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Ochenta aniversario de la Batalla del Río de la Ptata

Nota publicada en el diario La Prensa por el 80° aniversario del hundimiento del Graf Spee y la Batalla del Río de la Plata. Escrita por Julio B. Mutti. Prohibida su reproducción sin autorización. 


Cuando el conde almirante Maximilian von Spee, comandante de la Escuadra del Pacífico de la Flota Imperial del Káiser, levó anclas en agosto de 1914 con dirección a la costa oste de Chile, jamás imaginó que su vida y su apellido estarían ligados por siempre al extremo más austral del continente americano. Von Spee y casi la totalidad de su escuadra yacen hoy en el helado Mar Argentino que circunda nuestras Islas Malvinas, ya que allí encontró la muerte el 8 de diciembre de 1914 en la primera gran batalla naval de la gran guerra. El crucero Scharnhorst, buque insignia del comandante Graf Spee fue hallado hace poco tiempo por el mismo buque que encontró al malogrado ARA San Juan.

Ya en los años treinta, con lo nazis en el poder, Alemania intentó recuperar algo de la pasada gloria de la vieja Armada Imperial. En 1934, una serie de pequeños acorazados (en realidad eran cruceros pesados con cañones de 280 mm.) fueron botados por la remozada Kriegsmarine. Uno de estos modernos barcos de guerra recibió el nombre del viejo héroe, Admiral Graf Spee, y cuando se lo botó, el 30 de junio del mencionado año, la hija del oficial imperial estuvo presente. Claro que ese día nadie imaginó que años más tarde, el barco que llevaba el nombre del conde Spee encontraría su tumba en el mismo lejano rincón sudamericano. Vaya coincidencia del destino.

RUMBO AL ATLANTICO SUR
Apenas diez días antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, el 21 de agosto de 1939, el Admiral Graf Spee zarpó de Wilhelmshaven con rumbo al Atlántico Sur. La guerra era inevitable y Hitler había ordenado que sus corsarios de superficie estuvieran listos para atacar las rutas comerciales británicas.
El capitán Langsdorff, comandante del Spee, fue muy exitoso en la tarea que se le encomendó. Logró sembrar el terror en las rutas de del Atlántico Sur y también en el Indico, capturando y hundiendo nueve barcos mercantes enemigos.

A todo esto, era claro que los británicos debían responder de alguna manera. Conformaron una fuerza de tareas dedicada a dar caza al molesto corsario y la enviaron al Atlántico sur. El 2 de diciembre de 1939, el mercante de 10.000 toneladas "Doric Star" emitió una señal de socorro al ser hundido por el Graf Spee, lo que dio al comodoro Harwood, líder de la fuerza británica, una idea de la posición del crucero alemán. El marino inglés dedujo que el estuario del Río de la Plata podría ser el destino del capitán Langsdorff, y no se equivocó.

Historia de las fugas de oficiales, suboficiales
y marineros del Graf Spee. Descarga 
EL GRAN CHOQUE
La mañana del 13 de diciembre, no muy lejos de Punta del Este, se produjo el gran choque. El crucero Exeter, con Harwood a bordo y dos cruceros más pequeños, el Ajax y el Achilles, fueron avistados a las 5:30 hs por los vigías alemanes. Si bien los británicos contaban con tres embarcaciones, el poder de fuego favorecía a los alemanes. Los caños de 280 mm. eran temibles, mientras que las armas más grandes del Exeter eran de 203 mm. El Graf Spee castigó duramente al Exeter, le provocó muy serias averías y 61 muertos. Los más pequeños Ajax y Achiller se dirigieron a toda máquina hacia el corsario alemán, para aliviar a la nave de Harwood del castigo. En una decisión que no está todavía clara y que ha sido muchas veces censurada, Langsdorff, en lugar de enfrentar a los oponentes más débiles que seguían disparando, echó una cortina de humo y viró en dirección al Río de la Plata. Se dice que el capitán tuvo miedo de un ataque con torpedos de los cruceros ligeros.

Así fue que con algunos daños menores provocados por muchos impactos, 36 muertos y 60 heridos, el Graf Spee entró en la rada de Montevideo.
Lo que siguió después fue la continuación del combate por otros medios: La diplomacia y el espionaje. Uruguay fue rápidamente presionado por Gran Bretaña; apenas se otorgó a Langsdorff 72 horas para realizar las reparaciones, un par de ellas muy necesarias. Si excedía ese tiempo sería internado en una nación muy cercana a los intereses ingleses. Los servicios de inteligencia enemigos se pusieron en marcha para convencer a Langsdorff de que estaba rodeado por numerosas fuerzas enemigas que se estaban concentrando fuera del Río de la Plata, lo que no era cierto en absoluto.

