania nazi, la muerte de Hindenburg, la anexión del Sarre, el Anschluss, la crisis de los Sudetes, las deportaciones y todos aquellos recordados eventos que llevaron al mundo a la conflagración más grande y sangrienta de la historia.

No obstante, Labougle no fue apenas un testigo silencioso que veía pasar la tormenta desde el cobijo de su embajada. Las páginas de esta extensa investigación revelarán el importante rol muchas veces jugado por este encumbrado diplomático en aquellos eventos; hombre de consulta de ambos bandos en pugna y de una importancia sobresaliente en los salones más suntuosos de la capital del Reich.

Boceto de tapa
del manuscrito original
Los extensos informes enviados por Labougle desde Berlín, que hoy descansan en el Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, cuentan historias fantásticas y narran detalles inimaginados. De una clarividencia propia de la de un estadista, nos dan también una idea cabal de la real trascendencia que el representante argentino tuvo durante esos atormentados años. Su posición fue lo suficientemente importante como para ser recibido en privado por Hitler y Göring en persona.

A pesar de la distancia, una de las principales preocupaciones de Labougle fue el avance de los nazis en la Argentina. Denunció la penetración en las escuelas y el envío de maestros destinados a propagar los ideales de Hitler. Siempre bien informado, se dedicó especialmente a combatir el derecho que los nazis creyeron tener de educar a sus hijos nacidos en la Argentina bajo las normas y costumbres nacional-socialistas; reclamos que, muchas veces, llevó en persona hasta los más ponderados personajes del Tercer Reich.