U-Boat Argentina

Este blog tiene como objetivo describir hechos históricos. Bajo ningún concepto se tratan temas políticos. La aparición de cualquier imagen o fotografía relacionada a regímenes totalitarios es puramente ilustrativa y relacionada a temas históricos tocados en el sitio.

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El hornero alemán

Un libro es como un concierto… comienza con canciones bien arriba, pasa por momentos de calma y finalmente culmina nuevamente en lo más alto. Eso es lo que espero también cuando me ubico en el lugar del lector. Quiero que el libro me atrape desde el comienzo, que el autor utilice recursos que hagan de las primeras páginas una trampa sin escape... Eso pasa con el libro de Juan Martin Alice, “El hornero alemán”. Desde el comienzo la acción en la cabina de un Bf-109 es tan realista que se puede sentir el miedo y el olor a pólvora de los proyectiles; luego entra en la meseta de la historia de Büchersen, un piloto argentino en la Luftwaffe, para terminar con los bises de la increíble muerte de la estrella de África, el inolvidable Marseille.

La investigación de Alice es tan detallista y exhaustiva que los granos de arena del desierto del norte de África se sienten entre las rendijas de los dientes; uno casi puede compartir la tristeza con cada amigo perdido o la euforia del primer derribo de un Blenheim solitario en el cielo noruego.

En definitiva, es un libro que he disfrutado poco a poco, como me gusta, desojándolo tranquilamente. Y no solo es una buena historia; no puedo negar que he aprendido mucho sobre entrenamiento de pilotos y tácticas de combate.

Por todo esto recomiendo leer “El hornero alemán”






La crisis de los torpedos en primera persona

Hace poco tiempo aparecieron en Amazon las memorias en español del gran almirante Erich Raeder, tituladas "Mi vida". No dudé en comprar los dos tomos, ya que hasta el momento solo las había visto en alemán, su idioma de publicación original.

Cada página de la autobiografía es un verdadero documento histórico; desde la Batalla de Jutlandia, donde Raeder fue jefe de Estado de Mayor del legendario escuadrón de cruceros de batalla de Hipper, hasta sus amargas pelear con Hitler ya como líder de la Kriegsmarine, Raeder cuenta con lujo de detalle sus días de protagonismo en las guerras mundiales.  

Me pareció particularmente interesante la descripción que Raeder hizo sobre la crisis de los torpedos. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes sufrieron un desperfecto imperdonable en los detonadores de estos proyectiles, lo que impidió a los submarinos obtener todavía más éxitos en su lucha contra la Marina Mercante británica.

Mi vida de Erich Raeder

La crisis de los torpedos por Erich Raeder, extracto de "Mi Vida":

CAPÍTULO XV LA CRISIS POR FALLO DE LOS TORFEDOS Y SU SOLUCIÓN

Los detalles de la acción de Noruega habían dado ocasión para acreditar excelentes condiciones, tales como espíritu de iniciativa en los mandos, incluso en los más jóvenes, autonomía hasta de las unidades pequeñas y una gran flexibilidad para adaptarse a las necesidades de situaciones inesperadas. Pero por eso mismo se hizo doblemente sensible el hecho de que en aguas noruegas quedó demostrado el fallo de la mayoría de los torpedos disparados por los submarinos que hasta entonces solamente se sospechaba. Frente a las costas noruegas vimos que una porción de magníficas ocasiones se habían escapado de las manos de los comandantes de submarino mejor formados y acreditados por un inexplicable fallo de los torpedos disparados. Perdieron así los sumergibles gran número de blancos de antemano considerados como indefectibles, y en el curso ulterior de la estrategia naval hubo de influir decisivamente el hecho de que tantas y tan importantes unidades enemigas hubieran salido indemnes de nuestros ataques. Porque en ese momento no había duda de que nuestras listas de hundimientos hubieran registrado los de bastantes navíos de línea, acorazados, cruceros y destructores, además de transportes, si los torpedos del arma submarina hubieran estallado.

La evidencia del fallo de los torpedos en los submarinos produjo consternación y alarma, dando lugar a una crisis de confianza y a que inmediatamente se adoptaran enérgicas medidas para subsanar las deficiencias técnicas y dejar los torpedos en condiciones de impecable funcionamiento. Como requisito indispensable para que la actuación de los submarinos no quedase en mero ademán ineficaz, exigía el comandante en jefe del arma el suministro de torpedos en las debidas condiciones, apremiando con toda franqueza y energía para que se hiciese una indagación rigurosa y se dejase de una vez en claro lo que tan brumoso parecía.

En su consecuencia, el 20 de abril de 1940 me resolví a nombrar una comisión especial de torpedos, integrada por personas de reconocida autoridad en las ciencias y en la industria, que se entregaron con el mayor empeño al estudio y esclarecimiento de las anomalías observadas y que se acreditaron de perspicaces. Me vi, además, en el doloroso deber de disponer la formación de un consejo de guerra, que en ciertos casos llegó luego a la imposición de penas. En términos generales habían concurrido a originar el fallo una multiplicidad de imperfecciones y descuidos que se remontaban muy atrás en el tiempo. Defectos que, por ejemplo, quedaron de manifiesto en las pruebas efectuadas en tiempo de paz, no habían sido luego subsanados con el escrupuloso esmero necesario. Y si al principio, cuando el Tratado de Versalles pesaba sobre la defensa alemana con sus limitaciones, hasta cierto punto podían justificarse las improvisaciones por la escasez de recursos y de personal, no podía decirse lo mismo de los años posteriores.

En Eckernförde contaba la Armada con un centro de ensayo de torpedos, en donde trabajaban oficiales y técnicos experimentados. Allí se había conseguido, en una paciente labor acumulada en los largos años de paz, superar las dificultades de la estrechez económica y de la falta de personal e introducir toda una serie de innovaciones de verdadera trascendencia, sobre todo para los submarinos. El más importante de los inventos había sido el torpedo eléctrico sin burbujas, cuyo curso resultaba imperceptible para el enemigo; aparte de que tampoco la partida del proyectil desde el submarino levantaba como antes sospechosas ondulaciones en el agua, delatoras del disparo. Asimismo despertaba grandes esperanzas el dispositivo de encendido del torpedo por efecto magnético, conocido por la denominación de espoleta de encendido a distancia. Con ello se podía disparar el torpedo a mayor profundidad y con mayor seguridad, además de que estallaba con efectos tremendos bajo la quilla de la unidad enemiga.

Poco después del comienzo de la guerra empezaron a nacer dudas sobre la eficacia del dispositivo magnético, por las noticias que del frente llegaban acerca de la inseguridad del autoencendido. Lo que dio lugar a que se retirase del frente hasta nueva orden y volviésemos al procedimiento menos eficaz de disparar los torpedos con espoleta de percusión. En esto sobrevino nuestra acción en Noruega, en la que tuvimos la amarga sorpresa de comprobar el fracaso de la intervención submarina y ver que no sólo fallaba la espoleta, sino que otras funciones del torpedo eran igualmente deficientes y que su curso o deslizamiento profundo no estaba garantizado. Sobraban motivos para la suposición de que la mayoría de los torpedos lanzados con espoleta de percusión no habían hecho blanco por trasponerlo a excesiva profundidad y sin detonar.