HACIA BUENOS AIRES
En Berlín se decidió dejar a criterio del comandante los pasos a seguir. En la otra orilla del Río de la Plata, los servicios de inteligencia también comenzaron a mover sus hilos. Desde la embajada del Tercer Reich se ordenó al espía portuario Rudolf Hepe, empleado en una firma naviera, tomar dos remolcadores y dirigirse clandestinamente hacia Montevideo. Así fue que el 17 de diciembre, mientras una multitud se agolpaba en el puerto de Montevideo, deseosa de ver un combate naval que nunca se produciría, Langsdorff condujo su nave hasta las inmediaciones de las aguas que dividen Uruguay y Argentina y la voló con explosivos. En las inmediaciones aguardaba el mencionado agente Hepe que con dos remolcadores y una chata para conducir a todo la tripulación, 1.055 hombres, hacia Buenos Aires.


Las perspectivas de ser internados en Argentina eran mucho más alentadoras. Pronto casi la totalidad de los oficiales, muy requeridos para continuar la guerra en Europa, lograron evadirse de del cautiverio gracias a la laxa vigilancia argentina. Para ello contaron con la ayuda de las florecientes redes de espionaje nazis. Langsdorff se quitó la vida el 20 de diciembre y la marinería fue internada en diferentes provincias. El mítico Graf Spee ardió por días. Hoy es una leyenda que está enterrada en el fondo barroso del lecho rioplatense desde hace exactamente ochenta años. Algunas de sus partes, como el telémetro o algún cañón de calibre menor, se exhiben en las inmediaciones del Puerto de Montevideo. El águila de popa, rescatada en 2006, con su gran esvástica de bronce, sigue siendo motivo de grandes controversias en el Uruguay.


Un refugio de espías nazis descubierto en Santa Fe

Este artículo, escrito por el autor de este blog, se publicó en el diario La Prensa el 05/12/19
Prohibida su reproducción sin autorización previa. Para conocer la historia completa del espionaje alemán en Argentina durante la Segunda Guerra Mundial ver "Nazis en las sombras", editado en 2015.


El infinito campo argentino tiene miles de historias por ser descubiertas. Algunas van saliendo a la luz casi por casualidad, otras vivirán en el olvido para siempre ¿Quién podría pensar que esconde también viejas historias de espías nazis acechando en las sombras?

Por la ruta provincial Nº 2, apenas pasando el espejo de agua llamado laguna "La Verde", donde algunos flamencos silvestres remojan sus interminables patas, se llega a un caserío que se denomina "Las Avispas". Un viejo camino de tierra sobre la margen derecha de la ruta lleva hasta el viejo establecimiento agro ganadero, propiedad en el pasado de la familia Kusters, uno de los clanes de granjeros alemanes establecidos allí durante los comienzos del Siglo XX.

Uno de los primeros colonos alemanes en instalarse en "Las Avispas" fue Walter Junkers, quien compró parte del loteo de un establecimiento llamado "El Simbol" en el año 1930. Allí se dedicó exitosamente a explotar las ricas tierras argentinas. Luego le siguió Carlos Kusters, un ex capataz "La Fidelidad", una estancia de la "Bunge & Born", quien fue persuadido por su amigo Junkers de adquirir otra porción del lucrativo loteo de "El Simbol". Con el sudor y sacrificio de largos años de trabajo y un generoso préstamo del Banco Hipotecario, Kusters pudo finalmente comprar su campo en el año 1937. Pronto lo dotó con 650 cabezas de ganado vacuno, 200 de lanar y 100 de caballar. Una inversión total de $150.000.- pesos.
Fue por esos años que un misterioso corredor de la empresa "Otto Deutz" comenzó a frecuentar los campos de los alemanes. Se trataba de un joven hamburgués llamado Hans Harnisch, quien años más tarde se convertiría en un próspero empresario y un engranaje clave del espionaje nazi en Argentina durante la Segunda Guerra Mundial.

La estancia hoy

MOMENTO CLAVE
Cuenta la historia que entre mediados de los años treinta y comienzos de 1943, los colonos radicados en Santa Fe perdieron el contacto con Harnisch, pero el reencuentro llegaría en un momento clave y bajo circunstancias bastante tristes, por cierto. La esposa Kusters estaba mortalmente enferma para comienzos de ese año, con lo cual el matrimonio debió trasladarse hasta el Hospital Alemán de Buenos Aires. La señora Kusters finalmente murió en el mes de febrero. Angustiado por la mala situación económica en que había quedado por los gastos originados en la enfermedad de su difunta esposa, el colono alemán decidió recurrir a su viejo amigo y compatriota, Hans Harnisch, quien ya no era un inofensivo corredor de maquinaria agrícola.

Harnisch era ahora gerente de la empresa "Böker", y además uno de los líderes de la Red Bolivar, organización de espionaje nazi liderada por el legendario espía Siegfried Becker. Harnisch, en el momento de ser contactado por Kusters, estaba encargado de adquirir propiedades en el interior de Argentina, en lugares apartados que le permitieran a los espías alemanes montar estaciones clandestinas de radiotelegrafía, para de esa manera transmitir tranquilamente sus informes secretos hacia el Tercer Reich. Así que ante el pedido de socorro financiero por parte de su compatriota Kusters, el próspero empresario vio la oportunidad de explotar el campo "El Simbol", perdido en medio de Santa Fe, como un refugio de la organización de espionaje y estación clandestina. Harnisch ofreció a Kusters un crédito muy blando, de $30.000.- pesos a una benévola tasa del 3% anual. A cambio, Kusters debía poner a disposición del servicio de información germano su chacra enclavada en el medio de la inmensidad del interior argentino.

