Secciones Principales

Afiliados al partido nazi en América

Ochenta aniversario de la Batalla del Río de la Ptata

Nota publicada en el diario La Prensa por el 80° aniversario del hundimiento del Graf Spee y la Batalla del Río de la Plata. Escrita por Julio B. Mutti. Prohibida su reproducción sin autorización. 


Cuando el conde almirante Maximilian von Spee, comandante de la Escuadra del Pacífico de la Flota Imperial del Káiser, levó anclas en agosto de 1914 con dirección a la costa oste de Chile, jamás imaginó que su vida y su apellido estarían ligados por siempre al extremo más austral del continente americano. Von Spee y casi la totalidad de su escuadra yacen hoy en el helado Mar Argentino que circunda nuestras Islas Malvinas, ya que allí encontró la muerte el 8 de diciembre de 1914 en la primera gran batalla naval de la gran guerra. El crucero Scharnhorst, buque insignia del comandante Graf Spee fue hallado hace poco tiempo por el mismo buque que encontró al malogrado ARA San Juan.

Ya en los años treinta, con lo nazis en el poder, Alemania intentó recuperar algo de la pasada gloria de la vieja Armada Imperial. En 1934, una serie de pequeños acorazados (en realidad eran cruceros pesados con cañones de 280 mm.) fueron botados por la remozada Kriegsmarine. Uno de estos modernos barcos de guerra recibió el nombre del viejo héroe, Admiral Graf Spee, y cuando se lo botó, el 30 de junio del mencionado año, la hija del oficial imperial estuvo presente. Claro que ese día nadie imaginó que años más tarde, el barco que llevaba el nombre del conde Spee encontraría su tumba en el mismo lejano rincón sudamericano. Vaya coincidencia del destino.

RUMBO AL ATLANTICO SUR
Apenas diez días antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, el 21 de agosto de 1939, el Admiral Graf Spee zarpó de Wilhelmshaven con rumbo al Atlántico Sur. La guerra era inevitable y Hitler había ordenado que sus corsarios de superficie estuvieran listos para atacar las rutas comerciales británicas.
El capitán Langsdorff, comandante del Spee, fue muy exitoso en la tarea que se le encomendó. Logró sembrar el terror en las rutas de del Atlántico Sur y también en el Indico, capturando y hundiendo nueve barcos mercantes enemigos.

A todo esto, era claro que los británicos debían responder de alguna manera. Conformaron una fuerza de tareas dedicada a dar caza al molesto corsario y la enviaron al Atlántico sur. El 2 de diciembre de 1939, el mercante de 10.000 toneladas "Doric Star" emitió una señal de socorro al ser hundido por el Graf Spee, lo que dio al comodoro Harwood, líder de la fuerza británica, una idea de la posición del crucero alemán. El marino inglés dedujo que el estuario del Río de la Plata podría ser el destino del capitán Langsdorff, y no se equivocó.

Historia de las fugas de oficiales, suboficiales
y marineros del Graf Spee. Descarga 
EL GRAN CHOQUE
La mañana del 13 de diciembre, no muy lejos de Punta del Este, se produjo el gran choque. El crucero Exeter, con Harwood a bordo y dos cruceros más pequeños, el Ajax y el Achilles, fueron avistados a las 5:30 hs por los vigías alemanes. Si bien los británicos contaban con tres embarcaciones, el poder de fuego favorecía a los alemanes. Los caños de 280 mm. eran temibles, mientras que las armas más grandes del Exeter eran de 203 mm. El Graf Spee castigó duramente al Exeter, le provocó muy serias averías y 61 muertos. Los más pequeños Ajax y Achiller se dirigieron a toda máquina hacia el corsario alemán, para aliviar a la nave de Harwood del castigo. En una decisión que no está todavía clara y que ha sido muchas veces censurada, Langsdorff, en lugar de enfrentar a los oponentes más débiles que seguían disparando, echó una cortina de humo y viró en dirección al Río de la Plata. Se dice que el capitán tuvo miedo de un ataque con torpedos de los cruceros ligeros.

Así fue que con algunos daños menores provocados por muchos impactos, 36 muertos y 60 heridos, el Graf Spee entró en la rada de Montevideo.
Lo que siguió después fue la continuación del combate por otros medios: La diplomacia y el espionaje. Uruguay fue rápidamente presionado por Gran Bretaña; apenas se otorgó a Langsdorff 72 horas para realizar las reparaciones, un par de ellas muy necesarias. Si excedía ese tiempo sería internado en una nación muy cercana a los intereses ingleses. Los servicios de inteligencia enemigos se pusieron en marcha para convencer a Langsdorff de que estaba rodeado por numerosas fuerzas enemigas que se estaban concentrando fuera del Río de la Plata, lo que no era cierto en absoluto.

HACIA BUENOS AIRES
En Berlín se decidió dejar a criterio del comandante los pasos a seguir. En la otra orilla del Río de la Plata, los servicios de inteligencia también comenzaron a mover sus hilos. Desde la embajada del Tercer Reich se ordenó al espía portuario Rudolf Hepe, empleado en una firma naviera, tomar dos remolcadores y dirigirse clandestinamente hacia Montevideo. Así fue que el 17 de diciembre, mientras una multitud se agolpaba en el puerto de Montevideo, deseosa de ver un combate naval que nunca se produciría, Langsdorff condujo su nave hasta las inmediaciones de las aguas que dividen Uruguay y Argentina y la voló con explosivos. En las inmediaciones aguardaba el mencionado agente Hepe que con dos remolcadores y una chata para conducir a todo la tripulación, 1.055 hombres, hacia Buenos Aires.


Las perspectivas de ser internados en Argentina eran mucho más alentadoras. Pronto casi la totalidad de los oficiales, muy requeridos para continuar la guerra en Europa, lograron evadirse de del cautiverio gracias a la laxa vigilancia argentina. Para ello contaron con la ayuda de las florecientes redes de espionaje nazis. Langsdorff se quitó la vida el 20 de diciembre y la marinería fue internada en diferentes provincias. El mítico Graf Spee ardió por días. Hoy es una leyenda que está enterrada en el fondo barroso del lecho rioplatense desde hace exactamente ochenta años. Algunas de sus partes, como el telémetro o algún cañón de calibre menor, se exhiben en las inmediaciones del Puerto de Montevideo. El águila de popa, rescatada en 2006, con su gran esvástica de bronce, sigue siendo motivo de grandes controversias en el Uruguay.