La situación era demasiado comprometida para que no recurriésemos a todos los medios de investigación hasta dar con los motivos. Todos los centros y servicios relacionados con el estudio, el diseño, la producción y las pruebas del torpedo, dentro y fuera de la Armada, se pusieron a despejar la incógnita con verdadero ardor. Comprendía cada cual que en la crítica situación en que nos veíamos no cabía recurrir a medidas tímidas, a las medias tintas, sino que había que buscar una salida cuanto antes y sin reparar en medios. A lo que contribuyó muy principalmente la gran energía del comandante en jefe del arma submarina.

El resultado inequívoco de los minuciosos y metódicos reconocimientos y pruebas fue la evidencia de que el torpedo suministrado a los submarinos distaba mucho de reunir las condiciones de seguridad de encendido y trayectoria en profundidad que un arma cualquiera había de tener para ser usada como principal en el frente de guerra. De todo ello se desprendía la necesidad urgente de buscar solución a tres problemas fundamentales: eliminar las causas del fallo, introducir nuevos perfeccionamientos basados en las experiencias de la guerra y asegurar la producción en masa del torpedo perfeccionado. En los tres aspectos había que dar preferencia a las exigencias de la guerra submarina, aun contando con que la sola eliminación de las causas del fallo reclamaba muchos y muy pacientes ensayos.

Una vez conseguida en las industrias de armamentos la declaración de urgencia requerida, se procedió a una sustancial ampliación de medios y de personal. Instituciones universitarias, laboratorios de empresas privadas e instalaciones de la Armada se vieron de pronto reanimadas por la incorporación de nuevo personal técnico, especialmente calificado por su juventud y competencia, que en parte había sido traído de los frentes y que ahora pugnaba en noble rivalidad por alcanzar la solución del problema planteado.

Su esfuerzo no quedó sin recompensa, pues en el año 1942 llegó a disiparse al fin la crisis, al cabo de una larga campaña en la que habían contraído méritos singulares el jefe de inspección de torpedos, vicealmirante Kummetz, y sus principales colaboradores técnicos y militares. En ese momento los torpedos fueron un arma de confianza y no hubo dificultades para fabricarlos en cantidad suficiente. Al mismo tiempo se consiguió introducir modificaciones y perfeccionamientos de ventajosa aplicación, sobre todo contra convoyes. Entre éstos estaban en primer lugar el torpedo de curso en zigzag, que atravesaba varias veces la ruta del convoy hasta dar en el blanco, y el rastreador, que, disparado contra un destructor lanzado al ataque, iba a dar en el blanco guiado por el ruido de la hélice de la unidad enemiga.

El fallo inicial de los torpedos del arma submarina representó un duro golpe para la guerra naval por sus directas consecuencias de frustración y por el efecto psicológico con que repercutía en las tripulaciones de los sumergibles. Con igual franqueza tengo que reconocer, sin embargo, que todos los sectores interesados, como eran el frente, los centros de ensayo, el servicio de armamento, la industria y la ciencia, colaboraron estrechamente en la labor de hacer del torpedo un arma segura y de efectos bastante superiores a los tradicionales, por haberse percatado plenamente de la trascendencia del problema.

52 millas a vela en las narices de los ingleses

El Kapitänleutnant Ernst Hashagen, comandante de los sumergibles UB-21 y U-62, escribió uno de los clásicos libros de memorias de un comandante de submarinos alemanes en la Gran Guerra. Por su estilo descriptivo y su precisión técnica lo considero uno de los mejores de esa época. En sus memorias abundan las grandes anécdotas que a todos nos gustan, las de grandes hundimientos y épicos combates con destructores ingleses.
Sin embargo, la hazaña más peculiar del libro Hashagen no fue protagonizada por él mismo, sino por el UC-6 (Oblt. Otto Ehrentraut). Estoy hablando de la hazaña de haber regresado de una patrulla en aguas inglesas navegando a vela, casi ante las narices de decenas de cazasubmarinos y buques hostiles.

"Hacia el oeste" (Westwards)
se puede descargas de Amazon
Hashagen relata en su libro, "Hacia el oeste", el episodio de la siguiente manera:
"En una oportunidad, un submarino alemán tuvo que transformarse en una balandra escapar de sus enemigos. El 23 de julio de 1916, el "UC 6" sufrió una avería de la máquina a sólo 17 millas náuticas de la costa este de Inglaterra, no lejos del estuario del Támesis. Era temprano en la mañana y hacía una hora el submarino había pasado junto a un destructor inglés en la oscuridad. En cualquier momento, el enemigo podría reaparecer en algún lugar del horizonte. Así que el comandante dio la orden de “volar” su barco en caso de que hubiera peligro de que cayera en manos del enemigo. ¿Cuál era el plan? En realidad ninguno. El barco estaba muerto, y casi no se podía mover. La ayuda no estaba cerca. Era una situación muy desesperada de la que parecía no haber escapatoria. Entonces, el viento fresco del noroeste golpeó a nuestro submarino y lo hizo alejarse de la costa; así fue que se les ocurrió construir una vela para navegar. Dado que un juego de velas generalmente no formaba parte del equipo de un submarino, la implementación de esta idea inicialmente encontró dificultades, pero la necesidad hizo que la gente tuviera imaginación. Con la ayuda de lonas y todo tipo de lienzos cosidos apresuradamente, se creó una vela que se colocó en el periscopio extendido. Así tal vez podrían moverse algo con un viento fuerte y, por cierto, "farolear" un poco a tus amigos ingleses. Entonces partieron, los hombres del "UC 6", con una sonrisa lúgubre en el rostro bajo ese "mimetismo" y con la voluntad de hierro de no dejarse caer.

El viaje comenzó a dos o tres millas náuticas por hora. De vez en cuando aparecían en el horizonte patrulleros ingleses, afortunadamente no tan cerca como para sentirse obligados a examinar a ese pequeño "velero en mal estado". Luego, el buque faro de Nordhinder pronto apareció a la vista e inmediatamente después un submarino, al que primero se tomó por alemán. Pero cuando se acercó a 1000 metros, el incómodo primo de repente se escondió. Debió haber notado algo y quiso echar un vistazo más de cerca al "velero" bajo el agua. El "UC 6" tenía que desaparecer rápidamente de la escena. La recuperación de la vela de emergencia ya se había practicado con diligencia, por lo que la maniobra de inmersión solo tomó un minuto. Luego, el “UC 6” flotó bajo el agua con la corriente hacia el canal.

