Secciones Principales

Afiliados al partido nazi en América

Un monstruo de las profundidades

Carga de profundidad británica de 1.000 kg. 

Cuando la campaña de los submarinos alemanes contra la navegación aliada, principalmente británica, se hizo más y más intensa, los ingleses ensayaron toda clase de elementos destinados a protegerlos del peligro de los sumergibles.


La guerra submarina, en efecto, que había aumentado gradualmente su intensidad hasta convertirse en una verdadera pesadilla para los Altos Mandos aliados, debía ser contrarrestada rápida y eficazmente. Fue así que los convoyes aliados zarparon, en toda oportunidad, protegidas por gran cantidad de naves de escolta, torpederos, destructores y aun cruceros. Sin embargo, a pesar de la celosa vigilancia, los submarinos alemanes continuaron haciendo estragos en la navegación aliada. Especialmente en los primeros años, la represión de las naves inglesas que escoltaban los convoyes no era, por otra parte, todo lo eficaz que debía ser. En efecto; ante un ataque, los buques escolta dejaban caer en las profundidades grandes cantidades de bombas de profundidad. Pero eso no bastaba. 


Los británicos, enfrentados con esa realidad y para contrarrestar la táctica de los sumergibles germanos, comenzaron a emplear una nueva bomba, de 1.000 kilogramos (en lugar de las comunes de 150 kilos). El nuevo proyectil poseía dos masas explosivas que .no explotaban al unísono sino con un intervalo de un segundo, lo que daba a la bomba un mayor efecto explosivo.
La nueva bomba tenía 50 centímetros de diámetro y, dado que era demasiado pesada para ser lanzada, por los medios comunes (explosivo o neumático) era despedida por los tubos lanzatorpedos de los destructores. En sus extremos la bomba tenía dos flotadores que retardaban la velocidad de inmersión. Efectivamente, el explosivo descendía a las profundidades lentamente y daba tiempo a la nave que lo había 'arrojado para alejarse del lugar.

Cargas convencionales
Fuente: Revista Segunda Guerra Mundial N° 36, 1965, Picadilly Press

Las 10 reglas de oro del as Otto Kretschmer

Menos de dos años de guerra le bastaron al comandante Otto Kretschmer para convertirse en el máximo as de la guerra submarina. Entre 1935 y 1941, Kretschmer comandó el U-35, el U-23 y el U-99. 

Kretschmer sobre la
cubierta del U-99
La guerra sorprendió al oficial al comando del pequeño U-23, del tipo II, con el cual se aventuró en sucesivas oportunidades mucho más allá de las someras aguas para las que estaba concebida ese tipo de naves. 
“Silent Otto” hundió 46 naves aliadas, entre las cuales se contado un destructor y al menos tres mercantes armados, y dañó al menos 5. El total de toneladas ascendió a la magnífica suma de 273.043 en hundimientos y 37.965 en daños. 
Como el lector puede imaginarse, Kretschmer fue largamente condecorado: Cruces de Hierro y de Caballero varias. 
Antes de ser tomado prisionero en marzo de 1941, en una acción en la que ordenó emerger a su muy dañado U-99 en medio de un bombardeo con cargas de profundidad, el as de la Ubootwaffe dejó establecidas las 10 reglas que todo comandante de lobos grises debía seguir al pie de la letra. 
Estas normas de oro nos enseñan mucho sobre lo que era la guerra submarina en los primeros años de la guerra, antes de que los aliados perfeccionaran armas temibles para los oficiales de sumergibles, como por ejemplo el radar. 

Las 10 reglas: 

1 - En toda operación de submarinos es de importancia primaria contar con vigías competentes. Cuando se opera en alta mar el primer requisito del éxito es tener a bordo la mejor organización posible. Un eslabón flojo en el sistema puede significar la destrucción del buque y la muerte de sus tripulantes. 