Un refugio de espías nazis descubierto en Santa Fe

Este artículo, escrito por el autor de este blog, se publicó en el diario La Prensa el 05/12/19
Prohibida su reproducción sin autorización previa. Para conocer la historia completa del espionaje alemán en Argentina durante la Segunda Guerra Mundial ver "Nazis en las sombras", editado en 2015.


El infinito campo argentino tiene miles de historias por ser descubiertas. Algunas van saliendo a la luz casi por casualidad, otras vivirán en el olvido para siempre ¿Quién podría pensar que esconde también viejas historias de espías nazis acechando en las sombras?

Por la ruta provincial Nº 2, apenas pasando el espejo de agua llamado laguna "La Verde", donde algunos flamencos silvestres remojan sus interminables patas, se llega a un caserío que se denomina "Las Avispas". Un viejo camino de tierra sobre la margen derecha de la ruta lleva hasta el viejo establecimiento agro ganadero, propiedad en el pasado de la familia Kusters, uno de los clanes de granjeros alemanes establecidos allí durante los comienzos del Siglo XX.

Uno de los primeros colonos alemanes en instalarse en "Las Avispas" fue Walter Junkers, quien compró parte del loteo de un establecimiento llamado "El Simbol" en el año 1930. Allí se dedicó exitosamente a explotar las ricas tierras argentinas. Luego le siguió Carlos Kusters, un ex capataz "La Fidelidad", una estancia de la "Bunge & Born", quien fue persuadido por su amigo Junkers de adquirir otra porción del lucrativo loteo de "El Simbol". Con el sudor y sacrificio de largos años de trabajo y un generoso préstamo del Banco Hipotecario, Kusters pudo finalmente comprar su campo en el año 1937. Pronto lo dotó con 650 cabezas de ganado vacuno, 200 de lanar y 100 de caballar. Una inversión total de $150.000.- pesos.
Fue por esos años que un misterioso corredor de la empresa "Otto Deutz" comenzó a frecuentar los campos de los alemanes. Se trataba de un joven hamburgués llamado Hans Harnisch, quien años más tarde se convertiría en un próspero empresario y un engranaje clave del espionaje nazi en Argentina durante la Segunda Guerra Mundial.

La estancia hoy

MOMENTO CLAVE
Cuenta la historia que entre mediados de los años treinta y comienzos de 1943, los colonos radicados en Santa Fe perdieron el contacto con Harnisch, pero el reencuentro llegaría en un momento clave y bajo circunstancias bastante tristes, por cierto. La esposa Kusters estaba mortalmente enferma para comienzos de ese año, con lo cual el matrimonio debió trasladarse hasta el Hospital Alemán de Buenos Aires. La señora Kusters finalmente murió en el mes de febrero. Angustiado por la mala situación económica en que había quedado por los gastos originados en la enfermedad de su difunta esposa, el colono alemán decidió recurrir a su viejo amigo y compatriota, Hans Harnisch, quien ya no era un inofensivo corredor de maquinaria agrícola.

Harnisch era ahora gerente de la empresa "Böker", y además uno de los líderes de la Red Bolivar, organización de espionaje nazi liderada por el legendario espía Siegfried Becker. Harnisch, en el momento de ser contactado por Kusters, estaba encargado de adquirir propiedades en el interior de Argentina, en lugares apartados que le permitieran a los espías alemanes montar estaciones clandestinas de radiotelegrafía, para de esa manera transmitir tranquilamente sus informes secretos hacia el Tercer Reich. Así que ante el pedido de socorro financiero por parte de su compatriota Kusters, el próspero empresario vio la oportunidad de explotar el campo "El Simbol", perdido en medio de Santa Fe, como un refugio de la organización de espionaje y estación clandestina. Harnisch ofreció a Kusters un crédito muy blando, de $30.000.- pesos a una benévola tasa del 3% anual. A cambio, Kusters debía poner a disposición del servicio de información germano su chacra enclavada en el medio de la inmensidad del interior argentino.

En una reunión consumada en la afamada confitería "El Molino", la misma que se yergue frente al Congreso, Kusters aceptó sin más la propuesta de Harnisch. El gerente de "Böker" rápidamente entregó el préstamo, materializado con el dinero del SD (servicio exterior de las temidas SS de Himmler), y organizó sin perder tiempo un encuentro entre Wolf Franczok (ingeniero jefe de los equipos de radiotelegrafía) y Carlos Kusters.

Apenas diez días después de sellar el acuerdo, Harnisch y Franczok se montaron en el Mercury del primero y se dirigieron a Santa Fe para una primera visita de reconocimiento. Unos días más tarde se sumó Max Frankenberger, el albañil del equipo de espías alemanes, quien fue el encargado de construir una nueva habitación en el viejo casco de la estancia que simularía ser un cuarto de huéspedes. En realidad estaba destinada a los aparatos de radiotelegrafía y a diversos equipos del ingeniero Franczok. Los alemanes construyeron un armario especial, con "doble fondo" que daba hacia una cavidad oculta, para esconder todo tipo de elementos técnicos, documentos, cámaras fotográficas y también algún arma ¡Casi como salido de una película de James Bond!.

Entre abril y mayo de 1943, Franczok volvió a Santa Fe para instalar los radiotelégrafos, el molino generador de energía y los acumuladores. Así quedó montada la nueva radioestación de los espías de Hitler en Argentina, que se sumaba a otras en lugares tan alejados como Tandil o General Madariaga. Lograría sobrevivir hasta la segunda mitad de 1944, cuando Coordinación Federal allanó "El Simbol" y se llevó detenido al pobre Kusters. Lo esperaba una buena temporada tras las rejas.