Después del anochecer emergieron. El viento se había levantado más y el "UC 6" navegó hacia el sur con "vela completa" durante la noche. Mientras tanto, la niebla se había levantado y así continuó a la mañana siguiente. Bajo su protección, el barco se acercó al faro de Schouwenbank, cuyas señales de niebla sonaron repentinamente. En el mismo momento se avistó otro submarino. Esta vez era un amigo, el "U 19", que estaba a punto de salir volver a su base. Rápidamente se entregó un cable de remolque, y el “UC 6”, remolcado por “U 19”, emprendió la última parte de su viaje hasta la costa de Flandes. Esa misma noche, el barco llegó felizmente a Zeebrugge. La distancia recorrida a vela fue de 52 millas náuticas."





El gran buque alemán de todas las guerras

Por Julio B. Mutti. Prohibida su reproducción sin autorización.

Estamos acostumbrados a escuchas hablar de los grandes y temibles acorazados de Hitler, el Bismarck y el Tirpitz; también de las historias de corsarios solitarios como el Emden o el acorazado de bolsillo Graf Spee, o incluso del Scharnshorst y de otros famosos buques de guerra alemanes del Siglo XX… La realidad es que la mayoría de ellos tienen una mediocre historia bélica en sus haberes; los acorazados apenas pasaron la mayoría de sus días de guerra protegidos en puertos, temerosos de ser hundidos por la abrumadora superioridad naval enemiga. Y los corsarios utilizados contra la guerra mercante raras veces se enfrentaron a unidades de guerra, y cuando lo hicieron poco fue lo que lograron. Apenas hubo algunas acciones esporádicas, como la del Bismarck aniquilando al viejo crucero de batalla HMS Hood en mayo de 1941, que fueron la excepción a la regla…
Resulta llamativo que poco y nada se hable de la historia de los cruceros de batalla alemanes durante la Batalla de Jutlandia, especialmente de la heroica gesta del SMS Derflinger. Recordemos que los cruceros de batalla eran buques de dimensiones y cañones similares a los grandes acorazados, pero menos blindados y más rápidos que los monstruos gigantes de los mares. Este diseño les permitía ir a la cabeza de los escuadrones de la Flota de Alta Mar. Por supuesto que en 1916, los ingleses tenían también a sus escuadrones de cruceros de batalla al mando del almirante Beatty.

SMS Derfflinger
El SMS Derfflinger era un crucero de batalla botado justo al inicio de la Primera Guerra Mundial, de 31.200 toneladas, 29 metros de manga, 210 de eslora, armado con 4 torretas dobles de cañones de 305 mm. y mucho armamento secundario. Alcanzaba en los papeles 27 nudos como los cruceros de batalla de Beatty, pero en realidad hacían 26 y no lo podía sostener por demasiado tiempo, lo que era tal vez la mayor desventaja comparativa.

El Derfflinger estaba tripulado de forma excepcional; su capitán era el Kapitän zur See John Hartog, y su sobresaliente primero oficial de artillería, quien comandaría las cuatro torretas dobles durante la famosa tarde de fines de mayo de 1916, era el Fregattenkapitän Georg von Hase. Más tarde volveremos sobre estos dos oficiales de enorme talla, que antes de las acciones que vamos a mencionar participaron junto a su barco de los famosos bombardeos de las costas británicas y de la Batalla de Dogger Bank.
Todos sabemos que la tarde del 31 de mayo de 1916 se produjo la batalla naval más importante de todos los tiempos, el choque de titanes que el mundo estaba esperando en ese momento; toneladas de acero se encontraron, casi por casualidad, frente a frente, por primera y única vez en la historia, en el Skagerrak, cerca de las costas de Dinamarca: La Battalla de Jutlandia. Se enfrentaban la Gran Flota británica, al mando del almirante Jellicoe, con los cruceros de batalla en vanguardia al mando de Beatty, y por otro lado la Flota de Alta Mar del Káiser, al mando del almirante Scheer, con la escuadra de cruceros de batalla bajo el comando del almirante Hipper. Por primera y única vez en su historia, luego de 20 años de desarrollo y construcciones de grandes naves, los alemanes estaban en condiciones de preocupar seriamente a los ingleses por su potencia naval.

SMS Derfflinger
La escuadra Alemana estaba conformada por 5 grandes cruceros de batalla. La línea era liderada por el Lützow, buque insignia del almirante Hipper, seguido por el Derfflinger, el Moltke, el Von der Tann y el Seydlitz. Los ingleses, por su parte, eran liderados por el Lion donde ondeaba la bandera del almirante Beatty; se trataba del Primero y Segundo escuadrones de cruceros de batalla, un total de 6 modernas y temibles naves (el Quinto escuadrón se había desviado en otra dirección.

Von Hase escribió: “El horizonte frente a nosotros se despejó de humo, y ahora pudimos distinguir algunos cruceros ligeros ingleses que también habían girado. De repente, mi periscopio reveló algunos barcos grandes. Monstruos negros; seis gigantes altos y de vigas anchas que humeaban en dos columnas. Todavía estaban lejos, pero aparecieron claramente en el horizonte, e incluso a esa gran distancia parecían poderosos, masivos.” (…) “…podía reconocerlos como los seis cruceros de batalla enemigos más modernos. Seis cruceros de batalla se oponían a nuestros cinco; entrábamos en la batalla con fuerzas casi iguales. Fue un espectáculo estimulante y majestuoso cuando los gigantes de color gris oscuro se acercaron como el destino mismo.”

El libro de von Hase
sobre Jutandia. Descargar
Lo que siguió fue el Crepúsculo de los Dioses, toneladas de acero y explosivos volando en ambas direcciones, con una masividad y una concentración nunca vista. Y fueron los alemanes, los de menor tradición marinera, inferiores en números, tecnología de control de fuego, velocidad y calibre, los que golpearon de muerte a sus oponente primero. Lo lograron gracias a su sobresaliente marinería y oficialidad y a las mejores medidas de seguridad en sus torretas y depósitos de cordita. “Al Derfflinger le tocó el segundo barco de la línea, que identifiqué como de la clase Queen Mary. Era el Princess Royal, el barco hermano del Queen Mary.”
Ambos bandos recibieron impactos, pero el Von der Tann hizo estallar por el aire al HMS Indefatigable. “El Indefatigable se enfrentó a nuestro barco de retaguardia, el Von der Tann, y fue hundido por una excelente puntería. El director exitoso del tiroteo en el Von der Tann fue el primer oficial de artillería de ese barco, el comandante Mahrholz.” Recordó von Hase en su libro.

