U-Boat Argentina

Este es un Blog que tiene como objetivo describir hechos históricos. Bajo ningún concepto se tratan temas políticos. Algunos contenidos son generados por su autor, otros, debidamente referenciados, son opiniones de terceras personas. La aparición de cualquier imagen o fotografía relacionada a dictaduras o temas sensibles es puramente figurativa y relacionada a temas históricos tocados en el sitio.

“Debemos asesinar a ese puerco”

Julio B. Mutti 
© Todos los derechos reservados.

Prohibida la reproducción de las fotografías sin autorización expresa del autor


Karl Arnold, un asesino de las SS expulsado de Argentina.


Parte I

Tal vez haya sido un plan pergeñado en soledad por un fanático y rudimentario agente del SD. Sin embargo, el caso de Karl Arnold pone de manifiesto que durante 1939 los nazis, o un pequeño grupo de ellos, pretendieron asesinar a opositores del partido en Argentina. 

Los primeros hombres que trabajaron para las organizaciones de espionaje nazis en Argentina se parecían más a matones desprolijos de la Gestapo que a refinados agentes de inteligencia; Karl Arnold fue un fiel ejemplo de ello.
Miembros del NSDAP en Argentina
Arnold era un idealista del nazismo que llegó a la Argentina en agosto 1929, con apenas dieciocho años de edad. Trabajó primero para Lahusen y luego para la química Merck, un empleo, este último, que deberemos mantener en la memoria a la luz de los hechos que vamos a narrar sobre el final del relato. En 1931 se unió al recién creado NSDAP Argentinien y con el correr de los años fue ascendiendo en su estructura. En 1937 se convirtió en empleado "full time" del Landesgruppe con un respetable sueldo mensual de $ 500.- (Pesos Moneda Nacional). 
Según confesó años más tarde, Arnold se encargaba apenas de organizar las reuniones partidarias y los viajes de jóvenes que deseaban regresar a Alemania para el servicio del trabajo o militar. De todas maneras, como veremos a continuación, sus actividades iban bastante más allá. 

Karl Arnold comenzó a ser investigado por la División de Investigaciones de la Policía Federal en 1939, justo cuando estalló en Argentina el escándalo relacionado al “complot de la Patagonia”; recordemos que se trató de un affaire de grandes proporciones producido por la denuncia apócrifa de un falsificador consumado (Heinrich Jürges), que terminó con el jefe del NSDAP, Alfred Müller, detenido por largas semanas. La policía argentina pronto encontró serias razones para creer que Arnold estaba implicado en actividades que eran mucho más profundas que las de ser un simple organizador de mítines. 

Arnold trabajaba para el SD, el servicio exterior de las SS, en una época en que esta organización y el Abwehr, servicio secreto de las Fuerzas Armadas, operaban de manera independiente el uno del otro. Por lo tanto, las actividades de Arnold escapaban en gran medida a la supervisión del moderado capitán Dietrich Niebuhr, jefe del Abwehr en Sudamérica. 

Sección Orden Social
PF
Luego de seguirlo durante varios meses, la Policía Federal decidió hacer comparecer a Arnold el día 7 de agosto de 1940; debía dar muchas explicaciones sobre algunos de sus actos. El informe elevado al Ministerio del Interior por el jefe de la Policía Federal, general de brigada Andrés Sabalain (1), fue a toda luces lapidario para el ciudadano alemán. Sabalain no se basaba en la declaración de Arnold, que había eludido cualquier responsabilidad o acto indebido, declarándose un empleado ordinario del partido, sino en los informes que obraban en su poder de la División Investigaciones, obtenidos por conductos "confidenciales” y luego comprobados por las averiguaciones de carácter reservado que empleados de la misma dependencia venían practicando. 