AJENO AL PASO DEL TIEMPO
Aunque sea difícil de creer, el casco de la estancia "El Simbol" permanece hoy ajeno al paso del tiempo. Es como si se negara a aceptar que la Alemania de Hitler perdió la guerra hace casi setenta y cinco años. Ahí están todavía el falso cuarto de huéspedes construido por Frankenberger, el recinto secreto para los equipos técnicos y hasta el viejo placard de madera puesto por los mismos espías del Führer.

Rafael Marengo es el actual dueño del campo; a él le debemos la posibilidad de poder introducirnos todavía en este increíble túnel del tiempo. El relato se lo debemos a los muy bien conversados archivos del Segundo Sumario de espionaje alemán, resguardados en los Archivos del Poder Judicial de la Nación.

Prontuario de Kusters: AHCDN

La batalla naval del siglo


No tengo temor de equivocarme si digo que la legendaria batalla de Jutlandia (del Skagerrak para los alemanes; entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1916) no solo fue la batalla naval más grande del siglo XX, sino la más grande la historia de las guerras navales. Usted pensará en Trafalgar, tal vez, pero eso fue un asunto de barcos de madera. En Jutlandia chocaron una cantidad de acorazados y cruceros de batalla, con sus aterradores cañones de 30 a 38 cm., que jamás se había visto y nunca se volverá a ver reunidos en una pequeña porción de océano.
Descargar
Dependiendo de la fuente de consulta uno puede encontrar diferentes versiones, especialmente a lo que al desenlace de la batalla se refiere, se puede concluir en una victoria de uno o de otro lado. Para los alemanes se trató de una clara victoria, y así lo podemos concluir de las bajas materiales y humanas de cada lado. Para los británicos, se trató de una clara victoria estratégica debido a que se logró mantener la superioridad numérica de la Gran Flota sobre la Flota de Alta Mar de Alemania. Luego de estudiar detalladamente los libros de memorias del Almirante Jellicoe, por el lado inglés y del Almirante Scheer, comandante alemán, podemos concluir que ambas cosas son ciertas. Los alemanes se llevaron una gran victoria táctica, demostrando su superioridad en eficiencia y control de tiro y en las medidas de seguridad de sus cartuchos de cordita; mientras que los ingleses, que no pudieron explotar su mayor calibre y velocidad de los cruceros de batalla, al mando del almirante Beatty, mantuvieron el “status quo” de superioridad en el Mar del Norte, lo que les dio la victoria estratégica.    

Sobre el desarrollo de la batalla, recomiendo recurrir a las fuentes originales de información para un estudio pormenorizado, serio y profesional de los dos almirantes, enfrentados entre sí, ya que ellos condujeron las dos flotas enfrentadas en choque naval más grande de la historia.


Descargar
Fuerzas en combate:
Gran Flota
• 28 acorazados
• 9 cruceros de batalla
• 8 cruceros acorazados
• 26 cruceros ligeros
• 78 destructores
• 1 barco minador
• 1 portahidroaviones  





Flota de Alta Mar de Alemania:
99 buques
• 16 acorazados
• 5 cruceros de batalla
• 6 pre-dreadnoughts
• 11 cruceros ligeros
• 61 torpederos

Fuente de la imagen: Wikipedia


La odisea del U-530

En julio de 1945 un misterioso visitante se presentó en el puerto de Mar del Plata, Argentina. Era el sumergible alemán U-530. ¿Qué extraños misterios envolvieron su llegada, luego de dos meses de terminada la guerra?

Parte I:
La llegada del U-530
Historia de la nave y de su comandante
Misiones anteriores
El misterio del crucero Bahía



Parte II
Las contradicciones sobre los documentos KTB
La balsa faltante
El informe de los agregados navales aliados
La última patrulla, los torpedos y el combustible
Testimonios sugestivos
Los interrogatorios
Fantasías varias
Bandera de guerra del sumergible



El contenido está basado en el capítulo VIII de mi libro "Sumergibles alemanes en Argentina y Sudamérica". En algunas ediciones puede aparecer como capítulo XXIV, en los casos en que se hayan adquirido la primera edición en dos tomos.
Otras fuentes son: Hemeroteca del Congreso de la Nación Argentina. Resume of interrogations of Lieut. Otto Wermuth... NA Baires R-201-45. Buenos Aires Naval Attache.


La Argentina y la II Guerra Mundial

Entrevista publicada el 15 de septiembre de 2019 en el suplemento de cultura del diario La Prensa:

David Hume solía decir que "la primera cualidad de un historiador es ser veraz e imparcial; la segunda, ser interesante". Ambas características son las que reúne esta nueva investigación del historiador Julio B. Mutti dedicada a un tema del que se ha convertido en un especialista y referente. 10 historias argentinas de la Segunda Guerra Mundial (Olmo Ediciones - 196 páginas) ofrece cautivantes narraciones durante aquel trágico período que enfrentó el mundo y del que nuestro país, si bien se mantuvo neutral hasta casi el final de la guerra, no estuvo ausente. El hilo conductor de las historias es la Argentina. Desde increíbles hechos de espionaje y la vida de un comandante de submarinos alemanes de origen argentino, hasta los muy poco difundidos ataques a buques nacionales.

Lo valioso del rescate de estos acontecimientos es que se basan en documentos, en su mayoría inéditos, de diferentes archivos. "He dedicado horas al tedioso trabajo de procesar documentos y armar el hilo de una historia tal como sucedió", destacó Mutti en diálogo con La Prensa. Asimismo, a este valor documental, se le suma la escritura ágil y atrapante lograda por su autor.

A continuación publicamos un extracto de la conversación mantenida con este diario.

Versión e-book
EL NAZISMO

-¿Se puede asegurar que la Argentina fue, desde la llegada del nazismo al poder, uno de los países de Sudamérica con mayor cercanía a Alemania?.