Primera víctima
A las 6:17 p.m. el Derfflinger, luego de recibir algunos impactos, volvió a disparar sobre el segundo crucero de batalla de la izquierda; pero esta vez no era el Princess Royal. Era el Queen Mary, el tercer barco de la línea enemiga. Esto se debió al hecho de que el buque insignia del almirante Beatty, el Lion, bajo el fuego del Lützow, se había vista obligado a salir de la línea porque la torre de mando había quedado fuera de servicio. Beatty debió transferir su bandera al Princess Royal. Y así, el Queen Mary y el Derfflinger lucharon en un duelo de artillería regular en medio de una acción entre destructores que se libraba en medio de ellos. Pero el pobre Queen Mary lo estaba pasando mal. Además del Derfflinger, el Seydlitz lo estaba atacando: “Desde las 6.24 p.m. cada una de nuestras salvas se había colocado a horcajadas sobre el enemigo. Cuando la salva que se disparó a las 6h. 26m. cayó, fuertes explosiones ya habían comenzado en el Queen Mary. En primer lugar, una llama roja intensa se disparó desde su parte delantera. Luego vino una explosión hacia proa que fue seguida por una explosión mucho más fuerte en el medio del barco, los escombros negros del barco volaron por el aire e inmediatamente después todo el barco estalló con una terrible explosión.” Así el SMS Derfflinger liquidó en pocos minutos al formidable HMS Queen Mary, un moderno crucero de batalla de casi 32.000 toneladas y armado con cañones más poderosos que los suyos, de 343 mm.

HMS Queen Mary
A la cabeza de la escuadra de cruceros de batalla
Todo cambió cerca de las 19 horas cuando aparecieron en escena los grandes acorazados británicos al mando de Sir John Jellicoe. En ese momento los cruceros de batalla casi cesaron de combatir, ente el humo y la confusión de las escaramuzas de destructores y cruceros ligeros. Poco después también llegaron los grandes acorazados alemanes al mando del almirante Scheer.

Von Hase recordó esta fase de la batalla de la siguiente forma: “A las 20:15 horas nos encontramos bajo un intenso fuego. Destellaba por todos lados. Solo pudimos distinguir los cascos de los barcos individualmente, pero hasta donde podía ver en el horizonte, los barcos enemigos estaban a nuestro alrededor. Como no pude distinguir ni el final ni el comienzo de la línea enemiga, no pude conectar al segundo barco de la derecha, pero seleccioné el que podía ver mejor. Y comenzó una lucha terrible… El estruendo de la batalla alcanzó el clímax. Ahora sabíamos perfectamente claro que nos enfrentábamos a toda la Flota inglesa. Podía ver por su gigantesco casco que me estaba enfrentado a un gigantesco acorazado.”
Diez minutos después, el Lützow, donde iba el almirante Hipper quedó casi fuera de combate al recibir varias salvas pesadas de acorazados. Mientras el comandante de los cruceros pasaba a un destructor para dirigirse a otro buque, el gallardo Derfflinger y su capitán pasaron a liderar el escuadrón y a dirigir a los bravos cruceros de batalla del Káiser. Esa situación se mantendría durante el clímax de la batalla, hasta que finalmente Hipper pudo abordar el Moltke. Por lo tanto, varios proyectiles pesados atravesaron a la nave con una fuerza tremenda y explotaron con un tremendo rugido, que sacudió cada costura y remache. Era un tiroteo bastante pesado y desigual. Pero el Derfflinger aguantó demostrando su increíble robustez.

Segunda víctima
En ese momento la niebla se abrió frente al Derfflinger y von Hase pudo ver claramente a un gran acorazado frente a él. De inmediato dirigió sus cañones pesados hacia el objetivo y abrió fuego. Estaba a apenas 9.000 metros. A las 8:31 p.m. el Derfflinger disparó su última salva contra este barco, y luego, sucedió el mismo espantoso espectáculo que ya habían presenciado en el caso del Queen Mary… el enorme barco explotó en millones de pedazos. El 13 de junio de 1916, The Times, citando una carta del hermano del difunto teniente Charles Fisher publicó: “Supimos del comandante Dannreuther, el único oficial superviviente de HMS Invencible, que un proyectil cayó en el polvorín. Hubo una gran explosión y cuando Dannreuther recobró el conocimiento se encontraba en el agua. El barco y la tripulación habían desaparecido.”
El HMS Invencible estalla por las
salvas del Derfflinger
El increíble Derfflinger se había cobrado su segunda víctima, y en este caso era otro gran crucero de batalla del Tercer escuadrón, el HMS Invencible, que no era de los más modernos pero superaba al buque alemán levemente en el calibre de los cañones. En un principio von Hase lo había confundido con un acorazado.

Carrera hacia la muerte
Para ese entonces, el almirante Scheer se había dado cuenta de que los británicos, gracias a la velocidad de sus cruceros de batalla y a la habilidad de Jellicoe, habían logrado realizar una maniobra envolvente que colocó a todo la Flota de Alta Mar alemana en una posición estratégica muy desfavorable. Para salir de esto, Scheer dio a sus cruceros de batalla, ahora liderados por el Derfflinger, una orden casi suicida. Debían cargar a toda velocidad contra la Flota Inglesa para permitir el escape de los grandes acorazados de línea germanos.
Hartog no dudó un instante en cumplir la orden de su oficial superior. Así, con el Derfllinger a la cabeza, los bravos barcos del Káiser viraron en busca de su destino. Una granizada impresionante de acero y explosivo les llovió encima, pero no claudicaron y gallardamente mantuvieron el rumbo. “Sin mover un párpado, el capitán dio la orden: “Adelante a toda velocidad. Rumbo SE” Seguidos por el Seydlitz, el Moltke y el Von der Tann, cambiamos de rumbo hacia el sur a las 9:15 pm y nos dirigimos directamente hacia la línea enemiga. El Derfflinger, como buque líder, cayó bajo un fuego particularmente letal.” 

El castigo recibido por el crucero de batalla alemán, que ya había aniquilado a dos grandes barcos ingleses, fue infernal ¡Eran salvas de 380 mm. de los grandes acorazados! Sus dos torretas de popa  de 305 mm. quedaron totalmente fuera de combate, lanzando grandes chorros de fuego de veinte metros de altura por los aires. Por momentos solo la torreta “Anton”, la de más a proa, pudo continuar funcionando, y lo hizo durante bastante tiempo de forma independiente, es decir utilizando sus propios telémetros y sin recibir información de control de tiro. Fue durante este momento que la tripulación de control de daños del Derfflinger mostró un valor y una preparación que alcanzó niveles extraordinarios, casi impensados. Incluso la torre blindada donde von Hase dirigía sus cañones fue golpeada dos veces, aunque el formidable blindaje germano, superior al británico, salvó la vida de los oficiales y al mismo barco.
Contra los propios pronósticos, los cuatro cruceros de batalla lograron sobrevivir muy maltrechos y con muchos muertos a su “carrera suicida”. Varios ataques de destructores alemanes, muy bien comandados y la inesperada aparición de los rezagados, viejos y lentos acorazados alemanes del Tercer Escuadrón, que los ingleses tomaron por barcos más modernos y poderosos entra la penumbra, terminaron de salvar a los valientes cruceros de von Hipper.
Hartog y von Hase escribieron esa tarde y esa noche tal vez la más heroica página de la historia naval alemana. Regresaron malheridos a Kiel, pero orgullosos del bravo Derfflinger, de su tripulación y de la gran victoria táctica que habían conseguido, una victoria que estratégicamente de poco serviría para el dominio de los mares que la Flota inglesa siguió ejerciendo hasta el final de la guerra.