Como el NSDAP había sido oficialmente prohibido en 1939, Arnold pasó a formar parte de la Federación de Círculos Alemanes de Beneficencia y Cultura, una organización que los alemanes formaron, a modo de fachada, para continuar con los objetivos del partido. Entre sus actividades se encontraban la de boicotear comercialmente a aquellos connacionales que no comulgaran con las ideas de hitlerismo, algo en lo que Arnold destacaba especialmente. Además de esto, según la Policía Federal, Arnold era responsable de la organización de un grupo de matones: En sus oficinas (25 de mayo 145) recibía con frecuencia a dirigentes y componentes de entidades nazis, con quienes mantenía prolongadas entrevistas y conferencias que a la policía le resultaban sumamente sugestivas. No eran menos escasas, siempre según División Investigaciones, las visitas a Arnold de otras personas prontuariadas en dicha institución por sus comprobadas actividades disolventes, que fueron responsables de una serie de atentados cometidos en forma sucesiva, a fines del año 1934 y principios de 1935, contra muchos locales ocupados por distintos comités políticos, sinagogas y teatros cómicos. A este último pretendieron incendiarlo por representar la obra titulada "Las Razas", considerada por ellos perjudicial para la política, intereses y nacionalidad alemana. 

Se logró establecer, de acuerdo a Sabalain, que Arnold había practicado, en ese año 1940, una amplia gira de propaganda por el interior del país con el exclusivo fin de controlar a las entidades alemanas e impartir instrucciones a sus dirigentes y demás componentes. La Policía Federal declaraba en su informe, sin rodeos, que de acuerdo a sus informes Karl Arnold era en realidad el “jefe supremo de la Gestapo en el país y el líder de las tropas de asalto”. El general Sabalain remató su informe diciendo que por resultar por demás peligroso para la tranquilidad y estabilidad de las instituciones, entendía, esa jefatura, que había llegado el momento de notificar al aludido de que debía abandonar el país por sus propios medios a la menor brevedad, y si no lo hiciera, sería indispensable, por las razones expuestas, incluirlo en un decreto de expulsión. Además de la sugerencia de expulsión, la policía prohibió desde ese momento la concurrencia de Arnold al local de la federación. 

Mientras un agente de la policía seguía los pasos del sospechoso, comprobando incluso que luego de declarar se dirigió a 25 de mayo 145, el día 9 de agosto se presentó ante el subjefe de la Policía el ya célebre abogado de los nazis, el Dr. Bergadá Mujica, también defensor de Alfred Müller un año antes, para protestar por las medidas tomadas con Arnold.

Papel membretado del NSDAP Argentinien con la dirección de 25 de mayo 145
Al día siguiente, 10 de agosto de 1940, el Poder Ejecutivo, a instancias del ministro de interior Culaciati, firmó el decreto 69.592/40, que resolvía la inmediata detención y expulsión del país del nazi Arnold. Ese mismo día, la policía fue a buscar al ciudadano alemán a su domicilio de la calle Arenales 3245 de la localidad de Florida, sólo para comprobar que Arnold se había embarcado rumbo a Montevideo la misma noche en que fue interrogado por la sección Orden Social. Luego de pedir instrucciones en 25 de mayo de 145, tal como verificó el agente que lo seguía, es decir en el edificio del banco germánico, sede de la Embajada de Alemania y el partido, y viéndose inminentemente detenido, el matón de las SS dejó precipitadamente el país para siempre.
Arnold retornó a Alemania por la línea aérea LATI vía Río de Janeiro. Se unió al Amt VI del SD y, junto a otro viejo camarada que operó en Argentina, Walter Mosig, fue destinada a realizar tareas de inteligencia en España. Allí permaneció hasta el final de la guerra. Arnold trató de suicidarse cuando la policía española lo deportó a un campo de detención alemán en 1946. (3) 

Pero Karl Arnold no sólo representaba todo aquello que la División Investigaciones informó. Además de lo ya expuesto, era un hombre capaz de asesinar por la causa nazi. Así lo descubrió un año más tarde la Comisión Investigadora de la Actividades Antiargentinas, una comisión del Congreso liderada por el diputado Damonte Taborda. 

El 15 de julio de 1941, compareció ante dicha comisión el ciudadano alemán Franz Friebel, de 47 años de edad, domiciliado en la calle Anatole France 4457 de la localidad de Lanús, Provincia de Buenos Aires. Tenía mucho que decir sobre las acciones pasadas de Karl Arnold. 