-Hay que ser cuidadosos con este tema. No debemos caer en exageraciones ni debemos cruzar la delgada línea que divide la realidad de la ciencia ficción. Hitler llegó al poder en 1933. Años antes, un grupo de nazis tempraneros había creado el partido nazi local, pero no debemos confundirnos. Esto no era una agrupación interesada en actuar en política interna; su objetivo siempre fue el adoctrinamiento de la numerosa comunidad alemana al estilo nacionalsocialista. En esta materia, durante la década de los treinta, Argentina era un país en el cual cada cual hacía y deshacía como le daba la gana, y los nazis no eran la excepción. Actuaban con las manos libres y era habitual que sus excesos en el adoctrinamiento nazi de germanoparlantes nacidos en Argentina fueran tratados con laxitud por las autoridades. Además Alemania era el tercer inversor de capitales extranjeros y poseía más de 200 sociedades anónimas, algunas de ellas de gran transcendencia. Eso proceso venía desde la época del Kaiser.

-¿Qué pasó con el ascenso del Tercer Reich?

-En cuanto a la cercanía con el Tercer Reich, eso dependía de las autoridades de turno. Argentina siempre mantuvo relaciones fuertes y amistosas con Alemania, aun antes de los nazis. Pero no fue hasta que un debilitado Ramón Castillo asumió la presidencia en 1942, que la Argentina comenzó a inclinarse hacia los sectores más nacionalistas y germanófilos del Ejército, los mismo que lo derrocarían en 1943 cuando el presidente intentó imponer un precandidato a la presidencia de neto corte anglófilo, R. Patrón Costas. Los militares que llegaron en junio de 1943 mantuvieron y profundizaron la postura germanófila y neutralista; en algunos casos pudo haber sido por convicción pero también fue por el complicado entramado internacional. Es una historia larga y compleja. En el capítulo final del libro analizo este contexto desde la óptica de un importante diplomático aliado, y el lector se sorprenderá de la categoría central que los líderes occidentales le deban a un problema llamado Argentina.

-En una de sus investigaciones anteriores usted trató los mitos y realidades acerca de la muerte de Hitler. ¿Cuál es su teoría al respecto?

-Es penoso ver como hoy en día se tratan, especialmente en nuestro país y en Estados Unidos, las cuestiones relacionadas a la muerte de Hitler en abril de 1945. Creo que el motivo de que en Europa no se dé tanta trascendencia a esta cuestión tiene que ver con escuelas de historiadores profesionales que llevan siglos de ventaja a los americanos. Además nosotros somos un poco como los estadounidenses en la trascendencia que le damos a la "teorías conspirativas". Amamos estas teorías y desechamos la historia ordinaria porque es poco espectacular y aburrida. La gente común no tiene por qué saberlo, pero la engañan sistemáticamente con una supuesta fuga de Hitler. Hay abrumadoras pruebas en contrario, que ni siquiera debería ser necesario citar, ya que debería ser suficiente con estudiar a Hitler desde que salió de las trincheras de la Primera Guerra Mundial, comprender su historia, la construcción de poder, su megalomanía, su salud y, fundamentalmente, su visión de Alemania y de su propia vida. Todo se revuelve y se moldea a medida de las teorías conspirativas. No es cierto que no hubo cuerpos o restos, por ejemplo, y el mundo lo sabe hace décadas. Hoy se habla mucho de los archivos desclasificados por el FBI. ¿Sabe la gente común que eso se publicó hace años en Internet por ese organismo? ¿Sabe además que es multitudinaria la compilación de reportes de "avistamientos" de Hitler por ciudadanos comunes que fueron a parar a un archivo y que lo ubican en diferentes lugares al mismo tiempo?

-Usted también tiene investigaciones sobre los submarinos alemanes en la Argentina al final de la II Guerra Mundial y sobre la red de espionaje nazi en nuestro país. ¿Este nuevo libro continúa por esa senda?

-En realidad este libro trae en su mayoría nuevas historias, diez en total, más que continuaciones de mis investigaciones anteriores. Historias que por diversas razones no había incluido antes en otras publicaciones. De todas formas, especialmente en el caso del espionaje alemán en Argentina, el lector sí va a encontrar ampliaciones y continuaciones sobre algunos temas tratados en mis libros anteriores. Por ejemplo podría citar la historia de la chacra que los nazis compraron en la localidad de General Madariaga.

-Uno de los capítulos lo dedicó a Rudolf Hepe. ¿Quién fue?

-Rudolf Hepe fue un miembro del servicio secreto alemán en Argentina. Era un experimentado capitán mercante hamburgués, eso no es ningún nuevo descubrimiento. Pero hay una historia oculta detrás de eso. Por orden de la embajada del Tercer Reich en nuestro país organizó, casi en soledad y sin ayuda, el desvío de dos remolcadores y una chata anclados en Buenos Aires para rescatar a los marinos del Graf Spee en el puerto de Montevideo. Los cientos de libros que se han escrito sobre el acorazado alemán hundido en el Río de la Plata en 1939 no reconocen la real dimensión del papel que jugó este hombre en aquel transcendental hecho de la guerra naval. En mi trabajo se revela la historia completa y los documentos que permitieron reconstruirla.

-Según su investigación, ¿hubo hechos bélicos que involucraron directamente a la Argentina?

-El Río Tercero y Victoria fueron dos barcos mercantes argentinos que fueron atacados y torpedeados por submarinos alemanes durante la guerra. Si bien nuestro país era neutral, y esos ataques no debieron llevarse a cabo, es posible hoy en día dilucidar las circunstancias en que esos ataques fueron perpetrados, sus consecuencias y las increíbles peripecias que los marinos argentinos debieron afrontar. El atentado al barco de carga ingles Gascony en el puerto de Buenos Aires es un hecho completamente diferente. Este suceso, que investigué durante años, y del que poco se sabía hasta ahora, fue un ataque deliberado y vandálico que agentes saboteadores alemanes llevaron adelante en nuestro propio puerto, contraviniendo todas las normas internacionales sobre amarraderos neutrales. Gracias a archivos como los del diario La Prensa fue posible reconstruir este hecho que causó muertos y heridos y del que todavía en 1945 las autoridades argentinas estaban en la búsqueda de pistas.

-La Armada alemana contó con un argentino que comandó un submarino nazi. ¿Es un hecho que se oculta?