El poderoso Derfflinger yace hoy hundido desde 1919 en la base escocesa de Scapa Flow, ehcado a pique silenciosamente por el vencedor despues de la guerra; sin embargo, su gallardía y gloria no han desaparecido de los anales de la historia.

Daños en las torretas del Derfflinger

Daño en cubierta






El día que Rommel dio un ultimátum a Hitler

"Invasión 1944", escrito por el teniente general Hans Speidel, jede de Estado Mayor del Grupo de Ejércitos B del Frente Occidental, que era comandado por el mariscal de capo Erwin Rommel, es un libro fundamental para cualquier biblioteca de la Segunda Guerra Mundial.

Es un relato de primera mano del lado alemán sobre la preparación del Muro del Atlántico, la invasión de Normandía de junio de 1944 y la activa participación de Rommel en el atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944 que le terminaría constando la vida.

Descargar Invasión 1944

Así cómo Desmond Young logró plasmar todo el genio militar del "zorro del desierto", Speidel logró dar testimonio para la posteridad de un hombre de enorme valetía, valores, y dispuesto a arriesgarlo todo para salvar a Alemania de la locura de Hitler, aún jamás dejando de cumplir con su deber en el frente de batalla.


La valentía de Rommel, que casi no tuvieron el resto de sus mariscales o generales, puede plasmarse en el ultimátum que le envió a mismísimo Führer desde el Frente Occidental, justo antes del atentado. 

El memorándum era aproximadamente:

"La situación en Normandía se vuelve más difícil día a día. Se avecina una grave crisis. Nuestras pérdidas son tan altas, debido al extraordinario peso de las armas arrojadas por el enemigo, particularmente en artillería y blindaje, y al efecto de su supremacía aérea, que la fuerza de combate de nuestras divisiones está disminuyendo rápidamente. Los reemplazos son escasos y las dificultades de transporte les impiden llegar al frente durante semanas. Solo ha habido 6.000 reemplazos en comparación con las pérdidas de 97.000 hombres, de los cuales 2.360 eran oficiales (28 generales y 354 oficiales de campo). Eso es un promedio de 2.500 a 3.000 bajas por día. Las pérdidas en equipos han sido altísimas y no se ha podido reponer más que una pequeña parte. Se han destruido 225 tanques y hasta ahora solo se han recibido 7 reemplazos. Las divisiones recién llegadas no han sido probadas en batalla y carecen de artillería, armas perforantes y caza tanques de corto alcance para resistir fuertes ataques después de horas de bombardeos de artillería y aéreos. Incluso las tropas más valientes son derrotadas poco a poco cuando el peso del material les agobia."

"La situación del suministro se ve tan complicada por el sistema ferroviario destruido y el bombardeo de carreteras hasta 100 millas detrás del frente que solo se pueden traer las provisiones más vitales. La munición de artillería y mortero tiene que usarse con el mayor cuidado".

"No hay refuerzos de importancia que se puedan llevar al frente de Normandía. Día tras día, nuevas fuerzas desembarcan en el lado enemigo y traen masas de material de guerra. Nuestras fuerzas aéreas no perturban las líneas de suministro enemigas. El enemigo está aumentando su presión."

"Por lo tanto, debe esperarse que los aliados logren en poco tiempo, de catorce días a tres semanas, romper nuestro delgado frente, particularmente el frente del 7 Ejército, y avanzar hacia el interior de Francia. Las consecuencias serán inconmensurables."

"Las tropas luchan heroicamente en todas partes, pero la lucha desigual se acerca a su fin".

El mariscal de campo terminó con una frase escrita con su propia mano:

"Debo rogarle que saque las conclusiones políticas sin demora. Creo que es mi deber, como comandante en jefe del Grupo de Ejércitos, dejar esto claro. Rommel. Mariscal de campo".



La punta de lanza de las Waffen SS

Como siempre que leo algún libro que me ha gustado más que el promedio, voy a escribir unas breves línea al respecto.

En este caso se trata de “Granaderos”, las memorias de “Panzermeyer”, el multicondecorado general de las Waffen SS Kurt Meter.

Como libro de memorias es de por sí ya muy bueno: descriptivo, entretenido, esclarecedor y muy detallado desde el punto de vista militar, y no por ello aburrido.

Lo que me más me ha gustado, y lo que más me ha enseñado respecto a las fuerzas acorazadas alemanas de la Segunda Guerra Mundial, es la variedad y el funcionamiento en el campo de los diferentes tipos de batallones y compañias que tenían las divisiones Panzer SS.

¡Vamos! No es que no supiera sobre la conformación de las diferentes unidades de una división, sino que leyendo este libro uno aprende realmente como operaba en la batalla un batallón de reconocimiento de Panzergrenadiere, la punta de lanza de las divisiones acorazadas de las Waffen SS.

Pone los pelos de punta leer como estos hombres corajudos, montados en sus motocicletas BMW, penetraban kilómetros en territorio enemigo, a punta de pistola y a pura velocidad, recibiendo fuego desde ambos lados del camino, con el objetivo de tomar puentes por sorpresa, asaltar barricadas, desintegrar columnas enemigas en retirada o simplemente acelerar el avance a toda velocidad con el motor como arma principal.

Descargar de Amazon

Kurt Meyer fue un oficial brillante del Leibstandarte. Combatió en casi todos los frentes de combate: Polonia, los Balcanes, Grecia, Rusia y Francia. El libro narra todas sus campañas. Excepto en Polonia, donde mandó contra su voluntad a una compañía de Panzerjager, siempre lideró un batallón o un regimiento avanzado de reconocimiento. Sus Kradchutzen (motociclistas granaderos) eran inigualables.

Durante la invasión de Normandía, ya en la 12 División acorazada Hitlerjugend, donde mandaba un regimiento, debió hacerse cargo de la división ante la muerte del general Witt.

Su encarcelamiento y su condena a muerte luego de la guerra (luego conmutada) despertaron las más enérgicas protestas, no de los derrotados alemanes, sino de los mismos oficiales canadienses que habían combatido en su contra durante la invasión. Meyer había sido un oficial respetado no solo por sus granaderos, sino también por sus vencedores.

 

¡Hundan al Bismarck!

Llevo un tiempo diciendo que las viejas películas del siglo pasado representan, muchas veces, la historia de la Segunda Guerra Mundial mejor que las modernas. 

No dejen de ver esta muy buena película rodada en 1960 por la 20th Century Fox. Dirigida por Lewis Gilbert, que recorre las peripecias de la inteligencia británica para dar con el enorme acorazado alemán en el Mar del Norte. Representa fielmente la batalla en la que el acorazado Hood vuela por los aires en un instante, y también el final del gigante de acero propiciado por un suertudo torpedo lanzado desde un endeble biplano Swordfish del portaaviones HMS Ark Royal. 