Friebel, que era sastre, había pertenecido al partido en sus inicios. Sin embargo, con la caída en desgracia de Otto Strasser en Alemania, siguió a la facción disidente del partido hacia el “Frente Negro”, un grupo de nacionalistas alemanes antihitlerista, pero ex nazis. El jefe local de esa agrupación era Bruno Fricke (2), otro alemán que dudaba de la infalibilidad del Führer y sus métodos, y que había vivido algunos años en el Paraguay. Para Friebel fue una verdadera pesadilla el haberse enemistado con los nazis; se transformó en un paria para la comunidad germana, un comerciante al que se le estaba estrictamente prohibido comprar trajes o dar cualquier tipo de empleo. En cierta ocasión, un compatriota le dijo que con gusto se haría un traje en su local, pero el partido no se lo permitía. En 1938, ese mismo vecino de Piñeyro (actualmente es Avellaneda) le preguntó a Friebel por qué no concurría alguna vez a la sede local del NSDAP; “sabemos que usted trabaja muy bien, con mucho gusto querríamos hacernos ropa en su casa y ayudarlo, pero usted tiene que entrar en el partido.” Cierto día Friebel fue invitado a un homenaje a los mártires del partido nazi; arto del boicot, el sastre se propuso ir a la cita. Sin embargo, todos los nazis lo miraron con notoria desconfianza, estaban enterados de que Friebel estaba en el “Frente Negro”. El jefe de agrupación Piñeyro le dijo: “Me gustaría mucho si dejara lo luchar contra nosotros; vamos a ayudarle a usted, pero tiene que venir siempre.” Pero fue imposible, la mayoría de los afiliados sabía de las disidencias de Friebel y esté temió seguir concurriendo al local del partido.


Para 1939 Friebel quería ampliar su negocio. Al no tener el dinero necesario, surgió la posibilidad de que otro alemán se transformara en su socio. Aparte de le sastrería, quería abrir una pequeña tienda. Como el nuevo socio quería saber referencias del sastre, no tuvo mejor idea que ir a pedirlas a la sede del partido; allí, amigos o enemigos, todos estaban registrados con su ficha respectiva. Después de las averiguaciones, el futuro socio fue a ver a Friebel y le dijo: “nosotros no podemos hacer la sociedad, el partido está haciendo un boicot contra usted y tengo miedo de que también lo haga contra mí.” 

Friebel estaba desesperado. Un viejo amigo, que ahora estaba convenientemente enrolado en el partido, le aconsejó al sastre que fuera a ver a Karl Arnold. Sólo él podría, tal vez, morigerar su situación. El sastre no dudó en dirigirse a 25 de mayo 145, cuarto piso, donde para su asombro no solamente Arnold lo atendió, sino que se mostró al corriente de su ficha. Recordemos que los nazis llevaban un registro de amigos y opositores. “Estábamos esperando hace mucho tiempo que usted se presentara aquí, usted luchaba frente a frente y nosotros necesitamos gente así en el partido”, dijo Arnold a modo de bienvenida. Pero Friebel no quiso ceder a las imposiciones de los nazis. Pidió explicaciones sobre el boicot pero no logró llegar a un acuerdo con Arnold. “Usted sabe que cuando uno lucha contra nosotros, nosotros luchamos contra él.” Remató el dirigente del partido. 

Pero tiempo después Friebel comenzó a ceder. Le entregó a Arnold copia de todos los papeles falsos con los que Jürges, el falsificador del affaire Patagonia había intentado incriminar a la nazis locales. Se había hecho con ellos en el Frente Negro, que, al parecer, había estado implicado en la operación. Arnold, agradecido por los documentos, obligó a la sede de Piñeyro a aceptar a Friebel en el partido y firmó él mismo la solicitud (Los nazis obligaban a dos testigos a recomendar a cada ingresante al NSDAP). El boicot contra el sastre se había terminado. 

Fue entonces cuando Bruno Fricke, el hombre que también formaba parte del “Frente Negro” comenzó a hacer denuncias públicas contra los fondos que los nazis recolectaban entre los miembros de la comunidad germana, con aparentes fines de beneficencia, pero cuyo destino final era por demás dudoso. El diario antifascista “Crítica” se hizo eco de ellas y los nazis locales se encolerizaron con Fricke. 

El 21 de julio de 1941, Fricke ratificaba su denuncia ante la comisión del Congreso: “Yo, al igual que muchos otros residentes alemanes, hemos dado mucha plata para el partido. Pero tenemos dudas con respecto a la inversión de dichos fondos. Estamos seguros de que esa plata no se utiliza para los fines propuestos en los estatutos, sino estrictamente para cuestiones políticas.”