2 - No basta que los vigías avisten todos los objetos que aparecen en la superficie; también deben avistar con la debida antelación todos los objetos que aparecen en el cielo. La aviación desempeña un papel cada vez más importante en la organización de los convoyes enemigos. Los aviones son un peligro mortal para un submarino en superficie. Nosotros confiamos en que los vigías nos advertirán de su aproximación con tiempo suficiente para bajar a más de sesenta pies con el fin de no ser vistos y bombardeados. 

3 – Los buques sueltos que no enarbolen pabellón neutral ni distintivo de la Cruz Roja y que por lo contrario parezcan beligerantes, deben ser cañoneados y hundidos de ser posible, con el fin de reservar los torpedos para los más difíciles blancos escoltados. 

4 - Hay que ayudar a los sobrevivientes, siempre y cuando se disponga de tiempo y si al hacerlo el submarino no se expondrá a peligros indebidos. La tripulación debe saber que, en caso de que el U-99 (submarino de Kretschmer) se hunda y haya tiempo de abandonar la nave, podrá esperar que el enemigo lo rescate. Que es justamente lo que el enemigo tiene derecho a esperar de nosotros. 

5 – Se atacarán los convoyes de día solamente cuando no convenga aguardar hasta la noche. El ataque diurno de un convoy escoltado presupone la necesidad de correr un riesgo calculado y sólo se lo debe efectuar previo un cuidadoso estudio de todos los factores involucrados. 

6 - En circunstancias normales el U-99 dedicará las horas de luz diurna para seguir al convoy y maniobrar para estar en posición de ataque favorable al caer la noche. Por posición de ataque favorable se entiende el lado oscuro de un convoy cuando hay luna, de manera que el convoy quede bien recortado a su luz en tanto que nuestra propia silueta, presentada de proa, resulte casi imposible de detectar. 

7 - Con poca luna, o en noches oscuras, el U-99 atacará siempre por el lado de barlovento del convoy. Cara al viento y a veces a la lluvia y a la espuma, los vigías enemigos son menos eficientes que de espaldas al viento. 

8 - El U-99 se guiará por mi principio de que los abanicos de torpedos lanzados desde gran distancia no tienen ninguna garantía de éxito y forzosamente resultan un desperdicio. En primera instancia no hay ninguna necesidad de disparar más que un torpedo por buque. 

10- El principio arriba expuesto obliga a disparar a quemarropa, lo que sólo es posible irrumpiendo a través de la pantalla antisubmarina de la escolta y a veces incluso dentro de las columnas del convoy. Tal ha de ser el objetivo de todos nuestros ataques. 

Luego de pasar largos años en cautiverio, este gran as de las profundidades se incorporó a las fuerzas navales de la OTAN. Se retiró con el rango de almirante de flotilla en 1970. Murió en 1998.


El pequeño U-23 antes de la guerra




U-534: Josef Neudorfer ¿era realmente argentino?

En este blog se ha escrito en algunas oportunidades sobre el sumergible U-534, hundido el 5 de mayo de 1945, horas antes del final de la Segunda Guerra Mundial. Ese día murieron tres tripulantes del lobo gris, enre ellos el Fk.Gfr. (cabo operador de radio) Josef Neudorfer de apenas 19 años de edad.
Son incontables los sitios y foros que refieren desde hace años que Neudorfer era argentino; incluso hay libros que han levantado esta infromación, aún sin prueba documental alguna, y la han dado como cierta.


No se trata de negar que Neudorfer era realmente argentino, pero, hasta el momento, no he podido hallar una prueba documental incontrastable que lo confime en un cien por ciento.
Según el Historisches Marinearchiv, que no tiene datos del lugar de nacimiento de Neudorfer, este último nació el 30 de septiembre de 1926. Por su parte, Peter Schulz del Deutschen U-Boot Museums de Cuxhaven me confirmó que poseen en sus archivos más de seicientas páginas con información del U-534, pero carecen de datos personales de Neudorfer.
En Argentina también hay vestigios de algún Neudorfer. El Centro de Estudios para la Inmigración en Latinoamérica posee los registros de quien fuera, tal vez, un pariente del submarinista: Existe el registro de que un tal Josef Neudorfer, de nacionalidad austríaca, que ingresó a la Argentina el 24 de septiembre de 1930. Llegó a bordo del buque "Sierra Leona" y declaró ser cerrajero. No era su padre, ya que si en 1930 tenía diecinueve años, como dijo, y el submarinista nació en 1926, entonces sería demasiado joven para serlo. Para ese momento, nuestro Neudorfer, el marino, tenía ya cuatro años.

