Su nombre era Bernardurs Andreas "Dries" Riphagen; o también podríamos llamarlo uno de los colaboracionistas nazis más despreciados luego de la segunda guerra mundial.
Riphagen era holandés, lo cual no le impidió ser uno de los más estrechos colaboradores del SD en su ciudad natal durante la ocupación alemana. Pero "Dries" tenía como principal objetivo colaborar consigo mismo. Amasó una fortuna embaucando a judíos escondidos en los áticos de Amsterdam, quienes le entregaban todas sus joyas y riquezas a cambio de protección. Una vez despojados los israelitas, Riphagen los denunciaba a sus superiores con detalladas listas.
Luego de la guerra fue apresado, pero los contubernios dentro de la inteligencia holandesa propiciaron el escape del despreciable nazi. Luego de deambular un par de años por Europa, finalmente logró colarse hacia América. ¿Hacia dónde? Hacia la Argentina, por supuesto.
Un rápido pedido de extradición holandés no hizo mella en el gobierno peronista, que, por supuesto, había ya sabido apreciar las ya famosas “cualidades” del nazi holandés. Riphagen colaboró con el servicio de inteligencia peronista, entre otras cosas.
A pesar del pedido de extradición y de la notoriedad de este criminal en Holanda, su nombre, por alguna razón, no apareció en la lista de criminales y colaboracionistas nazis llegados a la Argentina que supo confeccionar la CEANA en los años noventa.
Luego del derrocamiento de Perón volvió a Europa, vivió en España y murió en Suiza en 1973.
El cine holandés recientemente ha llevado su historia al cine, en la brillante película que lleva su nombre como título.
Recomiendo a todos que no dejen de ver “Riphagen”, donde hallaran una brillante interpretación del actor holandés Jeroen van Koningsbrugge