-No es un hecho que se oculte que un argentino comandó uno de los famosos submarinos de Hitler. Tal vez sí sea un hecho que se desconoce bastante. Incluso Heinz Scheringer, así se llamaba el marino nacido en el Barrio de Belgrano, fue bastante exitoso durante los primeros tiempos de la guerra. Logró hundir muchos buques aliados. Además de sus hazañas en la guerra es posible reconstruir algo de su historia familiar también aquí en Argentina. Este es un capítulo del libro especialmente interesante para los amantes de los submarinos, las batallas navales y las aventuras en el frente de combate. Y protagonizado por un argentino.

-Otro de los relatos inéditos que ofrece en su libro fue el hallazgo y recorrida que realizó usted mismo en la localidad bonaerense de Gral. Madariaga por una de las últimas, quizás, estaciones clandestinas de radiotelegrafía que usaron los nazis en nuestro país para tareas de espionaje. ¿Cómo fue esa historia?

-Luego de publicar mi libro Nazis en las sombras, sobre el espionaje alemán en Argentina en la guerra, pude localizar el viejo edificio con exactitud. En 2015 visité el lugar y pude comprobar que es la última estancia del servicio de espionaje que permanece tal cual estaba en 1943 y 1944. Intacta, es un verdadero túnel del tiempo, y las cosas que allí vi son fantásticas. La historia de esa estancia cercana a la localidad de Pinamar son impactantes, una de esas en que la realidad supera a la ficción, y las cuento todas en el libro.

LOS MATERIALES

-¿Qué archivos consultó? ¿Cuál es su evaluación sobre la existencia de material sobre el tema? ¿Es fácil su localización?

-Dependiendo de la historia o el capítulo de que se trate, la fuente de información documental puede variar. El archivo y hemeroteca del diario La Prensa; en el ámbito público destacan el Archivo de la Cámara de Diputados, de Prefectura, el Archivo General de la Nación y del Poder Judicial, entre otros. A lo largo de estos años de trabajo he acumulado un importante archivo documental propio. Los archivos estatales son de dominio público, esto significa que cualquier investigador puede acceder a ellos con el debido permiso de las autoridades. Por eso no lo calificaría como de difícil acceso su consulta. Lo que es difícil es hacer verdadero trabajo de archivo, dedicar horas al tedioso trabajo de procesar documentos y armar el hilo de una historia tal como sucedió. Hoy en día se hacen documentales basados en supuestos testimonios o historias incomprobables que no tienen ninguna basamento real. La responsabilidad del verdadero amante de la historia es respetar los hechos como realmente sucedieron basándose en pruebas concretas.

-¿Por qué, a 80 años del comienzo de la II Guerra Mundial, la relación entre nuestro país y el nazismo continúa despertando tanto interés? ¿Se ha intentado ocultar ese período?

-Sinceramente no creo que se haya intentado ocultarlo. Simplemente tiene que ver con descubrirlo, limpiar el polvo que cubre los viejos archivos y traerlos de vuelta a la superficie. Debemos comprender que la enorme magnitud que tuvo en todo el mundo un evento como el de la Segunda Guerra Mundial. Aun en un país neutral como el nuestro (lo fue hasta casi el final de la guerra) los principales diarios dedicaban sus titulares y primeras páginas en exclusiva al gran conflicto bélico. Basta abrir cualquier ejemplar de La Prensa o Crítica de esos años para comprobarlo. Es algo que parece imposible de extrapolar hasta nuestros días, pero en aquella época todo giraba en torno a la guerra mundial, y Argentina, como cualquier nación importante del mundo, estaba envuelta por el conflicto y muchos aspectos de su vida eran moldeados en este sentido. 

Con respecto a la relación del nazismo con Argentina, es indudable que sigue despertando un interés enorme. Creo que ese fenómeno se basa fundamentalmente en cantidad importante de criminales de guerra que al final de conflicto vinieron a ocultarse aquí. Más allá de exageraciones y modernas deformaciones, es un hecho incontrastable y debidamente documentado.

Pablo S. Otero

El argentino que intentó evitar la Segunda Guerra Mundial a último momento

Esta nota apareció en el diario La Prensa el 29 de agosto de 2019 por el 80 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial.


Eduardo Labougle fue embajador ante la Alemania de Hitler hasta julio de 1939, apenas un par de meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, hace exactamente 80 años.­

Su posición dentro de los círculos de poder más importantes de Berlín era de tal importancia que, a sabiendas de la partida del diplomático argentino, se organizaron múltiples recepciones y agasajos para despedirlo. Habían sido más de siete años de permanencia ininterrumpida.­

Una de aquellas fastuosas reuniones de despedida se celebró nada menos que en la casa particular del Viktor Lutze, que era el jefe de las tropas de asalto SA. Y como la alta consideración por Labougle no era un atributo exclusivo de algunos jerarcas nazis, aquella velada concurrieron a la cita los embajadores más importantes de las potencias occidentales.­

Era la noche del 28 de junio de 1939. Checoslovaquia había sido desmembrada y Europa era un enorme polvorín a punto de estallar. Los blindados alemanes amenazaban con arrasar a Polonia si esta no cedía a las exigencias de Hitler.­

FUENTE
Pasada la medianoche, Labougle y su esposa decidieron retirarse. El embajador de Francia, Robert Coloundre, aprovechó el movimiento y se dispuso a abandonar la casa de Lutze, uniéndose al argentino en la retirada. Cuando ambos representantes se acercaron al anfitrión para anunciar su partida, éste pidió al argentino encarecidamente que permanecieran un rato más en su casa, como grandes amigos que eran, pues era la última vez que estaba allí.­

Así se formó un pequeño cónclave en el vestíbulo de la gran mansión, integrado por personalidades de ambas facciones de naciones en pugna. A continuación vino lo más trascendental de la noche. En momentos en que Francia vislumbraba como muy posible ingresar prontamente en una sangrienta guerra con la poderosa Alemania nazi, Lutze se despachó con la siguiente frase:­