En una reunión consumada en la afamada confitería "El Molino", la misma que se yergue frente al Congreso, Kusters aceptó sin más la propuesta de Harnisch. El gerente de "Böker" rápidamente entregó el préstamo, materializado con el dinero del SD (servicio exterior de las temidas SS de Himmler), y organizó sin perder tiempo un encuentro entre Wolf Franczok (ingeniero jefe de los equipos de radiotelegrafía) y Carlos Kusters.

Apenas diez días después de sellar el acuerdo, Harnisch y Franczok se montaron en el Mercury del primero y se dirigieron a Santa Fe para una primera visita de reconocimiento. Unos días más tarde se sumó Max Frankenberger, el albañil del equipo de espías alemanes, quien fue el encargado de construir una nueva habitación en el viejo casco de la estancia que simularía ser un cuarto de huéspedes. En realidad estaba destinada a los aparatos de radiotelegrafía y a diversos equipos del ingeniero Franczok. Los alemanes construyeron un armario especial, con "doble fondo" que daba hacia una cavidad oculta, para esconder todo tipo de elementos técnicos, documentos, cámaras fotográficas y también algún arma ¡Casi como salido de una película de James Bond!.

Entre abril y mayo de 1943, Franczok volvió a Santa Fe para instalar los radiotelégrafos, el molino generador de energía y los acumuladores. Así quedó montada la nueva radioestación de los espías de Hitler en Argentina, que se sumaba a otras en lugares tan alejados como Tandil o General Madariaga. Lograría sobrevivir hasta la segunda mitad de 1944, cuando Coordinación Federal allanó "El Simbol" y se llevó detenido al pobre Kusters. Lo esperaba una buena temporada tras las rejas.

AJENO AL PASO DEL TIEMPO
Aunque sea difícil de creer, el casco de la estancia "El Simbol" permanece hoy ajeno al paso del tiempo. Es como si se negara a aceptar que la Alemania de Hitler perdió la guerra hace casi setenta y cinco años. Ahí están todavía el falso cuarto de huéspedes construido por Frankenberger, el recinto secreto para los equipos técnicos y hasta el viejo placard de madera puesto por los mismos espías del Führer.

Rafael Marengo es el actual dueño del campo; a él le debemos la posibilidad de poder introducirnos todavía en este increíble túnel del tiempo. El relato se lo debemos a los muy bien conversados archivos del Segundo Sumario de espionaje alemán, resguardados en los Archivos del Poder Judicial de la Nación.

Prontuario de Kusters: AHCDN

La batalla naval del siglo


No tengo temor de equivocarme si digo que la legendaria batalla de Jutlandia (del Skagerrak para los alemanes; entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1916) no solo fue la batalla naval más grande del siglo XX, sino la más grande la historia de las guerras navales. Usted pensará en Trafalgar, tal vez, pero eso fue un asunto de barcos de madera. En Jutlandia chocaron una cantidad de acorazados y cruceros de batalla, con sus aterradores cañones de 30 a 38 cm., que jamás se había visto y nunca se volverá a ver reunidos en una pequeña porción de océano.
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Dependiendo de la fuente de consulta uno puede encontrar diferentes versiones, especialmente a lo que al desenlace de la batalla se refiere, se puede concluir en una victoria de uno o de otro lado. Para los alemanes se trató de una clara victoria, y así lo podemos concluir de las bajas materiales y humanas de cada lado. Para los británicos, se trató de una clara victoria estratégica debido a que se logró mantener la superioridad numérica de la Gran Flota sobre la Flota de Alta Mar de Alemania. Luego de estudiar detalladamente los libros de memorias del Almirante Jellicoe, por el lado inglés y del Almirante Scheer, comandante alemán, podemos concluir que ambas cosas son ciertas. Los alemanes se llevaron una gran victoria táctica, demostrando su superioridad en eficiencia y control de tiro y en las medidas de seguridad de sus cartuchos de cordita; mientras que los ingleses, que no pudieron explotar su mayor calibre y velocidad de los cruceros de batalla, al mando del almirante Beatty, mantuvieron el “status quo” de superioridad en el Mar del Norte, lo que les dio la victoria estratégica.    

Sobre el desarrollo de la batalla, recomiendo recurrir a las fuentes originales de información para un estudio pormenorizado, serio y profesional de los dos almirantes, enfrentados entre sí, ya que ellos condujeron las dos flotas enfrentadas en choque naval más grande de la historia.


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Fuerzas en combate:
Gran Flota
• 28 acorazados
• 9 cruceros de batalla
• 8 cruceros acorazados
• 26 cruceros ligeros
• 78 destructores
• 1 barco minador
• 1 portahidroaviones  





Flota de Alta Mar de Alemania:
99 buques
• 16 acorazados
• 5 cruceros de batalla
• 6 pre-dreadnoughts
• 11 cruceros ligeros
• 61 torpederos

Fuente de la imagen: Wikipedia