Para la época en que fue filmada los efectos son más que aceptables. Lütjens es representado de forma, tal vez, demasiado bondadosa, mientras que la escena de la destrucción del barco es demasiado expedita. 

Si no tienes ganas de ver la película puedes descargarte el libro de 1959 de C.S. Forester en el que se basó, publicado con el mismo título, Hundan al Bismarck!, aunque también puede encontrarse como "Los últimos nueve días del Bismarck". Lo recomiendo, también lo he leído y es un relato emocionante que se lee de un tirón. Dejo el link de descarga debajo:

Enlace de descarga en castellano
Volviendo a la vieja película, si hablan algo de inglés es preferible ver la versión de Youtube en ese idioma, ya que la calidad de la imagen es muy superior. El link corresponde a la versión en inglés, pero no tardarán en hallar la versión en español si así lo prefieren.


Película completa en inglés en la mejor calidad de imagen:










La gran batalla aeronaval de la Segunda Guerra Mundial

Siempre me ha interesado más la guerra en Europa que la guerra del Pacífico. Sin embargo, por alguna razón, durante el largo confinamiento, que lleva ya más de 60 días, me he dedicado a estudiar a fondo las batallas entre la Armada japonesa y la de Estados Unidos. Tal vez sea el resultado de haber visto la nueva película sobre la batalla estrenada en 2019, la cual recomiendo fuertemente. 

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 el libro en español
Llevo más de dos meses consumiendo libro tras libro sobre la campaña del Pacífico. Hay muchos trabajos antiguos: Podemos encontrar las magníficas campañas de submarinos americanos, no tan famosos como los lobos grises alemanes, las diferentes operaciones de la Flota Combinada japonesa y, por supuesto, la Batalla de Midway, entre otros. 

En el pasado he mencionado en este blog que la Batalla de Jutlandia fue la más importante de ambas guerras. Ahora podría decir que la Batalla de Midway ha sido la más importante y espectacular batalla naval (aeronaval en este caso) de la Segunda Guerra Mundial. Pero un libro en particular, “Midway, la batalla que condenó a Japón”, de Mitsuo Fuchida y Masatake Okumiya, debe ser considerado como una obra maestra y una pieza de historia pocas veces vista. Fuchida fue el piloto de bombarderos que dirigió el ataque a Peral Harbor, y que además estuvo a bordo del portaaviones insignia de la Fuerza Nagumo, el Akagi, durante la gran batalla de 1942. Masatake también fue piloto y formó parte de la batalla como oficial de Estado Mayor. 

El libro de Fuchida y Masatake, publicado a principio de los años cincuenta, no solo es una fuente documental de primer nivel, sino que por su excelente narración y orden cronológico logra que sea adictivo y atrapante para el lector. 


Luego de leer este libro el lector tendrá muy claro no solo los motivos por los cuales Japón sufrió esta aplastante derrota a manos de fuerzas inferiores, producto de una serie de eventos encadenados, malas decisiones y detalles desafortunados, algunos de ellos que parecen simples cuestiones operativas, sino que además también podrá descubrir anécdotas individuales notables, como lo fue el vuelo final y heroico del capitán Tomonaga durante la última y legendaria carga del Hiryu, el último portaaviones japonés hundido en la batalla.


U-507. Agresión en las costas de Brasil

Estos últimos días, di de casualidad una publicación del año 1943 de la Imprenta Nacional de Río de Janeiro. En agosto de 1942, el sumergible U-507 al mando del comandante Harro Schacht, fue enviado a operar en las costas de Brasil, que por entonces era un país no beligerante. Esa no beligerancia podía ser discutido por Alemania, ya que los aviadores brasileros, que operaban en conjunto con los estadounidenses, habían atacado ya algunos sumergibles, y por su lado los alemanes habían atacado mercantes brasileños, neutrales, en aguas alejadas.
Se puede descargar de
Amazon en castellano

Pero el 16 de agosto se produjo el desastre marítimo más importante de la historia de Brasil. El U-507, atacó sin aviso previo a cinco mercantes de cabotaje que navegaban cerca del litoral del país sudamericano. 

Este libro, “Agresión”, tiene la particularidad, para quienes estamos acostumbrados a leer los relatos de los marinos alemanes, de narrar los hechos desde la perspectiva de los náufragos. Es espeluznante imaginarse lo que vivieron aquellas personas, mujeres y niños incluidos, en medio de la noche oscura, y teniendo en cuenta que los barcos se fueron al fondo en cosa de un minuto. ¡Hubo más de 600 muertos!

Las fotografías del libro, incluso de cadáveres arrastrados hasta las costas, nos dan una idea del tamaño de la tragedia.

Las características de los barcos torpedeados están muy claras y detalladas. El pequeño tonelaje de estos mercantes de cabotaje fue un hecho muy importante en esta historia, ya que la explosión de un solo torpedo en algunos casos desmanteló el caso en un instante.

Un extraño hecho es destacable en el testimonio de los tripulantes sobrevivientes. Antes de que algunos de los barcos torpedeados dejaran el puerto de Bahía, se presentó un sospechoso desperfecto en las cañerías que abastecían de agua potable a los mercantes. Esto produjo demoras en las partidas e hizo que varios barcos se reunieran en la noche frente a las “tuberías” del acechante U-507…

U-507 y su comandante

La batalla naval del siglo


No tengo temor de equivocarme si digo que la legendaria batalla de Jutlandia (del Skagerrak para los alemanes; entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1916) no solo fue la batalla naval más grande del siglo XX, sino la más grande la historia de las guerras navales. Usted pensará en Trafalgar, tal vez, pero eso fue un asunto de barcos de madera. En Jutlandia chocaron una cantidad de acorazados y cruceros de batalla, con sus aterradores cañones de 30 a 38 cm., que jamás se había visto y nunca se volverá a ver reunidos en una pequeña porción de océano.
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Dependiendo de la fuente de consulta uno puede encontrar diferentes versiones, especialmente a lo que al desenlace de la batalla se refiere, se puede concluir en una victoria de uno o de otro lado. Para los alemanes se trató de una clara victoria, y así lo podemos concluir de las bajas materiales y humanas de cada lado. Para los británicos, se trató de una clara victoria estratégica debido a que se logró mantener la superioridad numérica de la Gran Flota sobre la Flota de Alta Mar de Alemania. Luego de estudiar detalladamente los libros de memorias del Almirante Jellicoe, por el lado inglés y del Almirante Scheer, comandante alemán, podemos concluir que ambas cosas son ciertas. Los alemanes se llevaron una gran victoria táctica, demostrando su superioridad en eficiencia y control de tiro y en las medidas de seguridad de sus cartuchos de cordita; mientras que los ingleses, que no pudieron explotar su mayor calibre y velocidad de los cruceros de batalla, al mando del almirante Beatty, mantuvieron el “status quo” de superioridad en el Mar del Norte, lo que les dio la victoria estratégica.    