Recordando que Fricke y Friebel eran viejos camaradas del Frente Negro, Arnold citó a este último a 25 de mayo 145. Golpeando con su puño el escritorio dijo: “Debemos asesinar a este puerco”. Arnold le dijo a Friebel que era el único que podía arreglar el asunto, ya que podría acercarse a Fricke fingiendo ser su amigo; el sastre estaba estupefacto. Arnold no bromeaba. En una reunión posterior, pocos días después, expuso los detalles de su plan para matar a Fricke. Tenemos buenos amigos en la química Merck, dijo a Friebel, que nos va a dar un veneno que ningún médico podrá descubrir. “Voy a preguntar a los jefes de la Química Merck para ver en qué forma podemos arreglar el asunto.” Poco después el veneno estaba ya en poder del partido. Arnold dijo al sastre que debía mezclarlo en la bebida de Fricke y le dio $300.- para los gastos. Como los días pasaban y Fricke no moría, Arnold presionó a Friebel, dándole un ultimátum para que resolviera el asunto, es decir para que lo matara. Desesperado, el sastre buscó ayuda en dos miembros del partido de la zona de Avellaneda, pensando que divulgando a otros lo que debía hacer lograría que Arnold finalmente desistiera. La estratagema dio resultado, al ventilar los hechos hizo que Arnold dudara de su sicario improvisado. El funcionario del partido y agente del SD, el hombre que estaba dispuesto a matar o a hacer matar en nombre de la causa, reprendió severamente a Friebel y le dijo: “pobre zonzo, se ve que usted es una persona que cree todavía en el idealismo.” (4) 

Julio B. Mutti 


(1) Informe de Orden Social: “I.O.S. N° 433” 

(2) Bruno Fricke fundó en la capital argentina el periódico Die Schwarze Front. Kampfblatt für Südamerika (El Frente Negro. Diario de Combate para Sudamérica) que, con una frecuencia quincenal, era editado en la imprenta del Argentinisches Tageblatt. Fuente: Bol. Inst. Hist. Argent. Am. Dr. Emilio Ravignani N° 40 Buenos Aires jun. 2014. “El Frente Negro y el Movimiento Alemania Libre en la Argentina durante las décadas de 1930 y 1940”. Germán Friedmann 

(3) Sobre la suerte corrida en España por Arnold ver: Newton, Ronald. “El cuarto lado del triángulo”. P 299. Newton accedió a los interrogatorios de Arnold archivados en la NARA. 

(4) Las declaraciones de Fricke y Flieber, utilizadas para la reconstrucción de los hechos narrados, pueden ser consultadas en: AHCD, CIAA, declaraciones, versiones taquigráficas, julio de 1941. Investigación de Julio B. Mutti.



Parte II

¿Qué pasó con Karl Arnold una vez llegado a España?

El periodista e investigador español Eduardo Martín de Pozuelo escribió en 2005 varios artículos que aparecieron en el periódico La Vanguardia. Utilizando documentos desclasificados de Estados Unidos, sacó a relucir el entramado de espionaje alemán en España durante la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, lejos de verse afectado por su magra experiencia en Buenos Aires, Arnold siguió operando para el SD en Madrid: 

“A mediados de agosto de 1944, el servicio secreto de EE. UU. aún no tenía claro del todo que una empresa conocida como Sofindus, pero que en realidad se llamaba Sociedad Financiera Industrial, SA, y que tenía su domicilio social la avenida del Generalísimo, 1, Madrid era una tapadera alemana de la que emanaban otras empresas de cobertura. Por ejemplo, la Compañía General de Lanas de la calle Ayala número 10 desde la que el eficaz agente Karl Arnold dirigía su red de correos entre Sudamérica y Berlín” 

“De agentes del nivel de Karl Arnold parece que no sabían (los estadounidenses) su condición de enlace secreto entre Alemania y América, pero en cambio advertían que se hacía pasar por comerciante y trabaja en la oficina de la Empresa Lanas, que andaba por España desde el mes de septiembre de 1942 y que su residencia privada en Madrid es un apartamento arrendado a una ex artista llamada Amalia Mauro en la calle de Lista, 76, 3º izquierda. También habían observado que Arnold siempre ha recibido en este apartamento a sus colegas españoles y alemanes sin percatarse de que era una pieza central del espionaje alemán en España.” 