Así las cosas, cualquier historiador serio debería abstenerse de confirmar a Neudorfer como argentino. hasta tanto aparezca alguna prueba irrefutable de ello.


Nazis en el Cono Sur: una aproximación a partir de dos lecturas

Por Antonio Bernárdez Sobreira

«Guerra. Nazis. Argentina. Décadas de escuchar fábulas, la mayor de ellas que Adolf Hitler acabó sus días tranquilamente mirando el Mar Austral desde la costa del golfo de San Jorge. Nada lo prueba, pero sí es cierto que en Comodoro Rivadavia, la mayor ciudad de la Patagonia, vivió un sosias de Hitler –Alexander Schikorr- que participaba en las actividades de los nazis de la zona, numerosos y descarados»
(Xavier Alcalá en el prefacio de Nazis en las sombras, p.13).

Alexander Schikorr (foto cortesía de Xavier Alcalá).

El veterano novelista gallego Xavier Alcalá viene de publicar recientemente, en lengua gallega, la obra The Making Of, que narra la historia de un emigrante galaico en la Argentina de los 30 y 40 mediante la combinación de dos planos: la biografía novelada de un personaje real y el proceso de investigación y construcción de dicho relato, que se remonta al final de los años 80. Para el historiador, la novela puede ser de gran interés por la detallada reconstrucción del marco político y social de la época, en especial en lo relativo a la presencia nazi en el gran país austral, su implantación social, sus redes de espionaje y delictivas, en particular en la Patagonia y el entorno de Comodoro Rivadavia. En este sentido, además de las aportaciones propias recogidas (de forma importante pero no exclusiva) de personas vinculadas a la emigración (en especial de Manuel Antonio Rey Flórez, fallecido antes de publicarse el libro y quien hizo un ingente trabajo de archivo en fuentes policiales y judiciales que constituye la base documental de la novela), Alcalá es tributario también de las investigaciones del historiador argentino Julio B. Mutti, quien, y dentro de una obra más amplia, en 2015 publicó Nazis en las sombras, donde reconstruye las actividades clandestinas alemanas durante el período bélico, fundamentalmente las relacionadas con el espionaje y el apoyo logístico a la causa del III Reich.

No es nuestra intención (ni es el lugar adecuado) hacer una reconstrucción exhaustiva de todos los aspectos históricos explicitados por ambas obras y sobre los cuales hay abundante publicística en el País Austral. Antes bien, a partir de la lectura comentada de pasajes de The Making Ofy Nazis en las sombras, sí que queremos poner en valor la reconstrucción de la memoria de la implantación nazi en la Argentina, más allá de las teorías conspirativas relacionadas con la acogida de refugiados del Reich, en especial criminales de guerra, sujetas a una vieja controversia.

En este sentido, pretendemos destacar aspectos como la presencia germana y su actividad pro-nazi en el contexto previo a la guerra, el peso de la colonia alemana en la Argentina contemporánea o la construcción de redes de apoyo al III Reich.

La presencia alemana en Argentina creció exponencialmente a lo largo de los siglos XIX y XX (1). Así, si en 1869 según los censos estaban registrados 4.989 alemanes, en 1895 ascendían a 17.143, contabilizándose 26.995 en 1914. Germán C. Friedmann constata, de todas formas, que los dos últimos recuentos daban cuenta solamente de los naturales del Reich, obviando a sus vástagos y a aquellos que siendo germano-hablantes se consideraban alemanes, destacando los llamados «alemanes del Volga» (Wolgadeutschen), presentes en el país desde 1878. Por lo tanto, el número de personas de habla alemana en la Argentina podría ascender en 1914 a unas 100.000, con un incremento posterior hasta aproximadamente 300.000 (Mutti habla de unos 250.000), tras las oleadas inmigratorias del período de Weimar y el inicio del régimen nacionalsocialista, que incluyeron «alemanes» procedentes del propio Reich, Austria-Hungría, Rusia, EE.UU, Brasil o las antiguas colonias, en el caso de los EE.UU o Brasil relacionado ello con el resentimiento con aquellas naciones que participaron en la humillación del Imperio, lo cual decantó Argentina como un destino atrayente. En palabras de Mutti (p. 24):

