U-Boat Argentina

Este blog tiene como objetivo describir hechos históricos. Bajo ningún concepto se tratan temas políticos. La aparición de cualquier imagen o fotografía relacionada a regímenes totalitarios es puramente ilustrativa y relacionada a temas históricos tocados en el sitio.

“Debemos asesinar a ese puerco”

Julio B. Mutti 
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Karl Arnold, un asesino de las SS expulsado de Argentina.


Parte I

Tal vez haya sido un plan pergeñado en soledad por un fanático y rudimentario agente del SD. Sin embargo, el caso de Karl Arnold pone de manifiesto que durante 1939 los nazis, o un pequeño grupo de ellos, pretendieron asesinar a opositores del partido en Argentina. 

Los primeros hombres que trabajaron para las organizaciones de espionaje nazis en Argentina se parecían más a matones desprolijos de la Gestapo que a refinados agentes de inteligencia; Karl Arnold fue un fiel ejemplo de ello.
Miembros del NSDAP en Argentina
Arnold era un idealista del nazismo que llegó a la Argentina en (...)

(*) La investigación completa se publicará en un próximo trabajo del autor
Papel membretado del NSDAP Argentinien con la dirección de 25 de mayo 145







Parte II

¿Qué pasó con Karl Arnold una vez llegado a España?

El periodista e investigador español Eduardo Martín de Pozuelo escribió en 2005 varios artículos que aparecieron en el periódico La Vanguardia. Utilizando documentos desclasificados de Estados Unidos, sacó a relucir el entramado de espionaje alemán en España durante la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, lejos de verse afectado por su magra experiencia en Buenos Aires, Arnold siguió operando para el SD en Madrid: (...)

(*) La investigación completa se publicará en un próximo trabajo del autor

Un túnel del tiempo

En este pequeño fragmento de entrevista cuento algunas particularidades de mi visita a la chacra del SD en General Madariaga. Gracias a Adrian Michelena de canal 2 de Pinamar. Más información en "Crónica de espías nazis en General Madariaga".






Crónica de espías nazis en General Madariaga

Investigación completa publicada a comienzos de 2016 en la revista especializada WW2GP Magazine (España). Es una continuación de lo publicado en 2015 en el libro "Nazis en las sombras". La historia completa se publicará en un próximo libro.

Julio B. Mutti 
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Mediodía de primavera en la profunda carretera; 350 kilómetros al sur de Buenos Aires. Un enorme Cristo, bañado por el sol incandescente, me señala con su mano izquierda el camino de acceso al pueblo. Ancho, asfaltado y custodiado a cada lado por altos eucaliptos, me conduce hasta unas viejas vías del ferrocarril. Aquí y allá algunas casas me miran pasar detrás de sus tupidos jardines.  Atrae mi atención una muy antigua, construida con techo a dos aguas; debe ser de comienzos de siglo. Luce muy cuidada, casi inmaculada.





4 de diciembre de 1942. Sobre el pesado escritorio de madera del escribano Tejeiro hay dos altas pilas de dinero. Bien ordenadas. Nadie parece reparar en que llevan una faja blanca con grandes letras donde puede leerse “Banco Germánico de la América del Sur”… Con un ademán pausado, el Dr. Ángel Garrido Gonzalez acomoda una y otra vez su refinada corbata importada hasta que llega su turno. Toma del bolsillo interior de su chaqueta su pluma fuente y estampa su firma. Delante tiene el título de propiedad que los transforma en el dueño, al menos en los papeles, de la estancia “La Elvira” de casi 30 hectáreas, ubicada a no más de 3 ó 4 kilómetros de allí. El vendedor, Nicolás Sangorrín, sonríe y cuenta detenidamente los billetes: $27.500.- Moneda Nacional, una pequeña fortuna. Los Sangorrín son una de las familias pioneras de los Pagos del Tuyú...



                Un hombre de cabellos plateados y la cara curtida por el sol me hace señas. Está de pie bajo la vieja galería, a medio derrumbar, que cubre uno de los flancos del viejo casco. Levanta su brazo derecho y camina lentamente hacia la empalizada de madera. Mis pies siguen soldados a los tirantes de madera del guardaganado. Recién en ese momento mi mente retorna al presente. Es Roberto, el actual dueño de “La Federal”, así como bautizara el Ejército Argentino a la chacra luego de tomar el botín de una guerra sólo librada en el terreno del espionaje y las intrigas. El hombre está cerca de sus ochenta, pero sus recuerdos están tan vivos como su vieja estancia de fin de semana, la que ya casi no frecuenta. Lucho, el casero, combate incansablemente con una bicicleta oxidada, mientras mi atento anfitrión y yo nos disponemos a hurgar entre la historia y el polvo.
          ...
Restos de los pilares donde los alemanes instalaron los equipos

Entrada al sótano. Allí se ocultaban los equipos
              Volvemos a salir del viejo elefante gris de 1918 y tomamos el sendero hacia los fondos del parque que rodea la vieja construcción. Las piñas resecas crujen y se parten bajo mis pies, hay cientos de ellas. Entre las flores silvestres y la gramilla arremolinada hay numerosos huesos de ovejas, rasgados hasta el cansancio por los perros del casero. Levanto uno muy grande, es un cráneo. Los dientes brillan bajo el tórrido sol de primavera. A lo lejos, detrás de un granero pintado de blanco, asoma el viejo molino de viento, salpicado por el óxido implacable, que le da una tonalidad rojiza a sus aspas. Luego la inmensidad de la llanura pampeana, interminable, apenas invadida aquí y allá por pequeñas manchas parduzcas, otras claras o negras. Todas brillan bajo el sol de noviembre; son los caballos de Roberto, un puñado, los que quedan de otros tiempos.

Conversamos animadamente debajo de un pino imponente. En realidad es toda una hilera que llega hasta la el camino de tierra. Es muy alto y grueso, y riega sus piñas y agujas hasta el pie de un viejo aljibe que parece de la época colonial. La brisa húmeda corre suave y nos acaricia el rostro con delicadeza, hace al sitio aún más agradable, apacible, sosegado. Podría quedarme aquí sentado por horas, en el desvencijada sillón con vestigios de una ya desaparecida capa de pintura blanca, debajo del pino gigante, sintiendo el aura reposada de la chacra. Luego, sólo ver salir las estrellas, mientras imagino aquellas antiguas historias de espías, de hombres resueltos, que no utilizaban más armas que su agudo ingenio y la astucia de un lince...
Reportaje sobre los hechos
Restos de los cables de Franczok