"Con hombres como Labougle, francos, sinceramente cordial y comprensivo, sin esas sutilezas de la diplomacia, se puede discutir cara a cara cualquier asunto". Ante la muy atente mirada de Coulondre, Lutze prosiguió: "Es necesario sentarse frente a frente, hablar virilmente y verá que todo se arreglará. Yo hablo como ex combatiente en el frente durante la guerra pasada".­

"Yo también soy ex combatiente", replicó Coulondre, pálidamente sorprendido por las exteriorizaciones de Lutze, intuyendo de inmediato que aquel informal y premeditado cónclave estaba hábilmente destinado a abrir un canal de comunicación entre Alemania y las potencias occidentales que permitiera, tal vez, evitar lo que se vislumbraba ya como inevitable.­

"Tanto mejor", fue la réplica de Lutze, siempre bajo la atenta mirada del embajador de Argentina. Y mirando firmemente al embajador de Francia agregó: "Nosotros podemos hablar como ex combatientes; y todo se puede arreglar; nadie quiere la guerra, hay que dejar las formas diplomáticas, hay que hablar humanamente, de hombre a hombre. Venga a verme cuando quiera; ya hablaremos". "Esto no quiere decir que si estallase la guerra no sería yo de los primeros en partir; pero yo sé lo que es sufrir, yo he pasado miserias; no teníamos casi que comer".­

Couloundre y su gobierno dudaban terriblemente. Por un lado no deseaban negociar con un gobierno, el nazi, que había dado sobradas muestras de no respetar acuerdos anteriores. Pero a su vez temían profundamente a una guerra brutal y sangrienta que se llevaría miles de vidas jóvenes.­

El embajador de Francia decidió recurrir al hombre que parado junto a él había participado de aquella charla informal que aun podía dar esperanza al mantenimiento de la paz en Europa: el argentino Eduardo Labougle.­

Temprano a la mañana siguiente, 29 de junio, tres días antes de la partida del diplomático, sonó el teléfono de la Embajada de Argentina. Un conmovido Coulondre pedía ver de inmediato a su par sudamericano en audiencia privada.­

Allí estaba el embajador de Argentina, a tres días de abandonar su puesto, sentado frente al representante de una de las potencias occidentales que se proponía hacer la guerra a la Alemania nazi apenas Hitler lanzara sus garras sobre Polonia, con su alta estima y categoría dentro del círculo diplomático incólume. Coulondre pedía sin rodeos a Labougle su opinión sobre si Francia debería o no tomar seriamente la propuesta dialoguista de Lutze; y si en caso de hacerlo esto no sería visto como un acto de debilidad.­

El embajador argentino no compartía los temores de su par galo; o tal vez albergaba peores con respecto a la amenaza sangrienta que amenazaba el continente todo. Lo cierto es que instó a Coulondre a que aceptara el salvoconducto.­

Mientras Francia dudaba, este asunto llegó a oídos de importantes diplomáticos de otras naciones, que se hallaban hondamente alarmados por una carrera que solo conducía a la guerra. Esa misma tarde llegaron al despacho de Labougle el embajador de Bélgica y el ministro representante de Holanda. Ambas naciones se habían dado cuenta de la trascendental charla de la noche anterior entre Coulondre, Lutze y Labougle. Presas del desvelo que les producía la perspectiva de una cruenta contienda, insistieron en que se trataba de una ocasión inmejorable para evitar el desastre que no debía dejarse pasar.­

Labougle jugó sus cartas a favor de aquella propuesta que se presentaba a último momento para desarticular el reloj de la bomba que se había montado sobre Europa. Sin embargo Coulondre siguió dudando; Francia toda siguió dudando, apagando esa tenue luz de esperanza encendida aquella noche en casa de Lutze y avivada por el embajador de Argentina.­

Poco semanas después, el 1 de septiembre de 1939 el mundo cambiada para siempre. Hitler invadía Polonia y estallaba la Segunda Guerra Mundial. No morirían miles sino millones.­


A 80 año del hundimiento del Athenia

El torpedeamiento del Athenia fue el primero de la Segunda Guerra Mundial, horas después de la declaración de guerra de las potencias occidentales. A continuación la historia:



Son las 20 horas del 3 de septiembre de 1939. Hace instantes que Gran Bretaña y Francia han declarado la guerra a la Alemania nazi. El submarino alemán U-30 navega silencioso a 200 millas al oeste de las islas Hébridas. La niebla es muy espesa; por más esfuerzo que hagan los vigías en la torre no logran penetrarla.

El comandante Lemp está en la torre junto al primer oficial, sus ojos están más entrenados que los de sus mejores marineros…

De pronto una enorme masa grisácea comienza a recortarse en la bruma. Como un fantasma que emerge desde la nada un enorme barco viene hacia ellos. Tiene las luces apagadas y navega en zigzag, una táctica empleada desde la gran guerra para dificultar el lanzamiento de torpedos. Todos se agitan en la cubierta. Lemp cree que la suerte le sonríe; es el primer día de la guerra y piensa que un enorme crucero auxiliar inglés se presenta alegremente ante sus tubos de torpedos. “¡Alarma de combate! ¡Sumergirse!”

En solo un momento el comandante está frente el periscopio. El gran vapor está en el centro de su mira y comienzan los cálculos de distancia, velocidad y rumbo del enemigo. Los datos son ingresados al complejo calculador mecánico que da la “solución de tiro” en forma automática. Un innovador sistema envía esos datos a los torpedos en forma instantánea. Algo impensado pocos años antes. La misma operación se repite varias veces en pocos minutos.

“¡Fuego!” Un leve vaivén indica que tres proyectiles han dejado la nave. El ingeniero trabaja denodadamente para compensar con lastre el peso perdido y de esa forma mantener la nave a una profundidad constante. Se oye una única y estremecedora explosión. Solo uno de los torpedos ha funcionado, un problema recurrente para los alemanes en los inicios del conflicto.