Sobre el desarrollo de la batalla, recomiendo recurrir a las fuentes originales de información para un estudio pormenorizado, serio y profesional de los dos almirantes, enfrentados entre sí, ya que ellos condujeron las dos flotas enfrentadas en choque naval más grande de la historia.


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Fuerzas en combate:
Gran Flota
• 28 acorazados
• 9 cruceros de batalla
• 8 cruceros acorazados
• 26 cruceros ligeros
• 78 destructores
• 1 barco minador
• 1 portahidroaviones  





Flota de Alta Mar de Alemania:
99 buques
• 16 acorazados
• 5 cruceros de batalla
• 6 pre-dreadnoughts
• 11 cruceros ligeros
• 61 torpederos

Fuente de la imagen: Wikipedia


Nuevo libro de Julio B. Mutti

"Persecuciones, batallas navales, submarinos, torpedos, espías, fugas espectaculares, diplomáticos y sabotajes."


¡PUEDES COMPRARLO EN DOS VERSIONES O FORMATOS!


Hola amigos y lectores del blog. Hace ya nueve años que "U-boat Argentina" está en linea. La verdad es que cuando comencé a expresarme por acá no esperaba que fuera a crecer tanto. Recibimos miles de visitas todos los meses y muchos de los artículos aquí publicados fueron reproducidos por la prensa escrita y/o digital.

Tomando algunas de las historias publicadas hace tiempo, ampliadas y mejoradas, y agregando algunas otras muy interesantes e inéditas, nació "10 historias argentinas de la Segunda Guerra Mundial". Diez historias atrapantes e imperdibles para los amantes de la bibliografía y las narraciones que aquí solemos comentar.
Qué mejor momento para publicar este libro que en 2019, a 80 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Estimo que pronto autores y editoriales se van a lanzar a publicar nuevos libros teniendo en cuenta una efemérides tan importante. 

Y así me lanzo de nuevo a la aventura que estará en todas las librerías desde la semana que viene. Este es ya mi... (tuve que pensarlo) quinto libro impreso. El que quiera repasar los anteriores puede hacer click aquí. 
Tengo que agradecer nuevamente a Olmo Ediciones. A Omar López Mato (el hombre que más sabe de historia en Argentina, juro que es cierto) y a Maria Jaeschke (una editora de primer nivel) por confiar en mi trabajo. Es genial trabajar con una editorial que ama la historia, no sé cuántas hay. Especialmente lo es para gente como yo, que ama esto profundamente, y escribe o trabaja pensando solo en contar una historia. Nada más que eso.

Tengo una lista larga de personas para agradecer: Marcia Ras, funcionarios de la Embajada de Argentina en Berlín, Laureano Clavero (prologuista), Pablo Grigera, Pablo Otero, entre otros.

Abajo dejo la portada y en breve subiré el índice.   




El plan del Káiser para apoderarse de Argentina y otros países de Sudamérica

Muchas veces se ha dicho que Hitler tenía intenciones de dominación sobre Argentina y Sudamérica, algo más cercano a la fantasía que a la realidad. Pero parece que varios años antes de los nazis, al Káiser le hubiera gustada hacerse con la vaquitas de los conservadores argentinos. 

Otto Richard Tannenberg era una importante teórico geopolítico, geógrafo, hombre de letras y gran militante del Pangermanismo de principios del Siglo xx. Había nacido en Múnich.


Este señor escribió un libro bastante famoso en su tiempo, es decir antes de la Gran Guerra del 14: “La más grande Alemania” (Gross-Deutschland). Otto Richard Tannenberg. Editorial Artes Gráficas “Mateu” Madrid, 1914. La edición original alemana data de 1911 (B. Volger). 

En la tapa de la edición española de antes de la guerra puede verse un gran mapa mundial con el extremo sur de Sudamérica en poder del Imperio del Káiser. 

Según Tannenberg, era vital para el gran plan de la Alemania colonizadora hacerse con territorios en la América del Sud. Los trópicos del África estaban muy lejos de satisfacer las necesidades del Reich. Para ello debían chocar con un enorme escollo, Estados Unidos y su doctrina Monroe, que permitía que potencias exóticas al continente se hicieran con territorios dentro del mismo. 

Alemania esperaba contar con un aliado inesperado: Gran Bretaña. Francia estaba ya perdiendo considerablemente la preponderancia económica y colonial que durante tantas décadas había esgrimido por detrás de los británicos. 

En noviembre de 1902, el Káiser Guillermo II hizo una visita a su par británico en Londres; llevaba solapadas intenciones. Convenció a Eduardo VII de que lo apoye en su aventura sudamericana. El punto de desembarco: Venezuela. En un principio los británicos asintieron. 

Los alemanes reclamaban a Venezuela el pago de los daños causados por la revolución a las empresas alemanas; el cumplimiento del pego de los intereses y amortizaciones atrasadas de los empréstitos alemanes y la cancelación de las deudas a distintos comerciantes e industriales alemanes. Pero en realidad lo que deseaban era poner pie en el continente. A finales de 1902 enviaron la flota, bloquearon los puertos más importantes y bombardearon los de La Guaira y Puerto Cabello. Naves inglesas participaron también en las acciones. Pero lo Ingleses no estaban dispuestos a ir a la guerra con Estados Unidos y mucho menos por los alemanes o para beneficiar intereses de Alemania, así que todos debieron llegar a un acuerdo antes de que se produzca una invasión, que era el fin que perseguía el Káiser. Argentina apoyó con fuerza a Venezuela y la oposición de los estadounidenses hacia las intenciones de la Armada Imperial. 

Káiser Guillermo II
Pero según Tannenberg, Venezuela era solo un comienzo. Las regiones más importantes y deseadas por Alemania eran las del sur del continente. Tres puntos de su plan para la expansión alemana (del 13 al 15) son reveladores en este sentido; vamos a citarlos totalmente para ver de qué manera los alemanes pensaban desmembrar a Sudamérica entre ellos mismos, Inglaterra y los Estados Unidos:
(Yo sé que es largo, pero es "imperdible")

Art. 13.--Alemania e Inglaterra se entienden respecto a sus esferas de influencia en la América del Sud. Alemania toma bajo su protección a las Repúblicas da la Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, la tercera parte meridional de Bolivia, pertenecientes a la cuenca del Río de La Plata, y la parte meridional de Brasil; en todas estas regiones reina la cultura alemana. Inglaterra ocupa por su parte el Perú, Ecuador, el norte de Bolivia y el resto del Brasil. Estos países comprenden la cuenca del Amazonas, que es el rio más grande del mundo, así como las costas que dependen de esa cuenca en el Océano Pacifico y el Atlántico. Esta forma de repartición es motivada por el hecho de que Alemania no puede recibir en Asia y África más territorios tropicales y necesita la región no tropical aún inocupada y apta para la colonización de la América del Sud. 