«Una vez firmado el armisticio y restablecidas las líneas trasatlánticas, el puerto de Buenos Aires se vio inundado de alemanes, a tal punto que en la década siguiente los germanos representaron la tercera lengua inmigrante detrás de españoles e italianos (…)».

De esta forma, en los años 30 y 40 el nazismo disponía de un buen humus para el cultivo de sus actividades de implantación en el Cono Sur, a lo que hay que añadir el peso cualitativo de la presencia entre los ingresados de militares licenciados, funcionarios o pequeño burgueses arruinados (Mutti, p. 25).

En las páginas 20 y 21 de The Making Of, Alcalá aporta una significativa descripción de ese humus sociopolítico presente en la Patagonia de finales de los 30 y principios de los 40:

«Había catro petroleiras: a arxentina, a alemá, a inglesa e a holandesa. Os milicos arxentinos eran claramente filonazis, o Goberno apostaba por Alemaña e Hitler empezou invadindo Holanda e bombardeando Inglaterra… Xa me dirás como caeu a cousa aquí. Nas empresas había europeos de todos os países (…). Cada petroleira tiña a súa propia cidadiña, con escola, hospital, igrexa, teatro, economato, confitería… Parecía que vivían aparte os alemáns e os outros, pero todo o mundo coincidía no centro de Comodoro para certas cousas (…)».

A ello habría que unir las otras poblaciones inmigrantes susceptibles de simpatizar con la causa hitleriana (Alcalá, pp. 58-59):

«O amigo de Comodoro mandáralle documentos sobre os nazis; ficaran en facer un percorrido polo Chubut tocando en estancias de vascos, de alemáns e colaboradores destes: croatas, bóers, holandeses, belgas, ucraínos e croatas, bóers, holandeses, belgas, ucraínos e “demais canalla partidaria do Reich“».

Desfile nazi en Astra (Comodoro Rivadavia, foto cortesía de Xavier Alcalá) (2).

Argentina como país de aluvión con una economía mundializada y con una cierta naturaleza neocolonial, no podía, por lo tanto, permanecer al margen de la conflictiva situación política contemporánea. Mutti señala como ya desde 1918 y en diversas entidades sociales germanas (clubs, tabernas…) se desarrollaron «tumultuosas asambleas populares (Volksversammlungen)» así como que desde muy temprano (y antes del ascenso del partido nazi) ya había contactos entre militares argentinos «con elementos del Ejército regular alemán, de reminiscencias nacionalistas», enmarcados dentro de una labor de asesoramiento y adiestramiento iniciada ya antes de la Gran Guerra (Mutti, p.25). Es de destacar el hecho de que esa presencia de militares germanos posibilitase la utilización de Argentina como «refugio (…) para forajidos de los Freikorps» (Mutti, p.26). Por otro lado, en el convulso contexto de Weimar, los recursos de las comunidades alemanas en el extranjero eran muy codiciados para su empleo en la financiación de las campañas electorales del emergente y fulgurante NSDAP, con lo que fueron intensas las actividades para captar militancia entre los emigrados, para lo cual fue fundamental inicialmente el concurso de trabajadores de las compañías navieras, vinculados con la «izquierda» del Partido (Mutti, pp. 26-27). Más tarde, establecido el Régimen, una oficina específica del NSDAP, la Auslandorganisation(AO), se encargaría de «aglutinar a todos los nazis en el extranjero y, a partir de la reorganización de la política exterior bajo la visión cosmopolita del nacionalsocialismo, a todos los súbditos del Reich» (Mutti, p. 27).