El U-30 emerge de inmediato. El comandante de un salto sale a la torre y toma sus prismáticos. La niebla ha cedido bastante y los rayos mortecinos de la luna iluminan un barco gigantesco que se hunde de popa en las aguas gélidas del norte. En ese momento el radiotelegrafista de a bordo capta una señal estremecedora. Es el llamado de auxilio de la presa del sumergible alemán. Abrumado, el marinero informa al oficial que han atacado al barco de pasajeros inglés “SS Athenia”, de 13.500 toneladas de desplazamiento. El comandante Lemp siente que sus piernas le flaquean ¿¡Qué es lo que ha hecho!? Ha desobedecido la orden expresa de no atacar barcos de línea.

El Athenia era uno de aquellos lujosos transatlánticos que marcaron una época. Pertenecía a la Donaldson Atlantic Line Ltd. Mientras los tanques de Hitler violaban la frontera polaca el 1 de septiembre y daban comienzo a la Segunda Guerra Mundial, el barco de pasajeros se encontraba embarcando pasajeros canadienses y americanos en Glasgow. El hecho de que muchos pasajeros estadounidenses viajaran a bordo esa fatídica noche, algo que el capitán del U-30 desconocía, agravaba considerablemente el incidente.

Ciento doce personas perdieron la vida en el hundimiento, entre ellas sesenta y nueve mujeres y dieciséis niños. Era el primer torpedeamiento de la guerra y los fantasmas del “Lusitania”, un caso similar de 1915 que casi hace ingresar a Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, amenazaban con resurgir desde el pasado.

Lemp, aterrado, decidió no informar por radio de su error. Simplemente sumergió su nave y se largó de allí. Esta actitud enrareció todavía más la serie de versiones que comenzaron a rodear el desastre naval. Mientras Estados Unidos y Gran Bretaña denunciaban el vandálico hundimiento, la Marina de Guerra de Alemania comunicaba a Hitler que ellos nada tenían que ver con ese hecho.


Mientras tanto, el 27 de septiembre, el U-30 retornó a puerto y su comandante no tuvo más remedio que reconocer los que había hecho. A esa altura de los acontecimientos, los alemanes no tuvieron otra opción que mantener todo en un absoluto secreto, y así siguieron negando su responsabilidad en el hundimiento. Incluso ordenaron suprimir el libro de navegación del submarino para borrar toda prueba. Lemp, por su parte, no fue sometido a una corte marcial.

El 22 de octubre, el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels informó a la prensa que el hundimiento del “Athenia” había sido ordenado por los mismos ingleses, es decir por Winston Churchill en persona. Según el macabro personaje, los perpetradores británicos buscaban crear un incidente entre Estados Unidos y Alemania para que los americanos ingresaran en la guerra. “Miente y miente que algo queda”.

Conferencia sobre embajador Eduardo Labougle en la Alemania nazi

A 80 años del estallido de la Segunda Guerra Mundial

Estimados amigos y lectores. El miércoles 4 de septiembre participé del encuentro "II jornada el Holocausto, miradas y experiencias argentinas".
Mi ponencia sobre Eduardo Labougle en la Alemania nazi fue a las 14 hs. Debajo les dejo el audio.
Organizó: FiloCyT: “Miradas, experiencias y posturas argentinas frente al Tercer Reich, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto”, Instituto de Historia de España, FFyL, UBA.





Organiza: FiloCyT: “Miradas, experiencias y posturas argentinas frente al Tercer Reich, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto”, Instituto de Historia de España, FFyL, UBA.

9 hs: Acreditaciones
9.15 hs: Palabras de apertura. Lic. Bruno Garbari, Museo del Holocausto de Buenos Aires.
9.30 hs. Mesa 1: El Tercer Reich: formas de persecución política y racial, prácticas de guerra y genocidio. Coordina: Med y Lic. Judit Arcusin (FMED y FFYL, UBA).
Dr. Marcelo Rolando Blanco (Facultad de Derecho, UBA)
“Persecución racial y política a través de la Justicia y el Derecho”
Dr. Franco Marcelo Fiumara (Juez en lo Criminal - UNLaM)
“De la guerra total al genocidio”
Bruno Garbari (Museo del Holocausto de Buenos Aires)
“El Tercer Reich y el concepto de guerra de aniquilación en Europa Oriental”
Mariano Basso, FFYL, UBA
“El Programa T4 como antesala del Holocausto”
Lic. Carolina Soledad Perelló (IHE, FFYL, UBA)
“El programa Lebensborn y la sustracción ilegal de niños desde la mirada de las víctimas”
11.30 hs. Mesa 2: Museos, archivos y fondos locales para la investigación del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. Coordina: Arch. Marina Mattina (IHE, FFYL, UBA).
Mg. Silvia Hansman (Fundación IWO – IAE, UBA)
“Nuevos archivos y colecciones para el estudio del Holocausto en Latinoamérica”
Romina Zárate (FFYL, UBA)
“Archivos, fondos documentales y fuentes para la investigación del Holocausto en Argentina”
Lic. Alba Laura Lombardi (Archivo Histórico de Cancillería) y Prof. Laura Assali (Archivo Histórico de Cancillería)
“La administración de la Propiedad Enemiga: Alcances de la documentación del Archivo de la Cancillería argentina”
Mg. Eliana Hamra (Museo del Holocausto de Buenos Aires)
“Lo humano se encuentra con la tecnología: presentación del proyecto Dimensions in Testimony”
14 hs. Mesa 3: Diplomacia, neutralidad y beligerancia. 1933 - 1945.
Coordina: Prof. Alejandra Peris (IHE, FFYL, UBA).
Lic. Julio Mutti (Investigador independiente)
“Eduardo Labougle. Actuación en Alemania 1932-1939”
Prof. María Eugenia Druetta (FFYL, UBA)
“Diplomacia y censura. Las relaciones entre el Tercer Reich, los Estados Unidos y la Argentina a través del cine”
Prof. Andrea Fernanda Albarracín (IHE, FFYL, UBA)
“Neutralidad y política interna frente a un caso de detención de ciudadanos argentinos en zona ocupada, 1941”
Lic. Victor Manuel Lafuente (Bundesstiftung Aufarbeitung der SED-Diktatur - Escuela de Graduados a.r.t.e.s., Universidad de Colonia)
“Alemania Oriental y la liquidación de la propiedad enemiga”
15.15 hs. Mesa 4: Memoria y representación del Holocausto entre inmigrantes, residentes extranjeros, refugiados y exiliados en Argentina. Coordina: Mg. Yaacov Rubel (investigador asociado CERES, Seminario Rabínico Latinoamericano).
Lic. Ariel Raber (UTDT)
“¿Qué se sabía? El Holocausto en la prensa judía argentina”
Dr. Germán Friedmann (IHAYA, UBA - CONICET)
“El antisemitismo del Tercer Reich en la prensa en idioma alemán de la Argentina”
Lorena Herszman (IHE, FFYL, UBA)
“Relatos de la destrucción narrados en Argentina: un análisis comparativo de yizker bikher”.
16.30 hs. Mesa 5: Argentina y argentinos en la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.
Coordina: Dra. Silvia Glocer (IAE, FFYL, UBA).
Catalina Morresi (IHE, FFYL, UBA)
“La aplicación de políticas antijudías en Milán. Un estudio preliminar a la luz de la experiencia de un ciudadano argentino”
Mg. Marcia Ras (IHAM e IHE, FFyL, UBA)
“Israel Hecht. El periplo de un „indeseable‟ argentino en el Tercer Reich”
Arch. Marina Mattina (IHE, FFyL, UBA).
“Detrás de las huellas de ciudadanos argentinos en los Países Bajos durante el Holocausto”
Sergio Maximiliano Vilacha (IHE, FFYL, UBA)
“La participación de Carlos Fuldner en la llegada de criminales de guerra a la Argentina”
18 hs: Palabras de cierre. Dr. Mariano Rodríguez Otero (cátedra de Historia Contemporánea, cursada de verano y primer cuatrimestre, FFyL -IHE, UBA)