Art. 14.—Alemania e Inglaterra re ponen de acuerdo para mantener, en todas las circunstancias, sus decisiones sobre la América del Sud contra las protestas eventuales de los Estados Unidos. Alemania e Inglaterra han comprometido, en la América del Sud, valores ten importantes —varias miles de millones de marcos—, que no pueden obrar de otro modo en interés de sus pueblos. Aun desde el punto de vista geográfico este reparto se justifica plenamente. La desembocadura del Amazonas y todos los puertos situados más al sud están más cerca del norte de Europa que de Nueva York. Los Estados Unidos lo saben muy bien, porque los correos de New York no son enviados directamente a Río de Janeiro, sino primero a Hamburgo y de allí al Brasil. Alemania e Inglaterra, como grandes potencias industriales que son, deben reservarse regiones que, aparte sus capitales, no han sacado aún gran partido de las conquistas de la civilización moderna, ferrocarriles, correos, telégrafos, teléfono y navegación a vapor. Pare el aprovisionamiento en producto de la industria, estos países deberán depender únicamente de Alemania e Inglaterra. La concurrencia de las Estados Unidos es evitada mediante un derecho de entrada de un ciento por ciento del valor de los objetos como se hace en la América del Norte. Alemania e Inglaterra serán las únicas autorizadas a emitir empréstitos de Estados en esos territorios. Ningún súbdito de un Estado extranjero podrá adquirir inmuebles, minas, establecimientos industriales, casas u otras propiedades. Estos Estados americanos guardan su antigua autonomía en lo que concierne a su administración interior, pero las dos Estados protectores los representan exteriormente y como compensación aseguran la protección militar de los territorios contra el extranjero. 

Art. 15.—Alemania e Inglaterra ofrecen a los Estado Unidos de América del Norte, a cambio da su consentimiento, el protectorado sobeo Méxivo, Nicaragua, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Haití, Colombia, Venezuela y Santo Domingo. El protectorado alemán en América del Sud comprende 6.500.000 kilómetros cuadrados y 12 millones de habitantes. El protectorado inglés es considerablemente mayor: 9.720.738 kilómetros cuadrados con 24.186.000 habitantes. La parte ofrecida a los Estados Unidos es de 4.550.000 kilómetros cuadrados y 110 millones de habitantes.

SMS Vineta Armada del Káiser, participante del bombardero de Venezuela
Uno de los argumentos esgrimidos por Tannenberg para el dominio alemán en Sudamérica, que hacía referencia a que el norte de Europa estaba más cerca que Nueva York, es algo que no deja de asombrarme profundamente. 

Finalmente llegaría la guerra mundial de 1914-1918 y el pangermanismo expansionista del Kaiser quedaría hecho añicos. Ahí venía ya los nazis asomando con un pangermanismo todavía más violento y racial, pero más centrado e en el viejo continente y las heridas que quedarían abiertas luego de la capitulación de 1918 y la supuesta “puñalada por la espalda”.

Un vuelo épico sobre Berlín en llamas

¿Cuál fue el vuelo más épico de la historia? Seguramente cada uno tendrá su candidato. Yo tengo el mío, por supuesto. 

¡Reitsch medía un metro y medio y
pesaba poco más de 45 kilogramos!
El vuelo de Hanna Reitsch y el general de la Luftwaffe Ritter von Greim sobre el cerco ruso que rodeaba la capital del Reich, en abril de 1945, fue un acto de increíble destreza, arrojo y valentía. Partieron desde el aeródromo de Gatow en una avioneta Fieseler "Storch", tan endeble que su fuselaje era de lona. Sobrevolaron el lago Wansee y la zona del Grunewald al ras de las copas de los árboles; allí fue cuando estalló la tormenta sobre ellos. Antiaéreos, disparos de fusil, ametralladoras y hasta tanques con sus armas livianas eran usados para intentar derribarlos. Estaban sobrevolando las líneas soviéticas que cercaban la ciudad. Una granada estalló debajo de la cabina y destrozó un pie a von Greim. La valiente piloto de pruebas tomó el comando de la avioneta y zigzagueando entre las explosiones, contra todo pronóstico y volando entre los escombros y el humo de los incendios logró depositar la agujereada avioneta junto a la puerta de Brandenburgo. Un atónito Hans Baur fue testigo, de casualidad estaba allí cuando Reitsch cortó los gases y casi sin combustible en los tanques aterrizó sana y salva. Greim estaba desmayado por la pérdida de sangre. 

Hay miles de mitos en torno a ese legendario vuelo. No sea ingenuo, no deje convencerse por teorías sinsentido. Señor lector ¿Usted cree que Hitler salió de Berlín en una avioneta con fuselaje de lona? Además al Führer le sobraban pilotos en el búnker. En mi libro “Mito y realidad sobre la muerte de Hitler” (año 2013) hay mucho información sobre estas especulaciones. 

Mucho mejor sería invertir el tiempo en leer el fantástico libro de memorias de la capitana Hanna Reitsch. Piloto de planeadores y todo tipo de máquinas; incluso comandó una V-1 tripulada y uno de los primeros prototipos de helicóptero. 

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Cuando tenía poco más de 20 años visitó la Argentina junto a una expedición de expertos en el vuelo sin motor. Hay crónicas de época sobre su visita. También visitó Brasil, dónde debió realizar un aterrizaje de emergencia en un campo de fútbol. Las anécdotas de su libro “Volar fue mi vida” son increíbles.

Años 30. Portada de El Gráfico con Hanna en su Grumau Baby. Argentina

El espía Juan Domingo Perón

Reconforta saber que hay historiadores que siguen trabajando con una metodología responsable y la convicción de que la mejor historia es siempre la verdadera. Ajustarse a documentos provenientes de lejanas causas judiciales es siempre un desafío, pero termina dando frutos como este libro excelente que hoy les vengo a recomendar. Mucho más fácil es dar rienda suelta a la imaginación y escribir libros de "pseudo historia" presentados como grandes investigaciones. Algo que parece estar hoy bastante de moda. 

Adrian Pignatelli escribió “El Espía”, trayéndonos a la superficie tondo el entramado de una faceta poco conocida de la historia de Perón: sus días de espía en Chile, donde estuvo destacado como agregado militar en la embajada de Santiago. 

Narrado correctamente y con un orden cronológico impecable, “El Espía” es un libro que debe ser leído comprendiendo como se movían los agregados militares de todas las naciones del mundo en aquella época. Lo que inició Perón y terminó Lonardi no era extraño en los años treinta o cuarenta. Lo que no era tan común era el escándalo diplomático que se desencadenó luego de que saliera a la luz la compra ilegal de documentos del Ejército de Chile. 

No debemos perder de vista que esta historia que nos trae Pignatelli fue la raíz del amargo encono de los Lonardi para con Perón. 

No dejen de leer este libro, no solo por su ameno relato, sino también para conocer cómo trabajan los verdaderos historiadores.