Alcalá describe esa situación en las páginas 38 y 39, y como estas redes sirvieron después para acoger a los criminales de guerra refugiados tras la derrota:

«(…) a colonia alemá de Comodoro seguiu recadando moito diñeiro para o Reich, ata que as cousas se puxeron negras en Europa e falouse de <>. Daquela os grupos de apoio aos nazis gardaron a recadación para os camaradas que acabaron inmigrando baixo o amparo de Perón. Hóuboos alemáns e colaboradores dos nazis como os croatas.

Aeroclub alemán Condor, gentileza G. Lorenz


De todas formas es de justicia afirmar que en la comunidad germana no había un consenso alrededor de la fidelidad al régimen hitleriano, comenzando por el propio empresariado argentino de origen alemán, reticente según Mutti (p. 32) a participar de la demagogia antisemita, aunque también es cierto que el mismo autor señala una progresiva purga de los trabajadores judíos desde 1936.

Por otro lado, y pese a las simpatías evidentes de una parte de las élites políticas y militares argentinas, las actividades nacionalsocialistas en el país fueron progresivamente restringidas, habida cuenta de lo que se consideraba alta peligrosidad de las mismas , tanto en su vertiente política como social e incluso educativa y en especial tras la manifestación de fuerza del Luna Park en 1938. En este contexto de temor y desconfianza hay que contextualizar el llamado «Affaire Patagonia»: la publicación de un supuesto plan de invasión de parte del territorio nacional, por parte del diario Noticias Gráficas (Mutti, p.41 y ss.). Un decreto de 1939 prohibió las franquicias del Partido Nazi y del Frente Alemán del Trabajo en suelo argentino, aunque pronto nacería una Unión Alemana de Gremios que daría cobertura a la organización local del NSDAP. El golpe militar de 1943 , abriría definitivamente la puerta a la ruptura con el Eje y el alineamiento con los aliados en la Guerra Mundial, pese a que inicialmente pudiese parecer lo contrario, aunque con el posterior ascenso de Juan Domingo Perón, se forjaría la historia (en parte incentivada por el Departamento de Estado norteamericano y en parte fidedigna) de la cooperación con la red de refugiados de la debacle nacionalsocialista .

Notas
(1) Los datos demográficos proceden de Germán C. Friedmann (2010): «Los alemanes antinazis de la Argentina y el mito de las dos aldeas», Revista de Historia Contemporánea, nº 77, pp. 205-226.
(2) Adjuntamos en este texto varias fotos facilitadas por el escritor Javier Alcalá quien explica su procedencia en la página 80 de la propia novela, a partir de unos negativos que aparecieron en una escombrera y que pertenecerían a un fotógrafo alemán de la YPF. Copias de estas fotos aparecen en diversos fondos documentales argentinos como el Archivo de la Honorable Cámara de Diputados.

A 80 años de la Noche de los cristales rotos

En diciembre de 2016 tuve la suerte de entrevistar largamente a la única hija viva del ex embajador Eduardo Labougle. Este diplomático de carrera fue el representante argentino ante el gobierno de Hitler desde su irrupción en la Cancillería hasta el año 1939.
Los Labougle ocupaban un lujoso edificio en una de las zonas más exclusivas de Berlín, el Palacio Staudt, en la Tiergartenstrasse 9. Sobre este impresionante edificio donando por la familia homónima a la República Argentina, y del que casi no se conocen fotografías, hablaré extensamente en mi próximo libro.
Delia Labougle y sus hermanas ocupaban una de las habitaciones de la planta superior de la suntuosa propiedad. Ya que las ventanas daban a la calle, no era extraño despertarse en medio de la noche con el estrépito de los grupos de tares de la Gestapo. Sin embargo, aquella madrugada del 10 de noviembre de 1938 fue el pináculo del horror.