Deuda externa y nazis

Lamentablemente el tema “deuda externa” está a flor de piel por estos días (una vez más y van…) 

También se puede hacer un poco de historia con esto. 

El tema de los nazis y su real poderío económico en Argentina ha sido tema de debate alguna vez. ¿Qué tan real era entonces? Muy real. 
Pero este proceso comenzó mucho antes de Hitler, es decir inmediatamente después de la unificación de Alemania y su victoria en la guerra de 1870. Así lo marcan las estadísticas. 


Debemos separar las inversiones, empréstitos, sociedades anónimas y el comercio exterior. Lejos estuvieron de mermar las inversiones y las sociedades anónimas germanas durante el impase de la gran guerra de 1914. Esto se debe a que las aproximadamente doscientas sociedades alemanas reinvirtieron sus ganancias en el mismo país en lugar de girar las remesas. Esto produjo que se convirtiera, el país teutón, en la tercera potencia económica externa en Argentina, detrás de Inglaterra y EE.UU., a pesar de haber llegado tarde al “concierto del capital”. El comercio exterior y los empréstitos, por cuestiones lógicas de la guerra, descendieron bruscamente; pero en la década del veinte resurgieron con gran impulso. 

El dato curioso de hoy es que en 1936, ya con los capitales germanos totalmente controlados por los nazis, la Municipalidad de la Matanza tomó deuda por valor de 1.200.000 m$n (como podemos ver en el cuadro de más abajo) del Banco Germánico de la América del Sud, para pago de deuda flotante y la realización de obras públicas. Las obras públicas luego eran otorgadas a empresas constructoras alemanas, con lo cual el dinero regresaba a las arcas nazis… 


Hay enorme cantidad de datos que emanan de la pluma de Luis V. Sommi, quien en los años treinta y cuarenta investigó el fenómeno de las inversiones alemanas como nunca nadie lo ha hecho. Actualmente estoy desglosando su trabajo, y de él surgen estos datos. Sommi era comunista, pero créanme que sus investigaciones sobre el capital alemán arrojan una cantidad de datos objetivos de una calidad asombrosa, además están muy bien documentadas sus fuentes.

ESTADO DE LOS EMPRESTITOS ARGENTINOS COLOCADOS EN LA ALEMANIA NAZI (1938)
Contraído por
Objetivo
Año
Extinción
Pagadero
Monto
Rescatado
En circulación en 1938
Nación Argentina
Unificación y conversión de la deuda
1896  y1897
1954
Londres: Barny Brothers Berlín: Deutsche Bank
 £ 6.746.031
 £4.041.120
 £2.704.911
Provincia de Buenos Aires
Obras desagües
1908
1949
Londres: Erlanz. Paris: C.M. Francais. Berlin: Darmstadter und N. Bank
 £ 1.500.000
 £   726.320
 £ 773.680
Nación Argentina
Ferrocarril Nord Este.
1906  y1909
1964
Landres Paris Berlin.
 £ 818.101
 £  311.601
 £ 506.500
Municipalidad de Buenos Aires
Construcción de casas para obreros
1908
1944
Berlín: Deutsche Bank y Discount G. Banco Ventral Bs As
 £  2.000.000
 £1.214.400
 £ 785.60
Nación Argentina
F. C. Nord –Este Argentino.Unificación S. C. C. de Paraguay
1910
1967
Londres: Barny Brtothers. Bs As. Paris. Berlin
 £ 411.957
 £ 145.220
 £ 266.737
Provincia de Buenos Aires
Capital banco de la provincia
1910
1944
Berlin: Dresdner y D. und N. Bank. Basilea y Paris
 £ 2.000.000
 £   754.200
 £1.245.800
Municipalidad de Buenos Aires
Const. red. Norte y Sud.
1913 y 1914
1950
Londres: Barny Brothers
Berlín: Deutsche Bank, Disconto y Nord. Bank
 £ 4.960.300
 £       2.824.240
 £     2.136.660
Municipalidad de La Matanza
Pago de deuda flotante y obras públicas
1936
1958
Banco Germánico de la Amércia del Sud
 $   1.200.000
 $                           -  
 $      1.200.000
Totales
 £16.436.389
 £8.802.701
 £ 7.634.288
 $ 3.200.000
 $ 1.214.400
 $ 1.985.600