“Karl Gustav Arnold, el agente que montó la red de correos humanos entre América y Berlín vía Madrid, fue un buen espía, pero nazi. Su labor en España al servicio del Reich tuvo éxito, pero la derrota de Alemania en mayo de 1945 lo dejó en la calle y tuvo que buscarse la vida. Luego acabó extorsionado, sin un peso y al cabo traicionado lo capturaron. Esta es la historia de esa traición, tal como el propio Arnold se la contó al oficial del servicio exterior de EE.UU. Wendell Blancke, que en 1946 lo interrogó en Alemania. Los documentos salieron a la luz recién ahora, en España.” 

“Aunque Arnold era el artífice de la red de comunicación clandestina que enlazaba Berlín con América, oficialmente se presentaba como un empleado de la Compañía General de Lanas, en Madrid. Su vida fue relativamente calma bajo el paraguas del Reich. Pero, terminada la guerra, la protección de Berlín se fue debilitando y la Policía española comenzó a hostigarlo. 

“En mayo de 1945 Arnold liquidó su organización, dejó su trabajo en la Compañía de Lanas y trató de sobrevivir por su cuenta. Un mes después, la Policía lo detuvo por una falsificación de billetes. 

Tras su liberación se dio cuenta de que tendría que obtener favores de las autoridades españolas para poder sobrevivir. Por eso entró en contacto con el capitán Bahamonde. Era un militar que lo había visitado con frecuencia durante las semanas que estuvo en prisión y, según Arnold, "hizo todo lo que pudo para aliviar la situación y demostró ser un amigo fiel". Por eso creyó que lo ayudaría a conectarse con las autoridades españolas. 

En octubre de 1945, le ofreció al capitán su cámara Mipu, calculando que podría dársela a algún oficial de Inteligencia. Así fue. Bahamonde se la pasó al comandante Pablo Alvarez Lará, del Estado Mayor, quien estaba conectado con el servicio de inteligencia militar y le prometió a Arnold protección de las autoridades. 

Pero tiempo después, Arnold comenzó a sospechar que lo estaban engañando. El prisionero, escribió Wendell Blancke, "llegó a la conclusión de que las promesas de protección de Bahamonde y Alvarez Lará no tenían otro fin que ganarse su confianza y la de sus asociados para seguirles la pista". Por ejemplo, Alvarez Lará le prometió al prisionero un pasaporte español para que pudiera viajar a Sudamérica. Pero el documento nunca llegó. 

Cuando Arnold fue arrestado en su refugio de Asturias, logró enviar un telegrama a Alvarez Lará, pero el militar nunca lo visitó en prisión ni hizo nada para impedir su entrega a EE.UU. 

¿Arnold había sido traicionado por los militares? Blancke creyó que no: "Alvarez Lará parece que estaba haciendo su trabajo como oficial de inteligencia, aunque puede que se haya excedido en sus promesas". 

Si los capitanes no lo traicionaron: ¿quién fue? Arnold explicó que cuando estaba aún en prisión recibió la visita del abogado Antonio Helguero Valcárcel y el policía Fernando Rivas. 

El abogado pidió 50.000 pesetas por sacarlo de la cárcel. Arnold aceptó y en octubre de 1945 Helguero organizó su liberación bajo fianza. Arnold le pagó lo acordado y luego le entregó más dinero a cambio de no tener que presentarse cada 15 días en la comisaría. 

Cuando los aliados solicitaron a España la entrega de Arnold, Helguero le ofreció falsos documentos de identidad, que el ex espía aceptó. Por 500 pesetas, le entregó un salvoconducto válido por seis meses. 

Luego, según Blancke, "el abogado y Rivas empezaron a chantajearlo para conseguir "más y más dinero. Cuando se dieron cuenta de que la fuente se había secado, lo denunciaron a la Policía". Arnold fue detenido y trasladado a Alemania.”


Fuente de la parte II: La Vanguardia, Hemeroteca. “La lista del comandante Lenz”. Eduardo Martín de Pozuelo. 21/07/2005:
http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2005/07/21/pagina-17/40724090/pdf.html
La parte final del artículo se publicó en Argentina: Ver diario Clarín del 19/07/2005: “Historia de una traición: el espía nazi robado y delatado por dos españoles”. Eduardo Martín de Pozuelo

No hay comentarios:

Publicar un comentario