Antecedentes:
El año 1938 fue quizás el momento en que se hizo realmente insoportable para un judío permanecer dentro de las fronteras del Reich. Las leyes antisemitas, sobre las cuales Labougle había informado largamente a Buenos Aires, estaban vigentes desde hacía dos años y medio.
Pero en 1938 los nazis fueron aún más allá, decidieron avanzar resueltamente contra todos los bienes que los judíos poseían en Alemania. El 9 de mayo de ese año, el mariscal Göring, jefe del plan económico denominado “Plan Cuatrienal”, entre otras funciones, ordenó la promulgación de ciertas leyes que estaban orientadas al total empobrecimiento de la población judía en Alemania. Aquellas normas obligan a los judíos alemanes a hacer la declaración de sus bienes tanto dentro como fuera del país.” Los nazis buscaban evitar, de esa manera, toda contravención posible para escapar a la ley que prohibía a todo judío hacer uso de sus bienes sin previa autorización del gobierno. El capital judío no sólo sería puesto bajo inventario, sino que sería invertido nuevamente.
No es necesario remarcar que la campaña antisemita en Alemania recrudeció severamente en ese momento, así como también lo hizo la resistencia de las potencias occidentales a tolerar aquellas horribles medidas. Algunos países boicoteaban a los productos del Reich. Por su parte, la prensa escrita estadounidense comenzó a golpear duramente al gobierno de Hitler.
Hitler y el embajador argentino Labougle
El detonante:
El 7 de noviembre de 1938 se produjo un hecho que marcaría de manera indeleble la vida de miles de judíos que residían dentro de las fronteras de Alemania. Ernst von Rath, tercer secretario de la Embajada de Alemania en París, fue asesinado de un disparo por un joven judío polaco de origen alemán llamado Herschel Grynszpan. Las horribles represalias de los nazis contra la población israelita del Reich no se hicieron esperar.

Estalla el horror:
La fría noche del 9 al 10 de noviembre se desató una tempestad de fuego y furia antisemita por toda Alemania. El asesinato de Rath dio a los nazis la excusa que estaban aguardando para desencadenar un pogromo surgido del mismo infiero. Mientras las hijas del embajador Labougle eran despertados por los gritos, las explosiones y los cristales rotos en medio de la madrugada. “Kristallnacht”, noche de los cristales rotos, es el nombre con que se recuerda aquella noche infame en los anales de la historia. 
No se sabe con exactitud, pero se cree que al menos noventa y un judíos fueron muertos, otros veinte mil encarcelados en campos de concentración y miles de propiedades, sinagogas y comercios israelitas fueron incendiados. Todo bajo la tácita aprobación de Hitler y sus secuaces más oscuros.

Argentinos en la tormenta:
Desde la puesta en vigencia de las leyes del año 1938, se había levantado una ola de israelitas alemanes naturalizados argentinos, que desesperados por la pérdida de sus bienes se presentaron en la embajada a pedir auxilio. Esto despertó una serie de disputas internas en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Finalmente terminó imponiéndose la dura postura de socorrer exclusivamente a los judíos que fueran argentinos por nacimiento, ya que los alemanes israelitas naturalizados argentinos, eran, según los especialistas, "alemanes viviendo el Alemania", y en esa época la Argentina no aceptaba la doble nacionalidad.
Los hordas nazis no entendían de pasaportes o nacionalidades, y no todos los ciudadanos naturalizados argentinos de origen israelita fueron respetados aquella noche perversa; tal fue el caso del matrimonio Mundstock. Alfred Mundstock y su esposa Elena Gaedke de Mundstock vivían en la Lindenstrasse, número 169, de la ciudad de Düsseldorf. Pasados cuarenta minutos de las cero horas del 10 de noviembre, una turba embravecida que vestía uniformes de las S.A. irrumpió violentamente en el apartamento de los Mundstock. Derribaron la puerta y se dedicaron por un largo rato a destruir el mobiliario y todo aquello que se encontraba a su alcance. A sabiendas de que la policía se abstendría de tomar medidas, los Mundstock, munidos de su pasaporte argentino, decidieron recurrir al cónsul de Düsseldorf Enrique Moss.


Un embajador Sudamericano en desgracia:
Los hechos de aquella infame noche también dejaron como saldo la partido del nuevo representante que Colombia había enviado ante Hitler. Rafael Rocha Schloss era el encargado de negocios de Colombia y además aficionado a la fotografía. Consternado por los destrozos en el centro de Berlín, no tuvo mejor idea que bajarse del automóvil con chapa oficial y ponerse tomar instantáneas de los destrozos. Era ya el día 10, y lo acompañaba Jaime Jaramillo, quien se disponía a presentar sus credenciales como nuevo embajador ante el Führer. 
Rocha habían tomado ya “varias vistas” sobre la Kurfürstendamm cuando de repente y sin que persona alguna los hubiera hecho antes la menor observación, se encontraron materialmente rodeados por policías que formaban una cadena alrededor del automóvil de la Embajada de Colombia. Hubo forcejeos, gritos, empujones y un escándalo diplomático que, como era de esperarse, fue resuelto a la manera que los nazis resolvían las disputas con naciones que no estaban entre sus prioridades: las credenciales diplomáticas de Jaime Jaramillo no fueron aceptadas. 




El presente artículo fue publicado por el diario La Prensa el 13/11/2018


Convoyes en el Atlántico

Esta es una entrada que debería ser muy útil a todo aficionado a al a lectura de obras bélicas sobre la Segunda Guerra Mundial; en especial aquellos libros dedicados al estudio de la Batalla del Atlántico.
¿Quién no ha leído en un libro de estos alguna ves: "convoy HX-** atacado por sumergibles alemanes"?
Las denominaciones de los convoyes que cruzaban el Atlántico en ambas direcciones no era arbitraria. Es posible que por las letras asignadas a cada uno de ellos, sepamos donde se dirigía dicha formación de naves mercantes y de guerra en determinado momento, cosa que muchas veces se obvia en la literatura a la cual nos referimos:


 Nomenclatura de los principales convoyes

ON- Convoy de Gran Bretaña en dirección a Halifax, Canadá.

HX- Convoy de Halifax a Gran Bretaña.

ONC- Convoy de Gran Bretaña a Sidney, Canadá

SC- Convoy de Sidney a Gran Bretaña

JW- Convoy Gran Bretaña - Islandia - Mursmansk (URSS)

QP- Convoy Murmansk - Islandia - Gran Bretaña

PQ- Convoy Gran Bretaña - Islandia - Mursmansk (URSS)

RA-  Convoy Murmansk - Islandia - Gran Bretaña

OG- Convoy de Gran Bretaña a Gibraltar

HG- Convoy de Gibraltar a Gran Bretaña

OS- Convoy de Gran Bretaña a Sierra Leona

SL- Convoy de Sierra Leona a Gran Bretaña

WS- Trasnsportes especiales de Gran Bretaña a Medio Oriente


Convoy HG-70




Convoy PQ-17

El espionaje en acción

Los agentes astutos preveen lo que va a suceder en lo futuro, y algunas veces hacen planes con muchos años de anticipación. Uno de los agentes de la Gran Bretaña trabó amistad con un matrimonio de ancianos bondadosos. Al descubrir que eran acérrimos antinazis, les propuso que establecieran una taberna en el extremo del canal de Kiel que da hacia el mar del Norte. 
Antes la guerra, se hizo una costumbre que los submarinos alemanes se detuviesen frente a la taberna para que los tripulantes bebiesen el ultimo vaso de cerveza en la madre patria, antes de internarse en los mares. Siguiendo el consejo del agente, invitaban de vez en cuando ruedas de cerveza a los parroquianos. El agente también había sugerido que se estableciera la costumbre de que los clientes firmasen un libro de visitantes. Después de estallar la guerra, continuaron las prácticas. Tan pronto como el submarino comenzada a retirarse, el tabernero cogía el libro de huéspedes, bajaba al sótano, y se encaminaba por un pasaje subterráneo a una casa vecina donde un radiotelegrafista inglés lo esperaba para enviar la información al Almirantazgo. 

Parte de la larga nota sobre espionaje escrito por el ex agente de la OSS, Richard Dunlop, para el número de noviembre de 1960 de Mecpanica Popular.